google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Recuerdos pendientes: Cristianos por el Socialismo

 La tortura, desaparición y muerte de religiosos durante la pasada dictadura militar forman parte de la gran grieta que cruza nuestra historia más reciente. Un drama que se extiende y se ramifica, podríamos afirmar, desde el inicio del siglo pasado y se expresa en toda su magnitud hacia los primeros años de la década de los setenta. Pero no sólo en los años y meses previos al cisma, sino con anterioridad.

La desigual –e injusta- estructura de la sociedad chilena de entonces (y también de hoy, podemos ratificar) fue durante aquellos años el estímulo del cambio social, de acciones revolucionarias, en el sentido de un giro radical de las cosas. Un estímulo desde la ciudadanía, desde el trabajador, desde el centro del más profundo sentido de la política, pero también un estímulo que cruzaba las bases de la institucionalidad de la Iglesia católica. La Teología de la Liberación, de Boff, de Gustavo Gutiérrez, penetró en la conciencia de religiosos en Chile, quienes tras el golpe corrieron una suerte similar a otros miles de chilenos.

Hubo un vínculo muy íntimo, atado tal vez desde las bases más profundas del pensamiento cristiano, de la ética cristiana, entre estos religiosos y las corrientes de cambio social encauzadas en el gobierno de la Unidad Popular. Una relación que incomodó a las jerarquías católicas, a la oligarquía y las fuerzas armadas.
El investigador madrileño de origen chileno Mario Boedo Vargas en el estudio “Recuerdos pendientes. Teología, sociedad y fe en la memoria cristiana de Chile” (Ediciones Arcos, Madrid, 2008) presenta un documento sobre este aspecto del proceso de la Unidad Popular. En dos ensayos, “Religión y política en Chile” y “Cristianismo popular y martirio en Chile”, Boero descubre una parte esencial de las fuentes de inspiración de los movimientos sociales chilenos del último tercio del siglo XX. Una mirada profunda que hoy halla nuevos referentes y horizontes en diversas latitudes latinoamericanas. El socialismo del siglo XXI tiene, hemos visto, su inspiración en estas corrientes cristianas.
Un símbolo fue la Vicaría de la Solidaridad durante la dictadura. Es la figura esencial de la Iglesia católica chilena en aquel gris periodo. Una imagen que tiene tras de sí su base en diversas tradiciones de la Iglesia, las que pueden detectarse desde el Padre Hurtado, el Concilio Vaticano II, la Teología de la Liberación al movimiento Cristianos por el Socialismo. Pero los matices son aún más complejos: Boero traza las fuertes tensiones al interior de la Iglesia chilena durante aquellos años, pugnas entre una jerarquía conservadora y religiosos que trabajaban junto a los pobres empujando el proceso de cambio social. Un trance social al interior de la Iglesia, un dramático nudo, que Boero sigue a través de documentos, cartas y apuntes de los sacerdotes Francesc Puig, Antonio Llidó y Joan Alsina. De los tres, sólo Puig pudo sobrevivir.
En el segundo ensayo, Boero -que es filósofo y teólogo laico especializado en el pensamiento y obra de Ludwig Wittgenstein- aborda los procesos de Llidó (desaparecido,) Alsina (fusilado en Santiago en 1973) y Miguel Woodward (asesinado en el buque escuela Esmeralda en septiembre del 73) y reivindica el concepto de mártir. “Tres crucificados” escribe Boero, porque “¿no es la parrilla el equivalente contemporáneo de la cruz?”, según cita de la doctora Sheila Cassidy.
Ambos ensayos circulan bajo una investigación que comparte elementos comunes. Cuál fue el rol de la Iglesia durante la Unidad Popular y cuál –aquí radica tal vez el centro más doloroso del estudio- fue su papel los días del golpe y las semanas posteriores. Boero lo deja claro. Una jerarquía muy incómoda con sus curas activistas. Por ello la gran diferencia entre el asesinado André Jarlan –que leía la Biblia cuando fue alcanzado por una bala militar- y sacerdotes como Alsina, Woodward o Llidó.

 

P.W.

walderpaul@yahoo.es

Publicado en revista Punto Final