“El Zapallo me ha permitido que para vosotros -queridos cofrades de la Zapallería- yo escriba mal y pobre su leyenda y su historia.” Macedonio Fernández. Alguna vez existió, según cuenta el bueno de Macedonio Fernández, un zapallo allá por las lejanas, pero fértiles, tierras de Chaco. Entre tanto sol, agua y buena tierra el zapallo aquel fue creciendo y creciendo hasta tornarse primero enorme, luego monstruoso…
“Su historia intima nos cuenta que iba alimentándose de las plantas mas débiles de su contorno, darwinianamente; siento tener que decirlo, haciéndolo antipático.”Pero es su historia interna la que nos interesa es su vida externa, o como quien dice social, y de cómo ese Zapallo y esa localidad de Chaco; y al final la tierra en su redondees toda, Ivana verse envueltas, cuando no absorbidas en la pulpa zapallar.
El susodicho zapallo creció monumentalmente, ante la vista de los colonos que, de tanto verlo no lo notaron gigante, o simplemente anormal, hasta que fue demasiado tarde. Como cuenta son Macedonio el pavor cundía, ya que era imposible acercársele ya que en simultáneo, generaba un vacio absorbente en su entorno, mientras sus raíces seguían creciendo. En tanto el enorme fruto se afana en aumentar y aumentar su abultado ser, nadie sabia bien que hacer “¿Lucha, conciliación, suscitación de un sentimiento piadoso en el Zapallo, suplica, armisticio?” Tal zapallo, problemático y febril, no se agotaba en crecer solamente, sino adeams se le daba por mutar, cuentan, “no bien e una cosa ya es otra: no a alcanzado la figura de un buque que ya parece una isla.” La zapallesca mole recordaba la cabeza de Goliat, en su crecer incesante, alguna vez descrita como una ciudad (y su respectiva sociedad) por la pluma de Ezequiel Martínez Estrada, pero también como una idea, pero esa es otra historia.
Mas no me quiero desviar del tema del zapallo, de su crecimiento, que, según cuentan, no dejo de crecer y engullir a toda la tierra y sus habitantes, que envuelto en, ¿Por qué no?, una “voluntad de poder”, había dejado su naturaleza vegetal y se adentraba en la instancia metafísica, cósmica, cuando no mística, de abarcarlo todo, engulléndolo y dejándolos convivir, con sus dimes y diretes, en el diáfano interior de sí. La historia concluye (o el reporte) que en estos precisos momentos el zapallo se alista para no ya al pobre tierra, sino la Creación toda, completita, en una épica cucurbitácea de dimensiones bíblicas.
Eso fue lo que Don Macedonio me conto.
El Bueno, El Malo y El Feo
“Habría que fusilar a toda esa gente” Jorge Luis Borges
Yo no podría comparar al buen Coronel Juan Domingo con el zapallo aquel, ni con la cabeza de gigante cercenada por el niño Rey David. Pero algo hay, algo de esa voluntad hacia el “todo”; esa grandilocuencia de ser lo que somos “Todos”. En esa extraña sensación que solo se vive en argentina, donde la política solo puede trascurrir dentro del zapallo peronista. Una política melancólica, grandilocuente, popular en el sentido más amplio de la palabra, telúrica, ecléctica en el mejor sentido de la palabra, sincopada, con una iconografía capas de igualarse solo con la bella parafernalia de la “Revolución Cultural China” (el trazo modulado, la comunión de clases, la imagen del líder y su esposa, un pueblo capas de levantar tanto el fusil como el libro y el arado…)
Ecléctico: “una economía nacional un tanto bismarckiana, un sanmartinismo de academia, un indigenismo liberal, un positivismo leboniano, un alegorismo militar, un martinfierrismo a la viejovizcacha, un rosismo episódico y ciertamente un obligado tercermundismo. Entendió al política revolucionaria a partir de todos sus síntomas de restauración y de ley”.
Perón logro la lealtad de las masas en un periodo extremadamente corto, merito doble si se le suma el hecho de ser parte de un sector tradicionalmente antipopular como son las fuerzas armadas. Militar golpista y de rasgos levemente dictatoriales, sin llegar a ser el monstruo que retrataron Borges o Martínez Estrada; agrupo de oficiales y suboficilaes influenciados por la “Acción Católica” y algunos elementos político-discursivos del fascismo, el democristianismo y el laborismo, termina por conquistar a la clase obrera, a los que posteriormente se sumaran un crisol enorme de influencias: El capital intelectual del grupo nacionalista progresista, ligado a la tradición de Irigoyen, FORJA (Fuerza de Orientación Radical para la Joven Argentina), el gremialismo variopinto, ciertos sectores del radicalismo e incluso los hacendados conservadores del interior del país.
El zapallo peronista fue así creciendo entre la revolución socialista de Montoneros y al “revolución productiva” de Menem. En la pulpa zapallar nadaron y nadan los Kirchner y los Cafiero: izquierda, centro, derecha y más. En el terreno intelectual ocurrió lo mismo: del católico lirismo de Leopoldo Marechal a David Viñas, de los tangos Hugo del Carril a la novela negra testimonial de Rodolfo Walsh. El peronismo creció así múltiple y contradictorio. Permitirse y perdonarse, los unos a los otros, y así ser el lugar donde todo esta permitido, como quizás quería Perón.
El cantar de los cantares
“En el peronismo persiste la identidad de un dilema” Horacio Gonzales. El escritor Tomas Eloi Martinez, autor de “La novela de Perón”, dijo alguna vez, y no hace mucho, que Perón todavía modela nuestras vidas…
Y siento que tiene razón.
No pienso que tiene razón, lo siento, y lo siento por que en cada pagina leída, en cada discusión, en cada escrito esta la sombra de el Dios padre, o Rey David, o Cabeza de Goliat, o Monumental Zapallo, o festín monstruoso… omnipresente, plenipotenciario, dueño de una sagrada hermenéutica, la lectura definitiva sobre todo, en todo, contra todo. Las discusiones desde el troskismo, o aquello que llamábamos troskismo, fueron la primera lectura obligada; había que entenderlo, había que vencerlo entendiéndolo, luego las lecciones de historia argentina, las lecturas, el redescubrimiento de una retorica después, de una opción de socialismo nacional, síntesis superadora, la conciliación (esa vieja palabra Peronista), el testimonio, el espejo de una realidad nacional, quizás simultáneamente el espejismo de la realidad política, quizás.
Hablar del peronismo significa estar dentro de esa pulpa zapallar de la que hablo Macedonio Fernandez, sin conocerlo, por pura intuición, y es agregar palabras flojas al tonel sin fondo que intenta explicarlo… El peronismo es quizás, y aquí mi peregrina conclusión, la libertad de andar en el vacio, como el Coyote de el “Correcaminos” que sigue corriendo sobre al aire cuando termino al carretera, y seguirá corriendo mientras nos e de cuenta de que el suelo desapareció, después caerá, para volver a correr.
Solo eso quería decir
Fernández, Macedonio, “El zapallo que se hizo cosmos”, Ed. Corregidor, Bs. As., 2004.
Gonzales, Horacio, “Perón, reflejos de una vida”, Ed. Colihue, Bs. As. 2007.
“Perón se apoyó en- y a su vez respaldo a- los grupos que considero imprescindibles para ganar el comicio sin imponerse mayores limitaciones: estructuras radicales o conservadoras, militancia social católica, nacionalista o laborista, todos aportaron a su victoria. Dos casos notables, Tucumán y Salta, muestran que Perón no dudo en cultivar una alianza con las mas tradicionalistas familias azucareras – como el caso de Lucio Cornejo-, aun cuando esta alianza implicara un ataque directo contra las organizaciones gremiales del ramo.” Luciano de Privitellio, “El Peronismo y las elecciones”, en Ciencias Sociales n°64, Buenos aires, 2006.