Respecto de que es la Presidenta de todos los chilenos, también habría que recordarle que el ex presidente Lagos propalaba el mismo concepto. Sin embargo, todos sabemos que terminó siendo el presidente de los chilenos más privilegiados. Cuando el ex presidente Salvador Allende pronunció la frase referida a que él no era el presidente de todos lo chilenos, justamente reseñaba que gobernaba para el sector más desposeído y para la clase media de nuestro país, es decir para las grandes mayorías. No señora Bachelet, ningún presidente o gobernante de ningún país, puede serlo de todos los nacionales; siempre se privilegia a un sector. La sabiduría de un gobernante, que se dice socialista, radica en saber y tener la determinación de privilegiar al sector más desposeído que es quien recurrió con su voto a elegirla Presidenta de la República.
En este mismo sentido, la presidenta Bachelet emulando, tal vez, la Asamblea de Notables, ha tenido a mal convocar a Consejos o Comisiones cuyos miembros son designados a dedo, para debatir los grandes temas que debieran ser discutidos por toda la ciudadanía. Debemos recordar que la Asamblea de Notables del 16 de febrero de 1817 se reúne, única y exclusivamente para ofrecer el cargo de Director Supremo de la nación al general José de San Martín después de su victoria sobre los realistas en la batalla de Chacabuco. Al rehusar dicho nombramiento se le confiere el cargo al general Bernardo O’Higgins.
Dicha Asamblea de Notables se convoca a pesar de que el 4 de julio de 1811, se realiza la Sesión de Instalación del Primer Congreso Nacional, constituyéndose así en uno de los Parlamentos más antiguos del mundo, precedido sólo por los de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Sin embargo, el 15 de noviembre de ese mismo año, se produce un golpe de Estado que disuelve el Congreso.
Es cierto que el actual Congreso Nacional no representa realmente a la ciudadanía ni es un fiel reflejo de la correlación de fuerzas en el conflicto político, pero no se puede someter a los parlamentarios de la coalición de gobierno a una situación de castración de sus derechos a actuar de acuerdo a sus principios, arguyendo falta de lealtad hacia la presidenta Bachelet.
Y si de lealtades hablamos, ¿qué grado de lealtad ha tenido la Presidenta con los principios que condujeron a la creación del Partido Socialista de cuyas filas ella es militante? Ella, como la militante más destacada por el cargo que ocupa, tenía el deber de rescatar los principios del socialismo, sin embargo, no ha hecho más que profundizar la crisis de dignidad que se observa en su seno, convirtiendo a sus parlamentarios en personajes de caricatura, expertos en genuflexión.
En septiembre del 2006, con motivo de la “revolución pingüina” escribí un pensamiento relacionado con las dignidades, que bien podría tener características de propuesta. Pienso que cada día que pasa ésta se hace más actual, por lo que me permito reproducirla.
En Chile, donde todo se transa en términos monetarios, y donde el lenguaje es predominantemente comercial, no podría hablarse sino en estos términos para referirse a todo tipo de temas.
La riqueza, de la que tanto se habla en este país, para lo único que ha servido, de acuerdo a mi modesta opinión, es para comprar dignidades. Propongo, por lo tanto, crear, al igual que la Bolsa de Valores, una Bolsa de Dignidades. Con esto, se evitaría la situación que acontece desde hace un tiempo, en que se transan las dignidades en un mercado informal. Es así, como sucede hasta ahora, que por más presiones que ejerce el mercado de dignidades, existen algunas, las del tipo A, que no han entrado al juego de las transacciones: me refiero a las dignidades de los dirigentes estudiantiles llamados pingüinos.
Hay también las del tipo B con su valor nominal de dos subtipos: B1 y B2. Las del tipo B1 han estado saliendo del mercado y ya no se están transando; corresponden a las dignidades de algunos dirigentes sindicales. Las de tipo B2, todavía se encuentran en el mercado, pero con sus valores al alza: corresponden a las dignidades de algunos dirigentes sindicales que aún creen en las promesas de un gobierno ciudadano y de un crecimiento con igualdad. Por suerte son cada vez menos.
Las del tipo C están en el mercado de las dignidades, pero se nota una tendencia a la baja cada vez más pronunciada. Esto se debe a la sobreoferta: corresponden a las dignidades de muchos políticos de la Concertación, de diversos partidos.
Las del tipo D, a pesar de estar en el mercado de las dignidades, no se están transando, pues su categoría de dignidad totalmente amorfa, impide pronosticar su comportamiento a futuro: estas dignidades corresponden a los políticos de la Democracia Cristiana.
Por último, están las del tipo E, cuyo valor comercial es el más bajo de todas las anteriores. La oferta es inmensa, lo que saturó el mercado y, por consiguiente, la demanda es mínima: estas dignidades corresponden a los dirigentes del así llamado Partido Socialista de Chile.
