Alberto Espina, junto con su líder Sebastián Piñera y otros más, visitaron hace poco tiempo Colombia, convirtiendo a ese país en la Seca y la Meca del ideal piñerista.
En esta tarea de exaltar a Álvaro Uribe, presidente de Colombia, no están solos: la mayoría de los analistas económicos, las agencias calificadoras de riesgo, el gobierno republicano y CNN – que está plagada de comentaristas colombianos- no hacen más que alabar el éxito económico de ese país. Uno diría que está reemplazando a Chile en el banco del mejor alumno del neoliberalismo. La verdad es que la mayoría de estas agencias calificadoras están bastante desprestigiadas al haber dado la triple A a Fanny y Frederic y a otras empresas financieras, que están con graves problemas de liquidez. ¡Quién creería hoy que la Ford y General Motors estuvieron calificadas con triple A y hoy son, apenas, con B-¡. ¿No pasará lo mismo con Colombia?
Si uno escucha estos analistas económicos, los peores siempre serán los gobiernos de izquierda – Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y, ahora, Paraguay-. La verdad es que sólo el gobierno progresista de Brasil continúa teniendo índices de crecimiento superiores al 5%. Colombia y México, hijos predilectos de Estados Unidos, están prácticamente estancados y sus Bancos Centrales serán los únicos que no subirán. Por ahora, las tasas de interés.
Ben Bernanke está más estatizador que Stalin: no es raro que más de 300 bancos norteamericanos –pequeños y medianos- caigan en default de aquí al 2009; por cierto que estos no serán estatizados, salvo la garantía estatal de los depósitos hasta US100.000. Pero si un Banco grande se arruina, es seguro que será nacionalizado por la FED. Es difícil saber que si es una nueva de capitalismo de estado, como sostienen algunos, o la vieja idea de que el fisco se haga cargo de la deuda de los privados.
Los neoliberales privatizadores marchan en el sentido contrario de la historia, sólo quedan algunos en esta ínsula llamada Chile. La claque de Sebastián Piñera anda muy perdida al alabar al gobierno populista paramilitar de Álvaro Uribe: no hace mucho llegaron a la tontería máxima de sostener que Bogotá es mucho más segura que Santiago, o comparar Cali y Medellín, cuna de los carteles del narcotráfico, con La Victoria o La Pintana y, como hicieron el ridículo provocando una estertórea carcajada, incluso de sus seguidores, no han insistido más en tamaña majadería.
En el país del pajarito colombiano, cuyo pueblo es querido por múltiples conceptos, hay nada menos que dos guerrilla , una serie de grupos paramilitares que asesinan a campesinos , carteles de narcotráfico – mucho más poderosos que el “Cara de Jarro”- y una delincuencia común que se aprovecha de la miseria.
Álvaro Uribe, el héroe de Piñera, tiene parientes paramilitares, ex ministros y parlamentarios, que han sido acusados por una Corte colombiana, bastante decente. Es cierto que, gracias a la tecnología del Plan Colombia, muchas veces no respetando las leyes de la guerra, Álvaro Uribe ha logrado, no sé si arrinconar, pero al menos detener el avance de la guerrilla, cuyos métodos sigo condenando moralmente. Sería ciego negar que Uribe tiene un apoyo de los gamonales y de la mayoría de la población colombiana y sus consejos regionales, televisados, por medios todos pertenecientes a la derecha, logran apoyo, en una población cansada por una inútil guerra, que no tiene ninguna salida militar.
Piñera corre solo y aprovecha de los múltiples errores de la Concertación, que está dividida y desorientada. Día a día avanza en las encuestas del bipolio comunicacional derechista. Piñera sabe muy bien que la derecha nunca ha tenido un programa político ni un proyecto de sociedad, que no sean el neoliberalismo y el autoritarismo, pero algo le queda de su admiración por Eduardo Frei Montalva, cuya fotografía preside su escritorio: queriendo hacer algo similar a las reuniones de profesionales que redactaron, en 1964, el programa de la Revolución en Libertad, formó el grupo llamado Tantauco, integrada por economistas, miembros de Libertad y Desarrollo, universidades privadas y educacionistas, como Patricia Matte, que se convierten en los “Tantauco Boys” de Piñera.
El síndrome de la derecha ha sido siempre el triunfalismo: se creen dueños del país y, por consiguiente, no pueden pensar en la derrota; afortunadamente el pueblo, que ellos llaman “los rotos”, ha dado al traste en tres ocasiones sucesivas a las encuestas que les daban un triunfo seguro: 1946, con Eduardo Cruz- Coke; 1970, con Jorge Alessandri; 1999, con Joaquín Lavín: Esperemos que la historia se repita en el 2009.
Como ciclistas solitarios, Piñera se ha mostrado bastante hábil, hay que reconocerlo: viaja a las Olimpíadas y recorre el país sin mezclarse en los pequeños debates políticos y, aunque es un tipo nervioso y atragantado, no se ha apresurado en aparecer en las pantallas de su propio Canal. Es que Sebastián aspira a ser un gran estadista, algo así como su héroe Eduardo Frei Montalva, por eso busca por ejemplo, la concordia con la Concertación- aunque lo desmientas sus propios seguidores- en grandes temas país, como el Transantiago Afortunadamente, esta vez los tecnócratas de la Concertación no pisaron el palito.
Piñera no tiene nada de Eduardo Frei: a diferencia del estadista demócrata cristiano, Piñera lee poco y nada, es basta ignorante en literatura e historia política y se interesa, fundamentalmente en economía. Además debe lidiar con la antipatía de algunos dirigentes y militantes de la UDI y, sobretodo, con viudos de Augusto Pinochet, como el columnista Hermógenes Pérez de Arce; me consta que muchos de ellos no votaron por Piñera en las últimas elecciones y difícilmente lo harán en el 2009. Incluso, Óscar Contardo, en su libro Siútico…, deslizó la idea, muy sutilmente, que para algunos estos caballeros era un siútico, lo cual es completamente falso, pues don José Piñera la Pichi Echenique no tenían nada de siútico – puedo dar fe de ello, pues eran íntimos amigos de mis padres-.
En un próximo artículo seguiré comentando el libro de Contardo y comprobaremos que los chilenos “se siutiquean entre sí”. Lo que sí habría podido ser Sebastián Piñera es demócrata cristiano, como su hermano Pablo. Parece que coqueteó con ese Partido, pero no le gustó la vía no capitalista de desarrollo; es que los demócrata cristianos estaban muy “rojos” durante esa época, pero si fueran como ahora, creo que Piñera no hubiera tenido ningún problema en militar en el sector de los colorines; claro que el tiro le hubiera salido por la culata, pues habría sido expulsdado.
Renovación Nacional no es un partido, sino una montonera: están mezclados ex patrullas juveniles que, alguien muy tonto creyó eran la derecha liberal, republicanos como liberales y conservadores y, al fin al cabo, son personas zigzagueantes, cuya mejor expresión es el senador Andrés Allamand, “genial” autor del Desalojo” y que sus asesores le escriben unos libros de 500 páginas, muy carentes de ideas y de estructura literaria. Junto a estos, devenidos en cuarentones maduros, están los ex pinochetistas: el negro Romero, que no sé por qué lo citó Oscar Contardo en su libro; Cardemil, que lo hace mucho mejor en su fundo, que en la política -su libro Huaso vale más que todos sus discursos en el Parlamento- por cierto que Cardemil no es un Mariano Latorre-.
Sebastián Piñera está muy cómodo en Renovación Nacional, al fin y al cabo es el dueño de ese Partido; le sería imposible militar en partidos ideológicos, como los de antaño y le es muy agradable vivir en la democracia de los acuerdos. Para triunfar necesita, al igual que en la elección anterior, atraer a un sector de la Democracia Cristiana, que sea mayor que los expulsados colorines. No parece fácil, a pesar de que este Partido está bastante leproso.
Si por azar ganara Piñera y aplicara la metodología uribista, esa mezcla de paramilitarismo con populismo, Dios nos pille confesados, pues las cárceles se llenarían de pobres y, además, de sindicalistas.
Rafael Luís Gumucio Rivas
