El economista Jacques Chonchol, experto de economía agraria y ministro de Agricultura durante el gobierno de Salvador Allende, ordena esta crisis y detecta sus principales causas, las que se relacionan entre sí, confluyen de forma imbricada, crean pliegues y nudos ciegos. Una evidente situación de crisis cuya salida no es posible observarla en el corto plazo. “Hay una serie de factores de distinta naturaleza que influyen en esto”, comenta Chonchol. “Cuál es la importancia de cada uno de ellos en este momento, es difícil saberlo con exactitud”.
Indudablemente a corto plazo hay algunos que influyen más que otros…
“Así es. Uno es que el calentamiento global está afectando negativamente la producción con sequías e inundaciones. ¿Cuál es el impacto real? Difícil medirlo. Otro factor ha sido el fenómeno de las malas cosechas. Todo esto ha disminuido los stocks de reserva, los que generalmente representaban el 30 por ciento del abastecimiento mundial. Esto ha bajado a un 25 por ciento y lo más probable es que siga bajando si no hay una recuperación de la producción. Actualmente los stocks se estiman en unos 405 millones de toneladas, que representan más o menos el consumo mundial de dos meses. Todo esto lleva a la especulación. Este es un fenómeno que afecta a todas las materias primas, y por cierto en los alimentos. Muchos de los capitales flotantes, especulativos, fondos de todo tipo, que se invertían en minerales y petróleo, han pasado ahora a invertirse en cereales. Al haber una situación de escasez, eso lo facilita mucho”.
¿Esto había ocurrido antes?
“Muchas veces. No es ninguna novedad, pero posiblemente ahora se ha acentuado. Hay ahora otro factor. La especulación también ha elevado los precios del petróleo, precios que a su vez inciden en un aumento del costo del transporte de los alimentos. Este es un factor adicional. Pero hay otros más. El aumento del consumo de carne en países como India o China. Hay una regla universal: para producir una caloría de carne se necesitan siete calorías de cereales. Por tanto, una buena parte de los cereales que se consumen en occidente no se destinan al consumo humano, sino a alimentar a los animales. En la medida que nuevos países, que antes consumían poca carne entran a aumentar su consumo de carne, aumentan también su demanda por cereales”.
¿La demanda mundial es muy grande?
“La producción exportada es muy baja. Es sólo el 15 por ciento de la producción mundial de granos. El resto se consume internamente. Por tanto, cambios menores en la producción total tienen un impacto fuerte en los precios. Con sólo un dos por ciento de diferencia entre la demanda y la oferta los precios se duplican”.
Es un mercado muy inestable
“Muy inestable y muy variable. Con una mínima variación de la cantidad se produce una gran variación en los precios. Y están por cierto las políticas de liberalización que se han aplicado en la gran mayoría de los países, las que han desfavorecido a los pequeños agricultores. Muchos han tenido que salir del mercado, por ejemplo, en México, con el maíz y el TLCAN. Toda esta política de libre mercado, que ha facilitado la importación en determinado momento de alimentos baratos, ha liquidado a la pequeña agricultura, que produce con costos más caros”.
¿Cómo se estructura la producción mundial de alimentos?
La comercialización está claramente en manos de grandes consorcios, aunque la producción está en manos de una multiplicidad de agricultores. Y son ellos quienes manejan los precios y pueden también especular sobre los precios. El productor algo se beneficia del alza de precios, pero sin duda que el gran beneficiado es el comercializador”.
Y están los biocombustibles…
Se calcula que en Estados Unidos se han destinado 60 millones de toneladas de maíz a producir etanol. A nivel mundial se destinan unos cien millones de toneladas. A medida que aumenta la destinación de tierras a producir biocombustibles eso indudablemente también influye. Es una nueva presión sobre la demanda y los precios. Mientras más plantaciones se dediquen a producir esto, mayor será el impacto sobre los precios”.
Esto sucede junto a un aumento de la producción de alimentos en el mundo…
“La producción no ha caído. El año pasado, aumentó un 2,6 por ciento. Pese a ello, con todos los otros factores señalados, el abastecimiento se ha complicado de una manera significativa. Hay que calcular también lo siguiente. En los países desarrollados, del presupuesto familiar es menos del 20 por ciento el que se gasta en alimentos; en los pobres, el 60 a 70 por ciento. El impacto social que tiene una subida de precios es enorme”.
¿Qué hacer frente a eso?
Bueno, en el corto plazo, la situación se ve muy grave. Sobre todo porque en 37 países se han registrado revueltas sociales. Es un clima de miedo, de inseguridad, de inestabilidad. En el mediano plazo, si aumenta mucho la producción, las cosechas, eso podría tener efectos sobre los precios.
P.W.
Entrevista publicada en revista Punto Final. Publicada en Clarín con permiso de su autor.
