El primero, es el neoliberalismo, que se impuso como teoría económica, sin alternativas, el pensamiento único, hace aproximadamente tres décadas, como consecuencia de la revolución conservadora. Y que nos fue transmitida por el consenso de Washington. Su principio básico es “laissez faire, laissez passer, le monde va de lui-même”.
El mercado dejado a su arbitrio se autoregularía con máxima eficiencia, gracias a las expectativas racionales. Las intervenciones estatales conllevan que la política se inmiscuya en la economía y distorsionen el mercado. Al hacerlo, ahogan el emprendimiento y, por tanto, el crecimiento y el desarrollo económicos. La crisis de Wall Street, el mercado más libre y globalizado del mundo, echa por tierra esos argumentos.
El problema esencial, ya lo enunció Marx en el siglo XIX, es que “el capitalismo desenfrenado se convierte en una especie de mitología al atribuirle realidad, poder y acción a cosas que no tienen vida en sí mismas”. Esa mitología permite que se utilice un lenguaje antropomórfico para describir los vaivenes y “sentimientos” del mercado, que tendría bajas, alzas, crisis, pánico, miedo etc. Y como se trata de una “mano invisible”, deberíamos adentrarnos en el ámbito de la teología. Según San Pablo, la verdadera fe es la que nos da la evidencia de las cosas que no se ven.
Por esa razón, y ante la indignación de algunos comentaristas e intelectuales occidentales, el primer ministro de China, Wen Jiabao, en una entrevista en CNN, dijo que su país combina una economía de mercado con la guía del gobierno. Así aplica las dos principales obras de Adam Smith, “La Riqueza de las Naciones”, que pone el énfasis en la mano invisible del mercado, y la “Teoría de los Sentimientos Morales”, que insiste en la necesidad de la mano visible del gobierno para lograr la equidad social y el desarrollo armonioso.
El segundo damnificado es el partido Republicano norteamericano, que giró hacia la derecha dura, no solamente con la designación de Palin como candidata a la vicepresidencia. También al rechazar la mayoría de sus diputados el proyecto de rescate del sistema financiero que presentó la administración Bush, con el apoyo del candidato presidencial del partido y de los jefes de su bancada en la Cámara baja.
De la generación de representantes que se retira en estas elecciones, el 82% votó por el proyecto, pero de la nueva guardia, electa por primera vez hace dos años, ni uno solo, 0%, Los miembros de este último grupo recibieron una calificación de 100 puntos, la máxima, por parte de la Unión Conservadora Norteamericana, mientras que los que se retiran, de solo 78. Uno de los jóvenes turcos calificó al proyecto de una “pendiente resbalosa al socialismo” y otro lo comparó con la revolución bolchevique de 1917.
En otras palabras, para un grupo de trogloditas, como alguien lo dijo en burla, los camaradas Bush, Paulson y Bernanke pretenden fundar la “United States Socialist Republic of America”. El proyecto en realidad es socialismo para los ricos, el único respetable en EE.UU., según Galbraith, uno de los iconos de los economistas norteamericanos.
Tal vez por ello el candidato McCain ha mostrado su verdadera cara. Ya no es un rebelde bipartidista. Más parece un termocéfalo, el calificativo es de uno de sus colegas republicanos en el Senado, que centra su campaña en atacar a la persona de Obama, mientras el barco norteamericano naufraga.
El tercer damnificado son las autoridades económicas y monetarias que afirman que sus países saldrán bien parados de la crisis, a pesar de tener economías muy abiertas y exportar materias primas. No se trata solamente de estas últimas, que disminuyen sus precios en los bajones de la actividad económica mundial, sino también, según Krugman, del multiplicador financiero internacional.
Los economistas hablan del multiplicador del comercio internacional al referirse a los contagios de los cíclos económicos por medio de los flujos internacionales de bienes y servicios, en que la recesión en un país se transmite a sus contrapartes comerciales debido a que, al disminuir sus importaciones, también se contraen las exportaciones de esas contrapartes.
Ahora, según Krugman, se podría hablar del multiplicador financiero internacional, en el caso de instituciones financieras altamente endeudadas que hacen fuertes colocaciones a través de las fronteras, los principales bancos norteamericanos, entre otros. Al tener una fuerte pérdida, se ven obligados a vender todo tipo de instrumentos de sus carteras, lo que baja sus cotizaciones y, por tanto, afectan al capital de otras entidades internacionalizadas muy endeudadas.
En resumen, la globalización financiera desemboca en una crisis mundial que afecta, muy en especial, a los países con economías muy abiertas. Y por esa razón, supongo, las autoridades chilenas han socorrido a bancos de nuestro país, que poco tienen que ver con los problemas hipotecarios norteamericanos.
Y por último afecta, aunque no tiene importancia, a quien escribe estas líneas.
