Desde sus humildes orígenes y dificultosa juventud hasta su reciente muerte, pasando por sus periodos de auge y magnificencia. Cien millones de dólares de fortuna lo atestiguan. Decenas de establecimientos educacionales creados y formados al alero de la dictadura de Pinochet, desde centros de formación técnica hasta universidades, lo confirman. Según se ha dicho, Rocha era “un Tomista” (un seguidor y admirador de Santo Tomas de Aquino); sus universidades –entre ellas la muy católica Universidad Santo Tomas de Aquino, que cuenta con varias sedes en el país–, fueron creadas en ese molde
Sin embargo, lo que mas llama la atención es el tratamiento que ha recibido de la Iglesia Católica. Estamos hablando de un sujeto al que, todos los elementos y pericias conocidas, señalan no solo como el autor de un brutal homicidio con ensañamiento –el del anciano Jaime Oliva, quien vivía un tranquilo retiro en el balneario de El Quisco en compañía de su esposa– , sino también de un sujeto que mato a su a su victima mediante el expediente de torturarla –hasta provocarle un paro cardiaco– con una arma de electroshock. En otras palabras, torturo a Jaime Oliva hasta matarlo. El incendio de la casa y la posterior incineración del cadáver de Jaime Oliva solo tenían por fin tratar de ocultar el deleznable crimen anteriormente descrito. Es mas, esto lo hizo con premeditación –incluyendo la previa contratación de un “detective privado” para localizar y espiar a su victima– y también con alevosía –se hizo acompañar de dos otros sujetos, empleados de el, para no tener problemas en reducir físicamente al anciano que era casi treinta años mayor que Rocha–.
Rocha, quizás como producto de sus celos descontrolados -y ahora sabemos, celos también infundados– , rabia, y también de su imprevisión, fue victima del incendio que inicio con el fin de calcinar el cadáver de Jaime Oliva. Rocha resulto gravemente quemado y esas lesiones le causaron finalmente la muerte, 74 días después del crimen que cometió, en su cama de la Clínica Indisa en Santiago, donde había sido internado.
Hasta aquí, esto no seria sino una pagina mas de la crónica roja, quizás con el agregado de la fortuna y de la relevancia social –dentro de cierto tipo de “sociedad”: aquellos que se reconocen como pertenecientes a la “gente de bien”– , del asesino.
Sin embargo, a través de los días y las semanas transcurridos, nos hemos enterado de otras situaciones que resultan difíciles de explicar: Rocha, siendo un católico integrista, estaba casado. Sin embargo, hace muchos años había dejado a su esposa legitima (esposa en los “ojos de Dios”) para irse a vivir con otra mujer. Con esta mujer tuvo tres hijos, hijos –desde el punto de vista de la Iglesia Católica– del pecado: todos ellos resultados del deseo y de la fornicación.
Hasta el día de hoy en muchos –si no en la mayoría– de los establecimientos educacionales regentados por la Iglesia Católica se exige que los padres de los estudiantes allí matriculados estén casados e incluso, en el caso de que los padres estén separados o, peor aun, divorciados, esto impide que ese estudiante pueda ingresar a ese establecimiento.
En el caso de Rocha, esto no fue así: no solo sus hijos estudiaron en colegios católicos (sin que, obviamente, nadie les exigiera los mismos requerimientos que al resto de los alumnos) sino que se ha informado que el propio Papa Juan Pablo II, algún tiempo antes de morir, recibió a Rocha y a su conviviente en una visita privada. En otras palabras, el Papa recibió a dos personas que estaban viviendo en “pecado mortal” (en concubinato) y que lo continuaron haciendo después de su visita al Pontífice, hasta el momento de la muerte de uno de ellos. A partir de esto, da la impresión de que la Iglesia Católica no aplica las mismas razones y la misma lógica –e incluso esta dispuesta a torcer o a no aplicar sus propias normas a personas seleccionadas– cuando se trata de “gente de bien”. El caso de Cecilia Bolocco y la rápida anulación de su anterior matrimonio por la Iglesia, para poder casarse nuevamente por la Iglesia con Carlos Menen, cuando este era aun Presidente de Argentina, vienen a la memoria.
Es mas, el episodio criminal de Rocha llevado a cabo en el balneario de El Quisco, en contra de Jaime Oliva, no fue el único: hubo también episodios de violencia intrafamiliar que, esporádicamente, afectaron a su conviviente y de los cuales quedo evidencia judicial a través de distintas denuncias.
Dentro de este escenario, la muerte de Rocha no habría sido objeto de mayor análisis, si no es porque tras su muerte se efectuaron, obviamente, sus funerales. Y, para extrañeza de muchos, sus funerales, que se llevaron a efecto de manera privada tras un velatorio en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas en el Cajón del Maipo (oh, sorpresa!), continuaron con una misa (mas sorpresa aun!!!) , que también fue privada, a la que asistieron desde Lucia Pinochet hasta Marta Larraechea (pasando por el Senador Nelson Avila y por el diputado Maximiano Errazuriz, entre otros conspicuos de todo el espectro político) y contando con la presencia del Obispo Bernardino Piñera.
Extraña situación para quien no solo asesino a otra persona, un anciano que no estaba en condiciones de defenderse, sino que esta acreditado pericialmente que le causo la muerte a través de torturas… Y, mas sorprendente aun, es constatar que ahora se trate de proyectar, a través de una campaña comunicacional, la imagen de alguien a quien hay que admirar –y seguir en su ejemplo– porque Rocha seria uno de los “educadores” (a través de la creación de “universidades negocios”) mas importantes que ha tenido Chile… Esto ultimo, la pretensión de mostrar a Rocha como un ejemplo digno a emular, sin que salgan voces en contrario, ayuda en parte a explicar el estado de la educación en nuestro país…
Por último, toda esta situación me trae a la memoria una vivencia que me toco presenciar de muy cerca: el inesperado e inexplicable suicidio de la hija de una querida amiga mía. La hija de mi amiga, de profesión médico y cursando un postgrado en la UCLA, se suicido en la ciudad de Los Angeles probablemente como producto de una depresión. Presencie el dolor de mi amiga, indecible, indescriptible, inenarrable. Supe de su viaje a Estados Unidos para traer los restos de su hija de regreso a Chile. Supe después de su peregrinar de iglesia en iglesia y de parroquia en parroquia para solicitar un espacio para poder velar el cadáver de su hija y para efectuar una misa de despedida. Supe de su dolor al ser rechazada en cada uno de esos lugares –por esta misma Iglesia Católica que acaba de honrar a Rocha con una misa– porque, le dijeron, su hija se había suicidado… (y probablemente muerto, por lo tanto, en “pecado mortal”). Finalmente mi amiga fue acogida por la Iglesia Ortodoxa quien proveyó el lugar para el velorio de su hija y también efectuó la misa que mi amiga deseaba para despedirla y que había solicitado a la Iglesia Católica…
Extraña sociedad esta de la “gente de bien”, extraña Iglesia esta que despide “privadamente” a un asesino (millonario) pero que se niega a despedir a una suicida (joven y talentosa). Extraña Iglesia que le ofrece una misa a quien vivió hasta su último suspiro en estado de “pecado mortal” (conviviendo con otra persona distinta de su legítima esposa) y que aduce el “pecado mortal” como excusa para no realizar una misa por quien no causo nunca un daño a otro… Extraño país este, que se define como católico, y que observa todo esto en silencio y que calla lo que seguramente siente “en el fondo de su alma”, para no ofender o provocar disgusto en la “gente de bien”, o, al Obispo Piñera y a la jerarquía eclesiástica.
Pedro Alejandro Matta <
p.matta@vtr.net