Pese a las curiosidades y novedades que anunciaron para la nueva campaña, los dirigentes partidarios no lograron entusiasmar a los jóvenes para que renovasen el envejecido padrón electoral. Lo que hicieron durante la jornada del cierre de candidaturas puso al desnudo los por qué de esa renuencia.
Muchas curiosidades y novedades aportó la febril inscripción de más de 12 mil postulantes a la elección municipal, en una seguidilla de actos de última hora que ya no se sabe si corresponden sólo a un rasgo del carácter nacional o también a la búsqueda de un dramático efecto comunicacional.
En la santiaguina comuna de Estación Central no sólo hubo un traslado urgente de Gustavo Hasbún a La Florida, sino que se dejó en su lugar a un clon, el director de Desarrollo Comunal Rodrigo Delgado, quien, aparte de parecerse físicamente a su jefe, irradia el mismo semblante y habla y gesticula como él. En Huechuraba, la UDI resolvió inscribir un candidato de mentira, un dirigente juvenil que no disputará realmente el sillón a Carolina Plaza, la que -pese a los graves cargos que le levantó Contraloría- tiene todas las posibilidades de ganar.
En Recoleta, el igualmente cuestionado alcalde Gonzalo Cornejo hará campaña por la vicepresidenta del partido, Sol Letelier, para asegurar que la clientela conquistada a lo largo de tantos años no se disperse. En Santiago Centro, el golpe contra el candidato Pablo Zalaquett no se produjo, después de evaluarse en la Alianza los cuantiosos daños que se producirían si se hubiese puesto en su lugar, al filo de la medianoche, nada menos que a Joaquín Lavín.
La gran novedad fue el pacto por omisión entre la(s) Concertación(es) y el Juntos Podemos. La Democracia Cristiana se decidió por fin a dar el gran paso, pero las mismas reticencias que mostró en los intentos anteriores limitaron el alcance de lo logrado. Estación Central fue la piedra de toque. Los comunistas aún tienen la esperanza de que su candidato, Hugo Gutiérrez, pueda verse asegurado por una bajada del contrincante decé. Pero bajar a Néstor Santander será más difícil que no haberlo inscrito, por lo que el emblemático abogado de Derechos Humanos –ese hombre que nunca sonríe, al menos públicamente- tendrá que dar una batalla épica, en la que tal vez su compromiso y seriedad le granjeen los apoyos d socialistas, pepedés y radicales.
Sería una forma más de romper en la base la unidad de la Concertación, quien ha presentado dos listas para concejales, una “democrática” y otra “progresista”. La presencia de dos apellidos distintos en la papeleta electoral exuda división. Esto es más que una imagen, como lo prueban los apoyos que algunos próceres oficialistas están anunciando a candidatos descolgados de la Concertación que corren como independientes, porque el pacto respectivo no los puso a competir. El senador decé Jorge Pizarro llegó a pedir al Tribunal Supremo de su partido, en una carta que se filtró, que le congele la militancia, en desacuerdo con que no se apoyara la candidatura de la señora de un alcalde cuestionado por irregularidades, el que pretende así replicar el modelo del matrimonio Kirchner en la política chilena.
En la santiaguina comuna de Estación Central no sólo hubo un traslado urgente de Gustavo Hasbún a La Florida, sino que se dejó en su lugar a un clon, el director de Desarrollo Comunal Rodrigo Delgado, quien, aparte de parecerse físicamente a su jefe, irradia el mismo semblante y habla y gesticula como él. En Huechuraba, la UDI resolvió inscribir un candidato de mentira, un dirigente juvenil que no disputará realmente el sillón a Carolina Plaza, la que -pese a los graves cargos que le levantó Contraloría- tiene todas las posibilidades de ganar.
En Recoleta, el igualmente cuestionado alcalde Gonzalo Cornejo hará campaña por la vicepresidenta del partido, Sol Letelier, para asegurar que la clientela conquistada a lo largo de tantos años no se disperse. En Santiago Centro, el golpe contra el candidato Pablo Zalaquett no se produjo, después de evaluarse en la Alianza los cuantiosos daños que se producirían si se hubiese puesto en su lugar, al filo de la medianoche, nada menos que a Joaquín Lavín.
La gran novedad fue el pacto por omisión entre la(s) Concertación(es) y el Juntos Podemos. La Democracia Cristiana se decidió por fin a dar el gran paso, pero las mismas reticencias que mostró en los intentos anteriores limitaron el alcance de lo logrado. Estación Central fue la piedra de toque. Los comunistas aún tienen la esperanza de que su candidato, Hugo Gutiérrez, pueda verse asegurado por una bajada del contrincante decé. Pero bajar a Néstor Santander será más difícil que no haberlo inscrito, por lo que el emblemático abogado de Derechos Humanos –ese hombre que nunca sonríe, al menos públicamente- tendrá que dar una batalla épica, en la que tal vez su compromiso y seriedad le granjeen los apoyos d socialistas, pepedés y radicales.
Sería una forma más de romper en la base la unidad de la Concertación, quien ha presentado dos listas para concejales, una “democrática” y otra “progresista”. La presencia de dos apellidos distintos en la papeleta electoral exuda división. Esto es más que una imagen, como lo prueban los apoyos que algunos próceres oficialistas están anunciando a candidatos descolgados de la Concertación que corren como independientes, porque el pacto respectivo no los puso a competir. El senador decé Jorge Pizarro llegó a pedir al Tribunal Supremo de su partido, en una carta que se filtró, que le congele la militancia, en desacuerdo con que no se apoyara la candidatura de la señora de un alcalde cuestionado por irregularidades, el que pretende así replicar el modelo del matrimonio Kirchner en la política chilena.
Y pueril resulta el anuncio de la Alianza de que cantará victoria la noche del 26 de octubre cuando se le anuncie como la lista más votada, por encima de las dos de la Concertación. No contenta con eso, pretende que el Servicio Electoral les quite a ambas el nombre común y les deje sólo el apellido distintivo. Ciertamente que tanto circo les da la razón a los jóvenes que no quisieron inscribirse en el envejecido padrón electoral, dejándolo con sólo un 7,6 por ciento de menores de 30 años de edad.
