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Agosto 18, 2026

La cultura de Monteverde: su vigencia actual

Diego Rivera,  que abandonara el cubismo y otros modernismos y una vida de éxito en Europa para volver a México y embellecer con su arte mural inspirado en el Renacimiento italiano los edificios públicos de su patria  y  Gabriela Mistral tiene algo en común en su arte.  Pareciera que en ambos la sensibilidad artística les permitió identificar sin titubeos las raíces primogénitas de nuestra historia y de nuestra cultura en las manifestaciones culturales de la  población indígena del continente. Como queda ampliamente demostrado en su respectiva y abundante obra pictórica y poética.  

En este contexto es interesante destacar que lo que la sensibilidad de estos artistas identificara sin problemas,  esta siendo en los últimos años confirmado de manera científica en Chile por estudios llevados a cabos por investigadores norteamericanos y chilenos de la Universidad Austral, en el sitio de Monteverde, en la Décima Región,  a escasos kilómetros de Puerto Montt.  Science, tal vez la revista científica, mas prestigiosa del mundo en su número del 9 de Mayo publica un artículo de estos investigadores que establece que hace 14 000 años existía en esta región un núcleo cultural humano capaz de usar algas y otros recursos marinos, probablemente con fines medicinales y alimenticios (Science. 320:784-786. 2008). Un comentario en la misma revista Science indica que es obvio “que esta cultura Monteverdeana  tenía un amplio conocimiento de los ecosistemas de la costa de la región y también una larga historia de usar sus productos con diferentes fines.”  Interesantemente,  esta investigación ha sido también comentada favorablemente en la prensa lega como en el New York Times,  sin que esto haya encontrado gran eco en la prensa nacional o en el Gobierno de Chile. Probablemente porque esta relevante y original historia no afecta el burdo patrioterismo de los mezquinos intereses económicos,  lo que hace entonces innecesario la nerviosa ansiedad de la Cancillería y de las Embajadas y de los organismos preocupados de la imagen del país.

La importancia científica de este artículo, y de otros previos por los mismos investigadores,   indudablemente tiene variadas facetas como lo comentan los autores  de el,  incluyendo el hecho que retrotrae el pasaje de grupos humanos a las Américas  a través del istmo de Behring a por los menos a 16 000 años atrás y establece la presencia humana en Sur América a mas de 14 000 años. Esto es aproximadamente entre 2000 a 4000 años más que las previas estimaciones. Los hallazgos además indican que probablemente la migración desde Alaska a la Patagonia se produjo a través de  rutas costeras más que a través de rutas interiores. Así mismo  los hallazgos revelan una cultura sofisticada, capaz de recolectar algas (cochayuyo, luche), plantas acuáticas y de los bosques cercanos a la costa incluyendo papas silvestres, y de construir herramientas y de aplicar todos estos  elementos a la alimentación y a la medicina y probablemente al intercambio con grupos viviendo lejos del mar. Este trabajo también ilustra la relevancia de la colaboración científica entre investigadores de diversos países y la importancia científica e histórica del estudio del entorno natural y de sus productos en las diversas regiones geográficas del país. Esto porque la identificación de varias de las algas y de los otros productos vegetales encontrados en Monteverde fue posible gracias a estudios previos de diversos investigadores chilenos  que habían caracterizado estas algas y  estos  productos vegetales. Esto es una ilustración clara de cómo la investigación científica que a veces aparece sin una utilidad practica inmediata puede en el momento adecuado abrir caminos inesperados y relevantes para la interpretaciones en la ciencia y en otros aspectos de la cultura.

¿Tienen alguna relevancia estos hallazgos en Monteverde para el presente?  Sin lugar a dudas,  ya que es  placenteramente satisfactorio al leer el artículo aprender por ejemplo que el uso de componentes clásicos de la comida de la X Región y de Chiloé como son el cochayuyo y el luche tiene una historia de uso de más de 14 000 años en la dieta humana.  Con este conocimiento uno puede entender mejor porque platos típicos de la región como el charquicán de cochayuyo, las cazuelas de cordero  con cochayuyo y con luche y las papas con luche que son tan apetitosos han  perdurado a través del tiempo,  resistiendo los embates de la introducción de alimentos aparentemente mas sofisticados pero con menor tradición y contenido nutritivo.  Estos estudios también ayudan a desmitificar la historia ya que uno no puede dejar de pensar cuan equivocado estaba don Alonso de Ercilla y Zúñiga cuando en La Araucana dice respecto de Chiloé y el Canal de Chacao en 1558:  “Aquí llego donde otro no ha llegado, Don Alonso de Ercilla que el primero, en un pequeño barco deslastrado, con solo 10 cruzo el desaguadero”.  Ignorando que en la región vivía una civilización,  que eclipsando a la española,  tenía más de 14 000 años de fundación y de historia. Esta civilización existía cuando la isla de Chiloé era aun parte del continente,  ya que en esa época no existía el Canal de Chacao.  Estos hallazgos estimulan también a mirar con cierta moderación y escepticismo  los anuncios ostentosos y demagógicos acerca de la celebración del Bicentenario de la Independencia de Chile. La república de solo 200 años de vida que ha sido incapaz  de reconocer plenamente y de manera generosa los derechos de los pueblos originarios que han vivido por más de 14 000 años en el país, y con ello asumir plenamente su historia como los novedosos hallazgos científicos discutidos  parecen exigirlo.   
 
El comentario en la revista Science respecto de que “la civilización Monteverdeana  tenia un amplio conocimiento de los ecosistemas de la costa de la región y también una larga historia de usar sus productos con diferentes fines” tiene también una relevancia actual. Esto porque estamos asistiendo a un deterioro acelerado de estos ecosistemas costeros a lo largo del país como resultado de su contaminación con desechos humanos, industriales y agrícolas y por el uso de ellos en actividades como la acuicultura y la pesca.  Estas últimas actividades que se desenvuelven  en la ausencia de la bases científicas y tecnológicas que las deberían sustentar,  como lo demuestran los problemas que ellas encuentran para su continuo desarrollo, parecen no haber ido mas allá del empiricismo de los primeros habitantes de la región. De esta forma,  mientras la civilización Monteverdeana usaba los productos  de estos ecosistemas costeros en su alimentación y en su medicina,  la civilización actual los destruye a través de su acelerada e irracional explotación,  creando en este proceso problemas sanitarios y sociales como las epidemias de vibrios,  las mareas rojas y la cesantía. En  este contexto  histórico los recientemente  destemplados  y  paternalistas juicios de un burócrata empresarial de la salmonicultura diciendo que sin esta actividad la Decima Región volvería a su prehistoria,  se demuestran una vez mas como fruto de la ignorancia y del desprecio rustico  por la historia, la tradición y la gente de la región.  Para terminar este breve comentario sobre Monteverde y su relevancia actual podríamos parafrasear al recientemente fallecido y famoso paleontólogo profesor de la Universidad de Harvard,   Stephen Jay Gould cuando dice,   “Una característica común de las revoluciones científicas mas importantes  siempre ha sido  el derrocamiento de las arrogantes convicciones acerca de la centralidad y de la preponderancia de algunos grupos humanos sobre otros en la historia,  y del ser humano en el Cosmos.” Lo que aplicado a la historia de Chile podría interpretarse como que es hora de que reconozcamos que la cultura chilena tiene una historia de más de 14 000 años y no solo de 500 o 200 años como nos gustaría creer y parecemos diariamente celebrarlo. Con todas las implicaciones culturales, políticas y sociales que esto reconocimiento tiene, para la afirmación basada en la mejor ciencia de los derechos fundamentales de los pueblos originarios.

Dr. Felipe C. Cabello
Miembro Correspondiente, Academia Chilena de Ciencias
Miembro Honorario, Academia Chilena de Medicina,
 Instituto de Chile