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Agosto 18, 2026

El Gallo Chalinga

Un día llegué a Comala en busca de Juan Rulfo.
Lo digo porque eso decía un letrero desdibujado por el sol y el viento seco.

En la primera casa de adobe que encontré pregunté por él y una mujer huichola me dijo que que les estaba pasando a los de afuera que ahora andaban buscando el padre por adentro.

No entendí mucho pero acepte la invitación de la mujer a sentarme a tomar la fresca.

   Ella se quedó muda oteando el llano en llamas. Yo saqué de mi bolso un artículo que recorte de un diario en el autobús.
Era de 1965.Del  escritor chileno José Donoso…“Juan García Ponce, que podía haber vencido el miedo y contribuido con algo original, oculta la emoción-y casi todo lo demás-, bajo una maraña de manierismos demasiado ingenuos, y de vulgares fórmulas de moda. Mientras que Arreola y Pacheco lo enredan todo en exquisiteces estilísticas. Sólo Rulfo es excepción. Pero claro que Rulfo es fuera de serie en todo y en todas partes.“

    Ella  reojeaba nuestras sombras y ahora arrojaba maíz a un gallo de oro y a tres gallinas que en el raspado de la tierra levantaban polvo y parecían realizar una danza secreta.

   Bueno verte Mapuche me dijo don Juan por el otro lado, luego de una hora de estar allí y cuando los luceros ya cacarean por la sábana negra.

    Y dile a tu padre que nos pague lo que nos debe. Y que les debe le dije y me dijo que tiempo.

El tiempo en que la violencia de los mayorazgos me lo arrebato de la apariencia física , hijo.

Un viento salido de respiraciones lejanas les chasconeó el silencio.

Aunque igual las vibraciones de los grandes dedos Chalingas les hormigueaban las plantas de sus pies ahora descalzos.
   La diversidad de lenguas se parece al inmenso siluetal de estas atarmanecidas dijo y Pacheco vió como esas piedras hablantes caían en cercanías de la orilla y provocaban ese pequeño sunami.

  

Luego se les vió caminando por entre Caimanes del medio.

   Allí les datearon que encontrarían unos petroglifos, que eran máscaras que reposaban como nosotros ahora delante de la piedra que hay que pulir para alimentar a los hijos y a los sobrinos.

  Tenían formas de máscaras y en ellas aparecían y desaparecían unas formas de Bùhos concones, tukúqueres de otra galaxia recién vista.

   Se bajaron de la vieja camioneta a servirse algo al lado donde se cruza la carretera y el río.

    Pidieron dos copas de Mistela y agua fresca. Dos completos.

     Saludaron de semisonrisas a una pareja de personas mayores que atendían y al parecer vivían en esa orilla de río.

     Nos gusta a los hombres vivos habitar cerca de los ríos profundos, estos Páramos terminan por habitarlo a uno.

     .Y usted sabe porque les decimos profundos ?

      Por el destello de esos peces que río arriba van.
   
El río en destellos que parecían peces al parpadeo sudoroso de las dos de la tarde.

     Rulfiando se podría decir como quién dice kafquiano el asunto o tal vez Bolañiando.

     En la barra del bar la señora esperanza miraba el inicio de la teleserie. En la pantalla se veía una película en blanco y negro. Eran Búhos que salían de las piedras hablantes hacia la raja de Manquehua.

    Que allí por las noches se formaban orgías lucibellianas.

    Cuentas las abuelas que llegaban aleteando dos millones seiscientas mil seiscientas sesentaiseis veces que se movían las alas.

     Que las máscaras en realidad eran los rostros de los brujos que volaban en las noches transformados en búhos i lechuzas.
   
     Bajaron bordeando el río en largo silencio. El sol de Comala Alto lentamente  les veía venir. O a trotecito lento como los viejos chasquis de esas rutas desérticas.

     La señora machi miraba en blanco y negro el despegue con las naves que vendrían de la tierra hasta Canelo Bajo.

     Donde las aspas de los nuevos molinos a la velocidad de las tembloradas del océano pacífico, que ahora aparecía calmo cual mediterráneo soñando con saladas aguas de la otra parte de la uva.