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Agosto 18, 2026

Y Dios no salvó a la reina

 Fue catarsis para algunos, un buen show de rock para todos, sin duda. Pero con gusto a poco… Algo que no dista de otras experiencias recauchadas que nos tocó ver en suelo chileno. ¿Será que no somos mercado? Definitivamente creo que cada día pagamos el precio al tardío despertar en el mundo de los conciertos en vivo.

Nadie podría sostener que el brillante show de anoche en San Carlos de Apoquindo estuvo en concordancia con lo esperado. Repaso de hits, comunión absoluta de fans y banda, oasis de peregrinación a sonidos estancados en el tiempo… Y quizás lo más consabido por cada uno de los asistentes al recital. Una verdad indisoluble. El mito de Queen le queda grande incluso a los mismísimos Queen.

De más está socavar en la inútil comparación entre los registros vocales y escénicos de un Freddy Mercury inigualable con la débil conexión que consigue Paul Rodgers como “frontman parche”. No es la idea. Sigo creyendo que el único tributo en gira más o menos ceñido a la maqueta original fue el que nos regaló Creedence Clearwater Revisited hace más de una década. De ahí, sólo hemos visto intentos que remarcan la falencia.

Cuando hablo del espacio sin llenar por estas luminarias humanas transformadas en leyendas vivientes de la música voy un poco más allá. No puede haber un sólo seguidor de los británicos que no añorase oír al propio Bryan May bajando la intensidad y disparando la adrenalina atascada en la víspera de tantos años con los acordes de “Who Wants To Live Forever?”. Ni siquiera valdría la pena extrañar la sobrecogedora majestuosidad de “Innuendo” o el jugueteo marchante al ritmo de “Bicycle Rider”. Era mucho pedir.

Hubo momentos altos. “The Show Must Go On” es una señal latente de la realidad de esta nueva formación, con “Love Of My Life” se respiró el espíritu de Mercury en el recinto y luego de encasillar la memoria emotiva en un hoy y ahora con las clásicas “I Want To Break Free” , “A Kind Of Magic”, “Crazy Little Thing Call Love” o “Bohemian Rapsody” se logró el esperado puente con el público, el que deliró sin reparos al son de “Radio Ga Ga” “We Will Rock You” y “We Are The Champions”.

Lo demás era esperable y ya no seduce ni espanta. Banderas chilenas, algo de “spanglish” pintoresco y risible, la imagen del líder natural en pantallas gigantes y canciones -las de la nueva aventura llamada “The Cosmos Rocks”- para bajar la temperatura de una jornada que no pedía altibajos. Pero los tuvo.

Si usted tiene la oportunidad de ver a “Dios Salve a La Reina”, la más vanagloriada banda tributo –de las muchas que lucran con el legado de Queen- hágalo y le prometo que, en el peor de los casos, sentirá la misma cercanía que se empapeló a ratos con esta pintura fresca etiquetada en el Londres de los últimos años.

Es cierto, May y Roger Taylor pagaron una deuda pactada por décadas. Y sirvió para reconocernos. Estuvimos tan cerca y a la vez, tan lejos de los inmortales ecos sonoros de Queen.

No quedan dudan. Hay historias que definitivamente se escribieron para quedar inamovibles en el baúl de los recuerdos…