Si hay algo que hicieron muy bien los intelectuales de la Derecha durante el gobierno de facto en que fueron sus padrinos, eso puntualmente consistió, en corregir en una nueva Constitución Política del Estado, la debilidad que consideraron tenía la del 25, que permitió que un presidente socialista accediera al poder. De modo tal que la nueva Carta Magna asegurara que el orden burgués jamás volviera a ser amenazado como lo fue durante el gobierno del presidente Allende.
Es así como esa nueva Constitución debía ser necesariamente impuesta al país, de otro modo jamás la ciudadanía la habría aceptado. Actualmente nadie pone en duda que votar esa Constitución no habiendo registros electorales fue un fraude preestablecido. Considérese que la Derecha durante mucho tiempo sostuvo que la Constitución era legítima en su origen, ahora, después que han ocurrido ciertos sucesos, han trasladado el origen con valor de legitimidad, a las maniobras que han llevado a cabo con la Concertación en sus sucesivas modificaciones cosméticas.
De manera que es al pueblo de Chile a quien se le ha impuesto sin consultársele las reglas del juego del país que habita. Y le han impuesto, nada menos que la Carta Magna, la Constitución Política del Estado.
La Constitución nació con un vicio. Es el vicio de su aprobación, que fue anómalo, tramposo y humillante. Desde luego que aún está pendiente sincerar ese acto vicioso que el pueblo exige repetirlo. Toda modificación de la forma del acto vicioso, pero no de su sustancia, es vicioso también y es moralmente impresentable.
La Constitución vigente, – que no por ser vigente se le quita lo viciada, puesto que su aceptación es bajo amenaza de fuerza y su letra así lo indica- transforma un acto legítimo, -como podría ser la convocatoria a plebiscito de la ciudadanía representada por la presidenta Bachelet que recibió su mandato- en un acto ilegal, susceptible de ser juzgado, arriesgando por ello, ser destituida de su cargo.
El derecho de un pueblo a aceptar libremente su Carta fundamental, es un derecho propiamente humano, y ese derecho no ha sido ejercido. Se ha postergado indefinidamente.
No es aceptable celebrar un contrato privado, en donde se compre o venda la libertad por ejemplo. De la misma manera, no es aceptable una Constitución que sea inmodificable. En el primer caso tenemos una esclavitud encubierta de formalismo legal, y en el segundo es una Constitución dictatorial encubierta de formalismo democrático.
Existe la oportunidad en las próximas elecciones municipales, que no están regidas por el binominal , en agregar una papeleta que podría someter la Constitución a su legitimación. El problema es que esta iniciativa no está contemplada en la letra de la ley, sin embargo, una fuerte presión política podría establecerla.
Una iniciativa salida desde el gobierno sería una forma muy efectiva de ganar liderato y terminar su período con los bonos en alza. Creo que la presidenta aún tiene en amplio apoyo popular, y este apoyo se potenciaría con una acusación en su contra, polarizando al electorado que pasa por un estado de apatía. Sería muy positivo que el gobierno dejara un registro histórico de su intento por llegar a una auténtica democracia.
La señora Alvear también tiene su gran momento como para encabezar esta iniciativa. Ella sabe que tiene el camino difícil, es calculadora pero le falta carisma, y con esto se elevaría al nivel de una diosa. Ella ha hecho bien en expulsar a tiempo a Zaldívar, se nota que maneja bien las matemáticas puesto que en vez de sumar ha restado, considerando obviamente que restar números negativos es equivalente a sumar.
El presidente Lagos, qué duda cabe. Justificaría plenamente ser el candidato sin necesidad de primarias. Lograr como candidato lo que no pudo hacer como presidente sería un gran apronte para vislumbrar su segundo período.
Los socialistas, en fin.
El Juntos Podemos, tan buena idea que se ha diluido en nada. Era tan buena idea, que hoy es eslogan de Movistar y le han agregado el Más, increíble: Juntos podemos más. No está mal, todos juntos en torno al referendo constituyente.
Por último los colorines y los discípulos de Flores. Gran oportunidad para revertir el estado vegetal en que han quedado postrados sus respectivos gurúes después de sus discursos acusatorios. No estaría mal condicionar su entusiasta acogida en el nuevo Arcoiris de la Derecha, a la aceptación de un referendo por parte de ellos.
Falta la decisión política que he planteado en la pregunta endecasílaba que encabeza esta nota. ¿ Quién le pondrá el cascabel al gato?
Acaso están esperando que el pueblo auto-convoque.
De manera que es al pueblo de Chile a quien se le ha impuesto sin consultársele las reglas del juego del país que habita. Y le han impuesto, nada menos que la Carta Magna, la Constitución Política del Estado.
La Constitución nació con un vicio. Es el vicio de su aprobación, que fue anómalo, tramposo y humillante. Desde luego que aún está pendiente sincerar ese acto vicioso que el pueblo exige repetirlo. Toda modificación de la forma del acto vicioso, pero no de su sustancia, es vicioso también y es moralmente impresentable.
La Constitución vigente, – que no por ser vigente se le quita lo viciada, puesto que su aceptación es bajo amenaza de fuerza y su letra así lo indica- transforma un acto legítimo, -como podría ser la convocatoria a plebiscito de la ciudadanía representada por la presidenta Bachelet que recibió su mandato- en un acto ilegal, susceptible de ser juzgado, arriesgando por ello, ser destituida de su cargo.
El derecho de un pueblo a aceptar libremente su Carta fundamental, es un derecho propiamente humano, y ese derecho no ha sido ejercido. Se ha postergado indefinidamente.
No es aceptable celebrar un contrato privado, en donde se compre o venda la libertad por ejemplo. De la misma manera, no es aceptable una Constitución que sea inmodificable. En el primer caso tenemos una esclavitud encubierta de formalismo legal, y en el segundo es una Constitución dictatorial encubierta de formalismo democrático.
Existe la oportunidad en las próximas elecciones municipales, que no están regidas por el binominal , en agregar una papeleta que podría someter la Constitución a su legitimación. El problema es que esta iniciativa no está contemplada en la letra de la ley, sin embargo, una fuerte presión política podría establecerla.
Una iniciativa salida desde el gobierno sería una forma muy efectiva de ganar liderato y terminar su período con los bonos en alza. Creo que la presidenta aún tiene en amplio apoyo popular, y este apoyo se potenciaría con una acusación en su contra, polarizando al electorado que pasa por un estado de apatía. Sería muy positivo que el gobierno dejara un registro histórico de su intento por llegar a una auténtica democracia.
La señora Alvear también tiene su gran momento como para encabezar esta iniciativa. Ella sabe que tiene el camino difícil, es calculadora pero le falta carisma, y con esto se elevaría al nivel de una diosa. Ella ha hecho bien en expulsar a tiempo a Zaldívar, se nota que maneja bien las matemáticas puesto que en vez de sumar ha restado, considerando obviamente que restar números negativos es equivalente a sumar.
El presidente Lagos, qué duda cabe. Justificaría plenamente ser el candidato sin necesidad de primarias. Lograr como candidato lo que no pudo hacer como presidente sería un gran apronte para vislumbrar su segundo período.
Los socialistas, en fin.
El Juntos Podemos, tan buena idea que se ha diluido en nada. Era tan buena idea, que hoy es eslogan de Movistar y le han agregado el Más, increíble: Juntos podemos más. No está mal, todos juntos en torno al referendo constituyente.
Por último los colorines y los discípulos de Flores. Gran oportunidad para revertir el estado vegetal en que han quedado postrados sus respectivos gurúes después de sus discursos acusatorios. No estaría mal condicionar su entusiasta acogida en el nuevo Arcoiris de la Derecha, a la aceptación de un referendo por parte de ellos.
Falta la decisión política que he planteado en la pregunta endecasílaba que encabeza esta nota. ¿ Quién le pondrá el cascabel al gato?
Acaso están esperando que el pueblo auto-convoque.
