La mayoría de los niños chilenos nacen fuera del matrimonio, alrededor del 60 por ciento, según las estadísticas. ¿Significa que vinieron al mundo sin padre? De ser así ¿tiene esto alguna consecuencia? ¿Es preferible tener padre? ¿Qué es un padre, qué atributos hace que alguien se haga merecedor del título de padre? Para algunos las respuestas están y son contundentes como los dogmas. No hay nada que preguntarse y el hecho de hacerlo ya es sospechoso de alguna falla moral y/o insuficiencia mental. Dejemos a quienes necesitan creer que todo está claro para poder vivir sin angustia y continuemos este desarrollo.
En lo que se cuenta de Claudio en la entrevista, un aspecto notable es que se relate que vivió separado de sus presuntos padres gran parte de su niñez ( hay un acápite aparte sobre su infancia al que en clave psicológica se le intitula “Punto de partida”) y que en sus años escolares fue expulsado de los colegios a los que asistía, hasta que apareció en su vida un señor de un apellido relativamente corriente en nuestro medio, y que casualmente la historia de su patronímico se asocia a un personaje histórico de la Conquista, al que la Inquisición llamó la atención por engendrar un número aproximado de 200 hijos con las hijas de los pueblos originarios, y frente a lo cual él habría contestado diciendo que se hacía más favor a la causa del Padre Celestial poblando las Indias con nuevos cristianos que teniendo remilgos porque para eso se requiriera de fornicar un poquito. Este ciudadano, del apellido de marras, es descrito por la periodista como “un hombre lleno de fantasía que le hizo atisbar que la vida es mágica” y al cual Claudio respondió con agradecimiento convirtiéndose en buen alumno y que por afecto a él se esforzó y consiguió uno de los puntajes nacionales en el bachillerato.
Un verdadero padre, si uno considera que Claudio es famoso por sus éxitos en el estudio y la investigación en el ámbito académico internacional. Sin embargo el discípulo decide no adoptar el nombre de su mentor al enterarse de que el suyo, famoso, no le corresponde si de linaje biológico se trata. ¿Será porque es un hombre de las ciencias llamadas exactas? Es un lugar común actualmente hacer la distinción entre el concepto de padre biológico y el de padre psicológico.
Querrá decir entonces que en esto de quien es el padre predomine y muchos prefieran darle más importancia a lo biológico, genético, que a la dimensión psicológica vale decir a la relación afectiva, aún cuando ésta sea la que ayude a construir la persona humana.
Otro famoso cambio de apellido en nuestra historia es el del Padre de la Patria. La historia de su infancia me resulta más conmovedora que la de Claudio. Nació producto de una relación de un jerarca de la corona española de más de 50 años de edad con una muchacha criolla de 18. Difícil imaginarse una historia muy romántica, si además consideramos que Ambrosio no debe haber sido un Adonis a juzgar por su sobrenombre de “el Camarón”, que hacía referencia al color enrojecido de su piel.
Bernardo figuró como Riquelme, como correspondía por ser considerado según los cánones de la época como hijo ilegítimo y que le hizo acreedor del apelativo de “el huacho”, hasta que recibió la herencia de su padre, quien en su testamento siendo Virrey del Perú le dejó una cuantiosa fortuna.
Cierto es que el poderoso padre de Bernardo desde el comienzo dirigió su educación desde la distancia. Cuenta la historia que solo lo divisó en una ocasión, cuando tenía 6 años, desde una habitación mientras el niño jugaba en el patio de la casa de la familia Albano, en la ciudad de Talca. Allí había decidido el jerarca que su hijo residiera y comenzara su formación antes de que continuara su peregrinaje por diversos lugares completando su educación, lo que culminó con su estadía en Londres donde habría de tomar contacto con los subversivos que soñaban con la emancipación de las colonias españolas y lo que le produciría tantos malos ratos y enredos políticos a Ambrosio el Virrey.
Más curioso en esto del nombre de los hijos en relación con el de su padre, resulta el que Rosita la media hermana por lado materno de Bernardo e hija de un señor Rodriguez decidiera llamarse O’Higgins. Esto apunta a que el sonido del apellido mismo puede ser un atractivo cuando trae resonancias de poder. Se ha sostenido que la tradición cultural nuestra trasmite que la madre da la vida y el padre el nombre. ¿Bastará que el padre dé el nombre para considerarlo el padre?
A otro científico chileno, tan conocido como Claudio, se le ha oído decir que para él nunca fue un problema no tener padre, pues no se percató de que no tenerlo constituyera un problema, lo que atribuye a que su madre, una mujer que quién la conoció la admiró, le trasmitió que no le faltaba nada. Eso no impide que a él se le conozca con sus dos apellidos, como dicen que Dios manda, de modo que en su caso el padre cumplió con su cometido de darle el nombre, aún cuando no se ganó por esto mucho reconocimiento del hijo.
En estos días se muestra en el canal nacional de televisión una teleserie de título “El señor de la querencia”.En ella se recrea lo que habría sido la vida de los terratenientes y sus inquilinos en el Chile de los años 20. Se pone énfasis en la desordenada sexualidad de que se hace gala dentro y fuera de la casa patronal, lo que seguramente tiene como propósito, entre otros, el de asegurar el rating. Se ilustra también como el comportamiento sexual va de la mano con la explotación y el abuso. Pero lo que raya en lo asombroso es que el patrón de La Querencia se llame José Luis Echeñique, apellido este último de connotados y rancios ciudadanos chilenos. Alguien me comentó que se habría descartado que fuera Larraín por lo manoseado que estaba desde que se le asociara a personajes de la farándula. Errázuriz se excluyó, según fuentes bien informadas, para no ahondar la fractura con los obispos católicos después del episodio de la anticoncepción de emergencia. Traigo esto a colación como un fenómeno sociológico interesante relacionado con el nombre de los hijos y los padres.
Respecto a lo anterior puede ser motivo de satisfacción que la legislación chilena actualmente vigente considere que todos los hijos son iguales sin los adjetivos degradantes del pasado: ilegítimos, naturales, adulterinos, sacrílegos, entre los que recuerdo.
A propósito de los adjetivos humillantes cabe recordar que Bernardo O’Higgins tuvo descendencia: Pedro Demetrio, un hijo fruto de un gran amor con una mujer casada, que lo acompañó en sus campañas militares por lo que se la apodó la Generala. Este hijo, adulterino, según la taxonomía en uso hasta no hace mucho, tuvo mala estrella. No fue bien querido por su padre, el que según testimonios de contemporáneos lo maltrató, y murió envenenado al parecer por la familia de su novia quienes tal vez no lo consideraban a la altura para ser un pariente oficial. Pedro Demetrio dejó hijos en Perú y de allí descienden algunos que se apellidan O’Higgins. En años recientes ha circulado la información que también habría tenido una hija engendrada con una indígena de la etnia pehuenche que pertenecía a su servicio doméstico y a quien habría tenido mucho afecto por lo que se habría preocupado de casarla con un hombre de su confianza y con recursos. Ninguno de estos hijos usó el apellido proveniente del Virrey.
Por otro lado resulta digno de aprobación que hoy en día los chilenos podamos decidir el orden con que se usan los apellidos, vale decir que no es obligatorio que el apellido del padre anteceda al de la madre. Si agregamos que la ley autoriza la modificación legal de los nombres no es aventurado imaginar que en un futuro los seres humanos van a poder elegir como se les nombra, pudiendo disfrutar del derecho a una mayor libertad en la construcción de su persona. Ya Shakespeare hablaba, a través de Julieta, sobre las consecuencias destructivas de los nombres en el drama de los Capuletos y los Montescos.
¿El padre da el nombre? ¿Seguirá siendo así? ¿Bastará con eso?
FELIZ DIA A TODOS LOS PADRES. SE LO DESEAN ¿TODOS LOS HIJOS/AS?
*Por Donoso Caballero