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Agosto 18, 2026

El caso del periodista Guzmán

Al margen de las simpatías políticas y de que el aludido declare que no las sintió por el movimiento que cubrió profesionalmente, ciertos lazos se producen con las fuentes, que pueden favorecer el ejercicio del periodismo o llevar a malos entendidos. 

El caso del periodista Hugo Guzmán hay que situarlo en el cuadro la cruenta guerra de guerrillas que la derecha libra contra el gobierno de Michelle Bachelet, decidida como está a que sea el último de la Concertación. El Transantiago está en el eje central de la estrategia opositora y si bien algunos senadores independientes lograron que la Alianza se siente en una mesa de negociaciones, al mismo tiempo ésta perseveró en instalar una comisión investigadora que pondrá en el banquillo de los acusados a los ministros Cortázar y Velasco.

Pero hay otras mechas que la oposición prende, tantas como le sea posible. Una se relaciona con el polvorín mapuche. Como él no inflama al conjunto de la nación, ni siquiera aumenta la sensación térmica en las regiones involucradas, se denunció una supuesta conexión del movimiento indígena con algunos grupos extranjeros, como la Eta vasca y las Farc colombianas.

Todo hace suponer que durante la reciente visita de Piñera y dos senadores de su partido a Colombia, el gobierno anfitrión entregó un “set” de documentos que incluye algunos de los famosos correos electrónicos del fallecido comandante Raúl Reyes que andan dando vueltas por la comunidad de inteligencia del hemisferio. En uno de ellos se alude al periodista chileno que residió siete años en México y que últimamente se desempeñaba en la secretaría de comunicaciones del gobierno de Bachelet.

El senador Alberto Espina no ha desmentido que Bogotá sea su fuente, limitándose a señalar que no fue el FBI. El dato no es irrelevante, porque eso daría aire a la suposición de que se trata de una operación internacional de la derecha, iniciada por el gobierno colombiano de ese signo. Después que Espina entregara sus antecedentes al ministerio público, los correos que implicarían al periodista Guzmán se filtraron a la prensa, desestabilizando a La Moneda, Se produjo así una tormenta político comunicacional perfecta, de esas que enrarecen el ambiente y que van constituyendo insensiblemente un clima favorable al “desalojo” (aunque el mismo introductor del término ya resiente como una majadería su invocación).
 
En el camino quedó un profesional de las comunicaciones que prefirió renunciar, en parte tal vez porque si bien la Presidenta llamó públicamente a la cautela, el gobierno decidió trasladarlo de su cargo a otro, dando una señal equívoca.
Una cosa hay que decirle al público de los medios: es marginal que Hugo Guzmán haya sentido alguna vez simpatía por algún movimiento guerrillero y que ya no la sienta concretamente por las Farc, como muchos que piensan que éstas entraron a la industria del secuestro y el narcotráfico, desvirtuando sus fines con medios abominables. Al margen también de que el aludido declare que nunca fue simpatizante del movimiento que cubrió profesionalmente, el ejercicio del periodismo lleva a establecer lazos con las fuentes que pueden facilitar el trabajo o llevar a malos entendidos.

Ciertos acercamientos humanos se producen en particular cuando se permanece mucho tiempo destacado en un frente o se efectúan traslados, en travesías largas o azarosas, a terrenos lejanos o inhóspitos. Muchas veces se da incluso una amistad profesional con protagonistas y actores y eso lo saben muy bien antiguos dirigentes como Allamand –que solía cultivar esos lazos- y el propio Espina. Creer que porque se entrevista a un general Pinochet o a un comandante Reyes se produce necesariamente una afinidad es un grueso error conceptual, del que creíamos al margen a los conductores de la Alianza, por mucho que estén empeñados en cortar cabezas de la Concertación. 

(Comentario transmitido por Universidad de Chile Noticias, radio 102.5 FM)