Una línea de apoyo importante para ellos, sería la de reinstalar las antiguas “huertas caseras”, es decir, la preparación de unos 1.000 a 2.000 o más metros cuadrados de tierra donde se siembran todo tipo de hortalizas y frutales.
En efecto, lechugas, tomates, papas, porotos, frutillas, acelgas, repollos y muchos otros, que abastecen la demanda de alimentos de la familia que vive en ese predio. Las experiencias han demostrado que con 2.500 metros cuadrados de superficie se producen alimentos para dos adultos y dos infantes durante todo el año. Aún más, si se agregan algunas gallinas, se logra también la proteína animal, tan importante para la dieta del chileno.
Un programa como este, logra tres beneficios muy importantes para las familias más modestas. Primero, abastecer la cocina de la propia casa a costos muy interiores a los que suelen pagarse en los mercados locales. Segundo, con más de 5.000 metros cuadrados alcanzaría para abastecer a los familiares del miniagricultor, el que si los vende a precios razonables, también podría generar un pequeño ingreso y tercero, que trabajando la tierra se ocupa la cabeza en algo positivo y así, sobre todo los jóvenes, no tienen tiempo de vagar o, peor, caer en hábitos poco sanos.
Aún más, si algunos productos cosechados en esta huerta, se procesan artesanalmente, los alimentos se conservan por mucho más tiempo y los beneficios aumentan.
El excesivo consumismo de este país nos ha quitado a muchos nuestras capacidades autovalentes.
Hugo Ortega T.
Director
Escuela de Ingeniería en Agronegocios
