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Agosto 18, 2026

Por una Latinoamericana

En tiempos complejos la disidencia pareciera constituir un ejercicio bastante inútil, en la medida que el alma de las sociedades bloquea cualquier posibilidad de desarrollo sistemático y constante de cualquier forma diferente de vida. Por eso muchos intelectuales o aspirantes al imperio del conocimiento, patean cabizbajos las piedras que atiborran los torcidos y yermos senderos de la existencia, donde cada guijarro y cada una de las recias matas de cardo que se aferran al camino demuestran una delirante resistencia, un renunciamiento de la vida.

Sin embargo continúa siendo imperativo remar a contra corriente, aún cuando muchos sean envueltos por la soledad y la tristeza al saber que sus destinos estarán siempre trazados por un eterno navegar.

Hay que aprender a vivir tratando de no perder el equilibrio en la oscuridad ¡Qué fácil pareciera! Empero, la grasa y las heces sobrantes de todos los tiempos, calan demasiado hondo en las conciencias humanas entrenadas en la desidia y la estupidez, de manera que a pesar de envenenarse paulatinamente el alma, muchos hombres y mujeres prefieren la conformidad de una vida simple y organizada desde “arriba” alejando cualquier posibilidad de cambio, cualquier oportunidad de titubear frente al sistema establecido. La tarea de los disidentes –a menudo basureados por su obcecación y supuesta unidimensionalidad- es demostrar a quienes quieran utilizar un poco más allá del bien y del mal su intelecto y sus sentidos, algunas vías alternativas de organización y felicidad, formas que a menudo son silenciadas o ennegrecidas por los regentes de la sociedad organizada de la oferta y la demanda, sociedad de los alambicados y “racionales” exegetas de la vomitiva “centro izquierda” (Un centro cada vez más cercano al sitial bondadoso reservado a los buenos por el Padre Celestial), de ciertos periodistas que explotan la desgracia humana sin misericordia y hasta volver a los hombres y mujeres basureados por ellos mismos,  provistos de una vitalidad pseudo humana ridícula y enfermiza. Ecce Hommo Chilensis.

La pregunta es ¿Contra qué rebelarse? Hoy día la felicidad pret a porter no sólo está disponible para que la disfruten ciegamente los ilusos de la eterna comedia de la vida, porque el almizcle rotulado como mayonesa y las heces con olor a chocolate son el deleite preferido de muchos “protestantes” que luego de espetar su moral de cambio en diversas reyertas con un frenesí tribal y un soplo rumbero en brazos y piernas, se pelean el mejor sitial de la casa para disfrutar de sus teleseries mientras mordisquean la deliciosa hamburguesa. Ya no se puede hablar de inconsistencias y paradojas entre la razón teórica y la razón práctica, pues lo que se piensa –si es que se piensa- tiene directa relación con el rechazo y desprecio del sistema aprendido en los múltiples Facebook y Fotologs repartidos en la red, y allí es donde precisamente muchos encuentran acicate para berrear su moral anti globalización, vestidos según dicta la moda de sus grupos musicales favoritos, con zapatos Made in Bangladesh, alhajas de carey y múltiples giros idiomáticos acarreados por las vacas histéricas del neoliberalismo. Por supuesto que Internet, más allá de su cuna  capitalista (No olvidar que el libro también constituye millonarias empresas, y qué decir de los árboles talados a merced de la Industria Editorial) es una herramienta bastante útil para expresar ideas, temores y pensamientos, pero no puede reemplazar el contacto “real” entre hombres y mujeres, esencial para intercambiar sueños y comenzar a trenzar destinos.

Pues pareciera ser que no existe “aquello” verdadero contra la cual rebelarse pues la voluntad de resistencia, de cavar trincheras donde encontrar refugio y solaz contra los dardos mortíferos del enemigo, fue aparentemente eliminada de la existencia humana el día en que la lucha tácita entre los dos frentes, derecha e izquierda, se enterró a sí misma con la condena a muerte de los socialismos reales, dando paso a una nueva realidad: la sociedad del bienestar global. Sin embargo, de allí precisamente nosotros encontramos nuevo fundamento para justificar la batalla, para seguir pensando y refutando, porque más allá de que en ocasiones nos ataque la mala conciencia al encontrarnos de pronto atormentados por placeres burgueses, TODO el fin pronosticado por cientos de cretinos (Basta citar al padre de la estupidez intelectual con su obra “El fin de la Historia y el Último Hombre, “Fuku Fuku” como decía una buena amiga) se nos anuncia desde “arriba”, una vez más coloreado por los padres del imperialismo y que contemplan Latinoamérica como el lodazal de cerdos idiotas incapacitados para construir su propia historia, siempre atentos a las decisiones que en las naciones “del progreso” son tomadas para dirigir la orquesta de retrasados que compone el resto del mundo…

Así nos queda mucho campo por recorrer, explotando, estudiando y examinando las infinitas posibilidades de un continente donde la profusión de filosofías y corrientes de pensamiento auténticas y originales se mantienen todavía silenciadas, y que nosotros precisamos revitalizar desde un socialismo renovado, henchido de esperanzas dispuestas a la realidad y jamás bañadas por la luminosidad enferma del acaso. Por esto hay que luchar y disentir. Dijo García Márquez el día en que le otorgaron el premio Nobel “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.” Más allá del tormentoso escenario de la realidad fútil y pedestre que nos es impuesta, y que se nos hace creer nos pertenece, existen laberintos de belleza e indescriptible conocimiento que deben ser desenterrados de la ciénaga de angustia y abatimiento en la que se encuentran desde hace siglos, y la labor es nuestra. No podemos cegar en la tarea.