La iglesia católica es ante todo, una fortaleza capitalista cuyo poderío tiene mucho que opinar en el país. Debido a la cuestión moral de la vitalidad del sujeto, contemplada por la Iglesia a la luz del muy arcaico argumento metafísico cuerpo y alma, un tribunal constitucional ha prohibido la distribución de la píldora del día después en consultorios públicos. El asunto de la píldora ya no debería ser “asunto” pero la verdad es que nuestro país se encuentra en una etapa de crisis moderna; no de mutación axiológica sino de inexorable decadencia.
Parece increíble que la Iglesia Católica todavía espete del hocico para fuera su moral de conventículo. Seguro que todos los altos cargos de esta institución están emparentados con el cura Gatica, que predica pero no practica. ¿Con qué tupe se nos enrostra una moral que ni ellos mismos creen? La cuestión de la primera causa ya ni siquiera es preciso abordarla pues ya hemos aceptado la construcción histórica del sujeto. Frente a la pregunta ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? Nosotros contestamos: No lo sabemos aún, porque si la conciencia cristiana hubiese perdido poder con la caída del Imperio Romano de occidente, hace 6 siglos tendríamos resuelta tal pregunta y ahora nos estaríamos estacionando en las nubes…
Lo cierto es que nada hay más descarado, más demoledor, más decadente que el cristianismo, y específicamente la iglesia católica. En Chile, esta institución mantiene negocios bastante rentables y neoliberales, con calles, parques, colegios, universidades y medios de comunicación entre sus riquezas. A través de sus organismos, la iglesia disemina su mediocridad discursiva, su filosofía kitsch, su rococó espiritual, manteniendo aturdidas a esas gentes vulgares que asisten cada domingo para recibir su ostia con el estómago lleno de culebras ansiosas por devorar tal insípido manjar fabricado, “dicen”, por las monjitas carmelas.
Acabo de contemplar el mensaje católico que un determinado “curita” empieza a hilvanar sobre la marcha, cada día luego del noticiario central de UCTV. Hoy se habló de la píldora del día después y de la “libre elección”, que según el asceta de turno, nada tiene que ver con el derecho a la vida. ¿Cuál vida defiende la Iglesia Católica? Una vida del alma y el cuerpo, que comienza a desarrollarse a partir del momento exacto de la penetración y la ulterior fecundación del óvulo. El pensamiento racional demuestra que tal idealización del hombre y la mujer se debe a la prevalencia del mito y una cierta dosis de mojigatería, pensamiento aborto, pues el sujeto nada tiene que ver con tales supercherías y en cambio tiene estrecha relación con la historicidad. Los problemas del alma, la metafísica de las costumbres, las fenomenologías y escatologías del espíritu, son fruta podrida, erudición pura, en cualquier caso filosofía muerta; afortunadamente –se supone- Hegel la sepultó, y sin embargo en Chile pareciera ser, todavía se cree en eso. He ahí nuestra tragedia.
Lo peor es la gazmoñería de la iglesia católica. Mientras ridiculizan al sujeto histórico con sus monsergas apocalípticas de principios de siglo, regentan un canal de televisión que hace del sexismo, la puerilidad y la tontería verdaderos manuales de estilo. Nos hablan del “derecho a la vida” y estructuran un programa cuyo gran premio es una macilenta, rubicunda y muy vulgar señorita, cuyo amor han de pelear poco más de una docena de machos. Nos mencionan “la moral” y “las buenas costumbres”, mientras rinden pleitesía al lecho y moteles que tal y cual futbolista o mujerzuela de rigor utilizaron para llevar a la praxis la técnica amatoria descrita por los antiguos de oriente hace siglos. Intercalan sus discursos cristianos luego del noticiario central, como antesala para lo que a continuación se presentará: obesos luchando por abandonar su tragedia, teleseries extranjeras y nacionales donde la mujer nuevamente es el fetiche de rigor, misceláneos donde con lupa estudian el almizcle encontrado en los calzoncillos de cuanto gentil hombre esté de moda…
¡Y qué bien les ha ido por cierto!
No sólo en términos de plusvalía económica, sino que finalmente sus preceptos se cumplen y todo el país danza en torno a su verdad. Como Chile está habitado por una obtusa maraña de pusilánimes incapaces de manifestar su odio y desprecio toda vez que las estructuras del poder les juegan en contra, el “pensamiento” católico triunfa una vez más. Allí surgen los corros derechistas vomitando su idiotez a diestra y siniestra, con la venia del obispo y sus lechuzas, pululando estupidez con la valentía propia de los imbéciles. Sin ir más lejos, durante la marcha programada el día 22 de abril que exaltaba la rabia popular producto del fallo del tribunal constitucional, permanecían en la acera miembros sectarios de la iglesia católica diseminando su idiotez amparados en lo único que les da sentido existencial: pelo rubio, nariz puntiaguda, culo sonrosado. Dicen que relincharon como bestias toda vez que les tocó agua bendita, mientras algún vanguardista comenzó a rapear con el “ave maría” y el “alabaré a mi señor”. Ecce Hommo Chilensis.
Lo cierto es que ya no podemos esperar el fin de la religión porque como paradigma, Dios ya está muerto. Lo que sí podemos hacer, es albergar la esperanza del ocaso de una estirpe que paulatinamente nos conduce hacia el infierno, y que pronto acabará con las 10 o 15 neuronas que nos quedan…
