“Banks and markets – Twin twisters – The financial crisis claims another two victims, and once again the taxpayer picks up the pieces”.
Para facilitarte la comprensiva te lo pongo en parlancia nuestra: “Los bancos y los mercados – Tornados gemelos – La crisis financiera hace dos nuevas víctimas y una vez más el contribuyente paga la cuenta”.
La citada revista estima necesario explicar tan eficiente sistema y para facilitarte el tráfico neuronal te lo pone clarito, clarito:
“El Capitalismo reposa en un principio muy claro: aquél que recibe los beneficios debiese asumir el dolor. Para que el sistema funcione es necesario que de vez en cuando los banqueros pierdan su empleo y los inversores sus camisas. Pero si el colapso de Bear Sterns o de Fannie Mae debiese sembrar la destrucción por ese principio, le impondría un precio terrible en pérdidas de empleos y de producto a todos los demás. La indigesta verdad es que cuando una crisis financiera golpea, el Estado tiene que transar para imponer tanto dolor como pueda, pero asumiendo de todos modos una amplia parte de las pérdidas”.
Los redactores de “The Economist” saben que hay chatos como nuestros “expertos” que tienen un pistón atrasado, o que renguean de la pituitaria, a los que hay que pre digerirles la papita y enseñarles la tabla del uno. Por eso precisan lo siguiente: “En Fannie y en Freddie -como también, escandalosamente, en los bancos de inversiones-, los beneficios fueron privatizados, pero los riesgos fueron socializados”.
Lo que tiene el inmenso e inconmensurable mérito de aclararnos que quienes manejan la manija no son tan anti socialistas como creíamos todos, cándidos inocentes ingenuos crédulos y panolis como somos, todo depende en realidad de lo que hay que socializar, y ya puestos, por ejemplo, si se trata de las pérdidas, ellos están de acuerdo, y ahorita mismo, sin necesidad de manifestaciones, ni de revoluciones, ni de pronunciamientos, ni de golpes de Estado, ni de nada, así de sencillo.
Otras cosas no, pero humor, los británicos tienen y del bueno. Lee esto que te vas a reír a gritos, como si no tuvieses que pagar la cuenta:
“El 13 de julio Hank Paulson, ministro del Tesoro de los EEUU, se paró en sus oficinas como un ministro de Hacienda de algún país emergente cualquiera, y presentó un plan de emergencia para salvar a Fannie Mae y a Freddie Mac, dos gigantescos bancos hipotecarios que deben o aseguran 5,2 billones de dólares (U$ 5,2 millones de millones…). Dos días más tarde, Ben Bernanke, presidente de la FED, puso el temor de Dios en los mercados advirtiéndole al Congreso de una asquerosa amalgama de inflación y peligros económicos”.
Por si no lo sabías el Congreso yanqui tenía que aprobar la fabricación de miles de millones de dólares para salvar los dos bancos fallos al caldo, de ahí los anuncios de las penas del infierno de Bernanke.
“The Economist” concluye exactamente como este modesto servidor lo viene haciendo desde hace algunos meses sin ser ni británico, ni “experto”, ni doctor en economía:
“La lección inmediata es que la crisis financiera, que ya tiene casi un año, está lejos de terminarse”.
Y para terminar de clavar el clavo agrega:
“Aun si la crisis se revelase menos aguda de lo que los pesimistas temen, va a durar mucho más de lo que los optimistas esperan”.
Tú, tranquilo: nuestro ministro de Hacienda y el Banco Central lo tienen todo controlado. Pero igual anda preparando la tarjetita de crédito o la chequera, uno siempre sabe.
Who’s paying? (¿Quién paga la cuenta?)
¿Y cómo va la crisis financiera? Bien gracias. Ahí está desarrollándose normalmente, lo que quiere decir que quién paga la cuenta somos nosotros, el personal. Mientras tanto los ministros de hacienda, los “expertos”, los banqueros centrales, el FMI y otros bufones conocidos siguen explicando la inflación con manzanas, -“que la demanda interna, que un fenómeno externo, que la inflación subyacente, que esto que lo otro y que aquí y allá”-, y las tasas de interés usureras con la herramienta de siempre: el desparpajo.
No lo digo yo, lo dice “The Economist”, una respetable publicación británica nada más “business friendly”, que en su edición del 17/07/2008 publica una nota cuyo título ya lo dice todo:
