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Agosto 18, 2026

La gran esperanza multicolor

Las fuerzas fácticas están entretejidas en la estructura del poder estadounidense. Pero Obama no es un Tío Tom en la cabaña del sistema, sino un hombre lúcido que sabe que, si bien él superó la discriminación, subsisten las desigualdades en todos los rincones.

El histórico triunfo de Barack Obama marcó por la vía electoral el inicio de una época de cambio en los Estados Unidos y eso tiene una importancia por sí sola, más allá de que la renovación fructifique durante su mandato y de que las enormes esperanzas puestas en él se cumplan o no. Porque el hecho único de que un afroestadounidense haya sido ungido para la Casa Blanca “rompe la historia en dos”, como dijo una presentadora de la CNN, y sacude decisivamente las sombras de una violenta discriminación racial, que comenzaron a ser aventadas apenas hace 50 años.
 
El proceso ha sido largo y no se inició cuando Obama brilló por primera vez en la convención presidencial demócrata de 2004, al asignársele el cupo de figura emergente para proclamar al candidato John Kerry y pronunció un memorable discurso. Ya entonces otra figura negra, el general Colin Powell, era el Secretario de Estado, función prominente en la que fue reemplazado por Condoleezza Rice. Esto ocurrió en dos administraciones conservadoras y constituyeron muestras de un irresistible ascenso de una raza minoritaria y perseguida.
 
Pero a nivel de elección popular faltaba que el votante blanco -incluso el demócrata liberal- se sacudiera de sus más íntimos sentimientos raciales. En la elección del martes sólo un 43 por ciento de los electores blancos logró hacerlo. Pero junto a la movilización inédita hacia las urnas de ciudadanos negros e hispanos se alzó una marea juvenil de 18 a 29 años de edad que llegó a la playa a la que los convocó un talentoso e inspirador negro de 47 años de edad, y lo abrazó con un 66 % de sus votos.
 
Los que venían inmediatamente detrás, los de 30 a 44 años, también concurrieron, apoyándolo en un 52 por ciento. Esa es otra de las dimensiones del cambio: la generacional. Ahora el idealismo del mensaje así acogido será puesto a prueba. A la salida de urna, casi los dos tercios de los votantes señalaron como su preocupación principal la economía. Es lo urgente y lo cercano. Pero el tercio restante señaló, junto al  terrorismo, la guerra de Irak y la salud.
 
Como el debate económico se da con cuestionamientos a las conductas éticas de los operadores financieros y de las políticas neoliberales que las alentaron, un cambio progresista debe darse también en el área corporativa y de los negocios, ya no sólo en las viejas cuestiones de las oportunidades y las discriminaciones. En la agenda está también la educación, como lo reafirmó Nancy Pelossi, líder de la mayoría demócrata en el Congreso, que ahora se ensanchó en ambas cámaras.
 
Todo está dado para que se comience a acometer el cambio, pero -como lo recordó cautamente el propio Obama en su discurso de la victoria- no será tarea para un solo período presidencial. Como él debiera saber, las fuerzas fácticas se entretejen en la estructura del poder estadounidense –la industria del armamento, entre ellas-, y un Presidente de la Nación debe conjugar esos intereses con las de su pueblo.
 
Pero Obama no es un tío Tom en la cabaña del sistema, por mucho que se proclame producto de las oportunidades que éste brinda. No es sólo un gran administrador y formador de equipos, como lo demostró en la campaña, sino sobre todo un hombre cosmopolita, birracial y multicultural, culto y sofisticado, profesional esforzado e intelectual inquieto y-esto es lo más importante- consciente de que si bien él mismo venció la discriminación, los postergados de todos los rincones de su país y el mundo siguen sufriendo la desigualdad. Por eso es el negro que encarna la gran esperanza de todos los colores.
 
(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM).