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Agosto 18, 2026

Juventud y A.D.I.D.A.S (¿Asociación de Idiotas Dispuestos a superarse?)

No se puede concebir todavía la renuncia a toda encomiable voluntad humana que está llevando a cabo la juventud chilena de hoy. Se ha dicho de todo y al mismo tiempo nada al respecto: que están más adelantados tecnológicamente que las generaciones anteriores, que son más desinhibidos y por lo tanto abiertos de pensamiento, que no tienen empacho en restregar en la cara de las autoridades sus demandas ciudadanas. Lo cierto que no se puede reducir a toda la juventud al interior de una matriz de sentido cargada a la estupidez, y esto porque las ciencias sociales (ciencias que aún no han demostrado atisbos de ciencia) al ser imperfectas, incluyen a un amplio grupo de sujetos que enfrentan su espíritu al  espejo de la inteligencia.

Sin embargo la maldad patente en este escrito me impide referirme a ellos y sí en cambio describir con todas las palabras que me permita una plana, la porqueriza en la cual se revuelcan cual cerdos toda esa majadería que se nos explica son las “tribus urbanas”.

Todo mundo ha sido joven y por lo tanto todos han pasado de la adolescencia a la adultez, a menos que un examen psiquiátrico demuestre lo contrario. De tal forma huele a resentimiento cuando un crítico decide abrir la boca, enfrentando el devenir “histórico” de la juventud en nuestro tiempo, con sospecha y duda como principales herramientas. Se me dice “ay gentilhombre, usted no nos entiende, empréstenos cien pesos para la chela mejor”, cada vez que me enfrasco en muy pueriles e inservibles intercambios de sustantivos y bostezos con la gallada que se amontona en la esquina de mi casa. De una cosa estoy seguro: los parques urbanos ya se han transformado en una demasiado pintoresca galería de músicos, donde sin duda la atención mayor se la llevan los “chelistas”, que interpretan las conmovedoras sonatas y suites de Escudo o Cristal. Ecce Hommo Chilensis.

La juventud de hoy, que gracias a los Medios de Incomunicación identificamos bajo los rótulos de Pokemón, Prostitulais o Visuales, viene demostrando desde hace algún tiempo un enorme desprecio hacia las estructuras modernas de pensamiento que durante décadas no han ofrecido algo nuevo o digno de loa. Nadie tiene hoy en día demasiadas esperanzas en esa fortaleza de concreto unidimensional y capitalista que solía llamarse Universidad y que hoy se vende a sí misma como “Educación Superior”; pocos asisten a unas librerías repletas de obras cuyos precios exorbitantes se agradecen al impuesto a los libros; nadie disfruta de la buena música en un país que eleva a estatus de “artista” a cualquier avechucho que armado de guitarra y berreos, susurra tonaditas a la cama y a otros improvisados lechos amatorios ¿Qué se puede esperar entonces de una juventud parida en los 90, con todo ese bagaje cultural?

Una de los aspectos que más llama la atención en nuestro tiempo, es la asombrosa dependencia juvenil de las nuevas Tecnologías, específicamente aquellas vinculadas a la Internet. A través de Facebook o Fotolog, esa juventud caricaturizada en las delirantes tribus urbanas, exhibe una síntesis extraordinaria de su acontecer diario, que va desde la adquisición de zapatillas hasta el erotismo patente en un sinfín de fotografías “altamente artísticas”, haciendo gala de una simpleza y chocarrería de la que antes nunca habíamos recibido noticias. Se trata de sujetos apartados de la estructura social por un sistema represivo que no los representa ni incluye, pero que mantiene su banal estándar de vida, basado en el consumismo y una muy inocente concupiscencia. El sistema nada atractivo les ofrece, salvo el suvenir con el cual adornarán sus diminutos cuerpos: bisutería, sombreros, marroquinería, plástico, alcohol y dibujos animados traídos de oriente (¡Quizá hasta podríamos hablar de una mística populachera!)

Tampoco se trata de manifestar el fin del periodo de la razón y en cambio el advenimiento del sujeto posmoderno ¿Es que acaso la Modernidad ha caído por sí misma o es ella la que regenta toda esta hecatombe? ¿Es ella la culpable al fin y al cabo, con un capitalismo híper inflado que se le ha escapado de las manos? Nietzsche habló alguna vez respecto a la trasmutación de toda axiología y pienso que falta mucho para aquello, de manera que sólo precisamos recurrir al término “estupidez” para explicar lo que ocurre con nuestra juventud chilena. Ellos, los que se identifican con “las tribus urbanas”, están manteniendo todo un sistema moderno llamado “comercio”, adquiriendo una mercadería que de forma ulterior será exhibida en los epicentros de toda una generación criada a base de hamburguesas e infinita mala conciencia: El Mall (el mal), las arterias urbanas, los muy raídos parques e impredecibles piletas ¿Ecce… Hommo?

La verdad es que pareciera no haber bálsamo para las problemáticas que afectan a la juventud, y esto porque ni ella ha sabido detectar sus heridas. Por allí pululan alegría chicas y chicos, orgullosos en virtud de sus galas urbanaoides, vomitando en cualquier esquina, arrojando pedruscos durante reyertas que ni a ellos mismos preocupan, dejándose arrastrar por un capitalismo sin límites que mantiene enajenados sus cerebros y sus corazones. ¿A qué conduce la juventud chilena? Al nihilismo: egoístas y ramplones, logran anularse casi de manera absoluta al interior de las modas que por voluntad impuesta han elegido, cumpliendo al pie de la letra TODOS los cánones exigidos por los pares ya que de otra manera, se consideran a sí mismos como insignificantes. Después de esa magnífica revolución del año 2006 mal llamada “De los pingüinos” –el Estado y sus lacayo ningunean cualquier acontecer que huela a pensamiento independiente- pareciera que la juventud se está hundiendo en la ciénaga del abatimiento: consumen, jadean, danzan y poncean. A esto se han reducido.

Concluyo como bien la había hecho hace algún tiempo “¿Y quién tiene la culpa de tamaña masacre? ¿La estructura básica de la sociedad, la familia? Eso lo podríamos creer de un país donde las cosas no fueran a medias y tuteladas siempre por poderes fácticos como es el caso chileno, de manera que la responsabilidad recae directamente en la sociedad ya que es ella la encargada de crear y preservar los espacios para el correcto y positivo –de acuerdo a consensos axiológicos- crecimiento intelectual y espiritual de la juventud. Pero ¿Desde cuándo a los liberales les ha interesado el correcto y evolutivo devenir histórico? No hay modo de engañarse: la izquierda hoy en día no tiene poder de decisión en el espíritu de las naciones aún cuando lo peor del socialismo esté a la cabeza del país (socialismo abortado en última instancia). Sin duda la izquierda tiene una gran labor: la de crear los espacios para la reflexión y pensamiento crítico, que fueron derrocados por un tirano, es cierto, pero precisamos renacer para otorgar algo de esperanza a generaciones enteras que están destinadas a vivir suspendidos en este “mundo feliz”.