“Nada nuevo hay bajo el sol” pareciera ser la consigna. El televidente promedio chileno ya ha visto prácticamente todo en la televisión: sexo, drogas, moralinas, violaciones y machismo a raudales. De ahí que los dirigentes de los diversos programas han debido extender aún más los límites de la fealdad, el masoquismo y la mala conciencia, pues en una población desencantada de todo cuanto es nefasto para el desarrollo normal del sujeto histórico, las supuestas novedades perecen bajo el implacable desdén e indiferencia. De ahí que los métodos de producción televisivos hoy en día no respeten ni siquiera la ideología impulsada desde el comienzo por sus dueños (siempre orgullosos de pertenecer a prelaturas y liturgias), metiendo a Jesús y a la familia en las rumbas y lambadas, todo sea por subir el rating. El Caso Chilevisión
El único motivo por el cual un chileno promedio debería dar su voto al candidato de la Derecha chilena Sebastián Piñera, es por la falta de cordura y de sentido común. Si uno ve con ojos críticos las diversas características de este empresario, se dará cuenta de inmediato que nada profundo y elevado, nada magno y noble se oculta tras su artificiosa figura y su sonrisa blanqueada por ordenador. Pensemos sólo en políticas culturales ¿Qué aportes ha hecho él para el desarrollo sostenido de esta importante área? Nada más allá del delirante Chilevisión, una verdadera y colosal oda a la pudrición del intelecto. Chilevisión es una empresa que se dedica a difundir programas de dudosa calidad técnica, estética y ética, pues su fin último (se justifican los medios) es llenar los bolsillos de productores y mandamases con importantes sumas de dinero, dinero que será empleado en cuentas bancarias, piscinas, chimeneas, zapatos de piel de surucucú y místicas delicias, mientras la teleaudiencia continúa recibiendo las fruslerías que tales mercachifles se dedican a copiar descaradamente, de lo peor de la televisión española (Basa comparar muchos de los programas de Antena 3 con los de Chilevisión para notar ciertas “semejanzas”). Sin embargo, lo que verdaderamente está dando la nota desde hace algún tiempo no es la programación farandulera atrincherada en SQP –Sálvese quien pueda- y Primer Plano, sino una novísima tanda de producciones dramáticas rotuladas bajo los títulos “Infieles”, “Pecados Capitales” y la última producción “Historias de Campo”.
Como todos sabrán, la existencia de aquella programación es absolutamente irrelevante aún cuando haya toda una orla de periodistas redactando alabanzas desde las tribunas informativas del oficialismo Chilensis. Pues a pesar de las “soberbias interpretaciones” de quienes encima tienen la tupé de considerarse artistas por memorizar textos ahogados en clichés de quinta categoría, las temáticas de aquellas seriales obedecen al voyeur y masoquismo del hombre y mujer promedios: eso explica su apabullante éxito. Por ejemplo, las seriales “Infieles” e “Historias de Campo” no hacen otra cosa sino reafirmar los roles establecidos por una sociedad falocentrica como la chilena: la mujer liberada es chusca o prostituta, a menudo horrible física y moralmente, con hambre y sed de profusa virilidad y concupiscencia, brazos, nalgas y pecho velludo; por el otro lado el varón controla la situación, es ajeno a los jaleos y arrumacos, más volcado a mantener bien parado el hogar y enjoyada a la moza de turno. Pero más allá de la ridiculización de las situaciones narradas con una estupidez que encuentra su paroxismo en las risotadas del público, lo que asombra es aquella vulgaridad reciente magullada por un falso erotismo: como las audiencias ya están demasiado entrenadas en televisión de última clase –sin duda se ganaron un Ph.D en el campo-, habrá que centrar aún más el trabajo en las penetraciones y palabras al oído susurradas en algún improvisado lecho amatorio (La tierra, los yuyos, el fango, la mesa de pool) donde mientras más fogosidad, mayor provocación del instinto y mayor calor en los huesos exista, más geniales serán los resultados ¡Vaya cultura que regenta Piñera!..
El caso TVN
Televisión Nacional -se podría pensar- al ser el canal de “todos” los chilenos (es decir, de los hombres) debiera concentrar una mayor atención, meticulosidad y cuidado en relación a los contenidos. Nada más alejado de la realidad. Sin duda los ejecutivos y directores se superaron a sí mismos este lunes recién pasado en la última presentación de Mea Culpa (Programa definitivamente inservible y soez desde cualquier ángulo) al exhibir a una improvisada partera rebanando un cordón umbilical nada menos que con un par de tijeras de cortar papel lustre y EN PRIMER PLANO. Y por supuesto TVN sabe jugar bien sus bazas con la programación concebida por su “Rey Midas” Carlos Pinto, pues a la vez que sin empachos ni pudor exhibe violencia y crueldad, reafirma las temáticas que emplea el oficialismo para ocultar las problemáticas sociales realmente importantes: presenta la delincuencia como “el gran problema local”, ridiculizando a santos y pecadores (¿Qué sentido tiene mostrar a lo largo de todo el programa, a asesinos y violadores como blancas palomas si al final del episodio su conductor los humillará con preguntas absurdas y carentes de toda lógica?), acudiendo a casos de supuesta “connotación pública” pero que paradójicamente en su mayoría corresponden a delitos ocurridos en las capas silenciadas de la realidad social. Y el resto de su programación, sus matinales, programas de rumba y francachela, de concursos y sables, no se aleja de tal necedad pues el objetivo final siempre es el mismo: el desprecio absoluta de la inteligencia humana (Sin ir más lejos, el casi único programa de entrevistas decente “Una nueva Belleza” es exhibido a un horario risible). Una pregunta sencilla que precisa formular cualquier votante; con Sebastián Piñera en la presidencia ¿Qué ocurrirá con este canal de Televisión?.. ¿Habrá reformas de contenido o lo privatizará sin contratiempos, borrando cualquier esperanza de redención, transformándolo en la misma cloaca que su actual empresa informativa, en un Canil de Televisión?
El futuro no depara sorpresas agradables. Nuestro tiempo lleno de resistencia y de cansancio, de desprecio por la historia y por el dolor, pareciera estar ventilando el mullido edredón con el cual se abrigará el futuro presidente de Chile en su sillón escarlata y de armiño. Nosotros tenemos que provocar un cambio, más desde la realidad y no desde la ilusión ¿Cuál sería el cambio? Apagar los televisores y no encenderlos jamás, pues los efectos de la caja idiota serán tan duraderos que en un par de años nos comunicaremos sin ningún problema en el lenguaje de los perros; rascando y ladrando, reproduciéndonos de la misma forma que exhibe esta lamentable oda a la desdicha y la tragedia.
