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Agosto 18, 2026

¡Qué equivocada está la Presidenta !

Por lúcida y apropiada, suelo utilizar la frase de un amigo cuyo prologado exilio en Francia le hizo ver que en Chile somos “esclavos, no ciudadanos”. Que estamos acostumbrados a aceptar las decisiones de las autoridades de cualquier tipo sin más análisis. Desde las órdenes que señala el profesor de aula hasta las medidas medioambientales pasando por las condiciones de los servicios públicos. Alegamos, claro, pero no ejercemos una ciudadanía activa que nos exige menos chismorreo y más acciones concretas.

La manida frase, sin embargo, a la que recurro cada vez que deseo graficar esta tendencia chilena a la queja sin consecuencias, está en retirada. Las masivas manifestaciones de esta semana son reflejo de que las cosas están cambiando. Miles de personas son capaces y se sienten en el derecho de desafiar un dictamen de un Tribunal Constitucional saliendo a las calles, tomando lo que les es propio para luego disolverse sin siquiera un disturbio. El caso de los estudiantes es parecido si se tiene en consideración el mérito que a ellos les cabe como iniciadores y ejemplo de un ejercicio responsable de la ciudadanía desde la llamada Revolución Pingüina. Los casos de violencia que exceden las pretensiones de esta crónica tienen muchas más aristas, entre las que se consideran la rabia contenida de miles de jóvenes que ya lo están dejando de ser mientras las condiciones en las cuales estudian siguen iguales o peores y, la sempiterna saña extrema con que las fuerzas policiales reprimen este tipo de actos.

Hoy vemos mejor que nunca cómo las personas ejercen el derecho que les asiste a manifestarse. Desde un facebook o correos masivos hasta el derecho a huelga, cuyo tufillo a desestabilización del orden institucional se ha ido perdiendo a medida que nos alejamos de la dictadura.

Por cierto que debe resultar complicado saber qué es lo que la “gente piensa”, cuando ya el mismo sinónimo “gente” está manoseado y abusado. Basta echarle un vistazo a los sondeos de opinión de dudosa calidad que a diario dan cuenta de los temores, anhelos y necesidades de “la gente”, que a veces no es más que un puñado de habitantes de la ciudad de Santiago que en sus casas poseen teléfono que a la hora de la encuesta respondió cualquier persona menos la dueña de casa.

El Partido Comunista tiene preparada para este año una ofensiva campaña en contra del sistema electoral vigente. Así se lo señaló Guillermo Teiller a la Presidenta de la República en una reunión informal en el marco de la visita y despedida de la mandataria a Volodia Teitelboim, en el estar de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Clínico de la Universidad Católica , a fines de enero. Ella manifestó abiertamente  su deseo de realizar un plebiscito que diera cuenta de la voluntad popular en este sentido. El rostro de la Presidenta Bachelet era elocuente en el desánimo que sentía frente a la imposibilidad de llevarlo a cabo. Según ella, estaba cierta que “la gente” aspiraba a un sistema electoral que terminara con las graves distorsiones que produce el binominal…claro, se lo decía a Teillier, cuyo partido ni siquiera tiene un sillón en el Congreso Nacional. Sin embargo, y a pesar de la casi certeza que abrigaba de que, nuevamente,  “la gente” apoyaría un cambio en este sentido, su desmoralización se arraigaba en que este mecanismo no era vinculante y las consiguientes quejas y reclamos que vendrían por parte de la oposición respecto de los gastos “innecesarios” que implicaría una consulta de este tipo.

¡Qué equivocada está la Presidenta de la República !

Las más de 12 mil personas que salieron a la calle esta semana saben que el Tribunal Constitucional es la palabra máxima y que su fallo es inapelable. Que no hay instancia superior a la que acudir para corregir sus despropósitos. A pesar de ello, sentían la necesidad de manifestar su disconformidad, de gritarla a los cuatro vientos, el “derecho a pataleo” que les asiste y que aunque no sea vinculante deja de manifiesto cómo a pesar de que institucionalidad no se ve vulnerada, ésta sí es capaz de vulnerar y conculcar los derechos de los mismos que desea proteger