Es sabido que el mercado asigna en forma más eficiente los escasos recursos disponibles, se dice incluso que toda actividad económica debiera ser regida por las leyes de este virtuoso sistema que cuenta con una infalible mano de naturaleza invisible. De manera que cualquier esfuerzo humano por crear, imaginar, dirigir o corregir alguna actividad económica sería inútil hacerlo, puesto que el mercado ya lo sabría hacer con antelación.
En el vasto océano, donde conviven equilibradamente peces de todos los tamaños, es por todos sabido que el pez de una especie menor, es engullido por el pez de una especie mayor. El pez más chico, no tiene los mismos modales de sus congéneres de mayor envergadura, es el último eslabón de la cadena. Quizá el primero.
De manera que en el océano, país que es de todos los peces, o bien, donde todos los peces son del océano, pudiera ocurrir, que el pez más chico sea el que sostiene aquella inmensidad azul. De su necesaria alimentación pendería la suerte del universo acuático, y esta, se la brinda generosamente el medio en que se desenvuelve.
Sabemos que el orden burgués, siempre ha hecho alarde de ser el mismísimo orden natural. Algo así como que la ley de oferta & demanda sería la “ley natural”. Por no decir la ley de dios.
El pecado original consistiría en intentar contravenir ese orden natural que el mercado nos ha hecho el favor de poner a nuestra disposición.
Entonces si así fuere, que si la economía hubiese sido creada a imagen y semejanza de la naturaleza, y que la fuerza de trabajo de un obrero fuese el pez más chico, y que sobre las espaldas de todos aquellos trabajadores que venden su mercancía llamada trabajo se sostendría la economía de un país dado, sería de primordial orden, asegurar la subsistencia de ese primer eslabón, puesto que de él pendería la suerte de su economía.
Sin embargo, en un país que ha sido el alumno más aplicado de la región en llevar a la práctica las recomendaciones del FMI, que se suscribió a la aventura neoliberal si ningún pudor, ha hecho de su economía una pecera. Un modelo que funciona con ciertas protecciones nada de naturales, eliminando arbitrariamente odiosas variables.
He llamado intencionalmente “pecera” al circuito de los grandes consorcios empresariales que ostenta nuestra economía, puesto que su riqueza y vigor depende entre otras cosas, de las condiciones favorables para ejercer esa depredación artificial que es posible realizar en nuestro país burbuja, pues cuenta con gobiernos proclives para facilitarles las cosas.
Es así como existe una legislación laboral en que se niegan los derechos universalmente aceptados en esta materia, igual cosa ocurre con la normativa para preservar el medio ambiente de su abusiva explotación, y del uso de sustancias cancerígenas en los alimentos.
La presencia de esos elementos prohibidos, en salmones y cerdos sometidos a controles sanitarios de rutina del país al que eran exportados, dejó al desnudo el relajo criminal de las autoridades pertinentes, que en Chile tienen la responsabilidad de proteger a sus habitantes.
No es fortuito entonces, que aquí no se realicen los acuerdos internacionales suscritos por un gobierno, que no es capaz de juntar los votos de sus congresistas elegidos en el marco de su democracia anómala, puesto que su oligarquía, compuesta de politizados e influyentes señores, vetan con su poderosa voz la ratificación de estos acuerdos que limitarían sus malsanos privilegios.
Nada provechoso podemos exhibir, el mentado crecimiento se estancó, y cuando en breve tiempo este se produjo, solamente benefició a los ricos.
Es aquí donde podemos poner en duda la capacidad del mercado de asignar mejor los recursos, el modelito funciona, pero no para servir el interés general, sino que el particular, los intereses de los grandes empresarios.
Un modo no ideológico de comprensión de este fenómeno, que dé garantías de que lo que se afirma es verdadero, consiste en usar la tecnología que nos brinda Internet.
Entremos a un programa que nos muestre la foto tomada desde el satélite a Santiago de Chile u otra ciudad de importancia en tiempos sucesivos y a intervalos anuales.
Allí se mostrará las imágenes irrefutables de la expansión económica y los logros de calidad de vida de sus beneficiarios, el fruto de aquellos escasos recursos puestos a disposición del mercado.
El contraste entre el Stgo-Oriente con el Stgo-Sur nos indica con claridad, la ampliación de sus avenidas, sus potentes luminarias encendidas, la edificación de viviendas de calidad, comparada con la estancación de los barrios periféricos, su oscuridad, su nulo desarrollo, su pobreza.
Todo hace suponer, en el tiempo prudente observado de 2 décadas, que el apogeo del neoliberalismo concluyó, pasó de moda.
Sus perniciosos efectos nos seguirán penando, la descomposición de los barrios pobres, la frustración de sus incipientes seguidores, el estancamiento económico, la ruina de los nuevos ricos. El retroceso de las fuerzas políticas populares.
De manera que en el océano, país que es de todos los peces, o bien, donde todos los peces son del océano, pudiera ocurrir, que el pez más chico sea el que sostiene aquella inmensidad azul. De su necesaria alimentación pendería la suerte del universo acuático, y esta, se la brinda generosamente el medio en que se desenvuelve.
Sabemos que el orden burgués, siempre ha hecho alarde de ser el mismísimo orden natural. Algo así como que la ley de oferta & demanda sería la “ley natural”. Por no decir la ley de dios.
El pecado original consistiría en intentar contravenir ese orden natural que el mercado nos ha hecho el favor de poner a nuestra disposición.
Entonces si así fuere, que si la economía hubiese sido creada a imagen y semejanza de la naturaleza, y que la fuerza de trabajo de un obrero fuese el pez más chico, y que sobre las espaldas de todos aquellos trabajadores que venden su mercancía llamada trabajo se sostendría la economía de un país dado, sería de primordial orden, asegurar la subsistencia de ese primer eslabón, puesto que de él pendería la suerte de su economía.
Sin embargo, en un país que ha sido el alumno más aplicado de la región en llevar a la práctica las recomendaciones del FMI, que se suscribió a la aventura neoliberal si ningún pudor, ha hecho de su economía una pecera. Un modelo que funciona con ciertas protecciones nada de naturales, eliminando arbitrariamente odiosas variables.
He llamado intencionalmente “pecera” al circuito de los grandes consorcios empresariales que ostenta nuestra economía, puesto que su riqueza y vigor depende entre otras cosas, de las condiciones favorables para ejercer esa depredación artificial que es posible realizar en nuestro país burbuja, pues cuenta con gobiernos proclives para facilitarles las cosas.
Es así como existe una legislación laboral en que se niegan los derechos universalmente aceptados en esta materia, igual cosa ocurre con la normativa para preservar el medio ambiente de su abusiva explotación, y del uso de sustancias cancerígenas en los alimentos.
La presencia de esos elementos prohibidos, en salmones y cerdos sometidos a controles sanitarios de rutina del país al que eran exportados, dejó al desnudo el relajo criminal de las autoridades pertinentes, que en Chile tienen la responsabilidad de proteger a sus habitantes.
No es fortuito entonces, que aquí no se realicen los acuerdos internacionales suscritos por un gobierno, que no es capaz de juntar los votos de sus congresistas elegidos en el marco de su democracia anómala, puesto que su oligarquía, compuesta de politizados e influyentes señores, vetan con su poderosa voz la ratificación de estos acuerdos que limitarían sus malsanos privilegios.
Nada provechoso podemos exhibir, el mentado crecimiento se estancó, y cuando en breve tiempo este se produjo, solamente benefició a los ricos.
Es aquí donde podemos poner en duda la capacidad del mercado de asignar mejor los recursos, el modelito funciona, pero no para servir el interés general, sino que el particular, los intereses de los grandes empresarios.
Un modo no ideológico de comprensión de este fenómeno, que dé garantías de que lo que se afirma es verdadero, consiste en usar la tecnología que nos brinda Internet.
Entremos a un programa que nos muestre la foto tomada desde el satélite a Santiago de Chile u otra ciudad de importancia en tiempos sucesivos y a intervalos anuales.
Allí se mostrará las imágenes irrefutables de la expansión económica y los logros de calidad de vida de sus beneficiarios, el fruto de aquellos escasos recursos puestos a disposición del mercado.
El contraste entre el Stgo-Oriente con el Stgo-Sur nos indica con claridad, la ampliación de sus avenidas, sus potentes luminarias encendidas, la edificación de viviendas de calidad, comparada con la estancación de los barrios periféricos, su oscuridad, su nulo desarrollo, su pobreza.
Todo hace suponer, en el tiempo prudente observado de 2 décadas, que el apogeo del neoliberalismo concluyó, pasó de moda.
Sus perniciosos efectos nos seguirán penando, la descomposición de los barrios pobres, la frustración de sus incipientes seguidores, el estancamiento económico, la ruina de los nuevos ricos. El retroceso de las fuerzas políticas populares.
