Las 12 mil personas que desfilaron en el centro de Santiago expresan también la reivindicación de un derecho que algunos miembros de las clases dirigentes se niegan a reconocer: la libertad de conciencia en actos básicos como la reproducción y en desafíos complejos como el de planificar una familia. Resultó extemporáneo, por decir lo menos, que mientras los funcionarios de la salud pública preparaban sus movimientos de protesta por este sojuzgamiento de los dirigentes conservadores, los presidentes de los dos partidos de derecha recorriesen servicios médicos para visualizar in situ lo que ellos llaman “la crisis hospitalaria”, como si éste fuere un fenómeno nuevo y no uno que se arrastra desde el comienzo de los gobiernos de la Concertación, los que lo heredaron a su vez de la dictadura militar.
Larraín y Larraín no sintonizan con las protestas a favor de la píldora, sino con los que están por prohibirla, junto a los dispositivos intrauterinos. Y ¿qué pueden ofrecer ellos para remediar los males de la salud pública, después que el régimen con el que se identificaron no hizo sino deteriorarla?
En el oficialismo, si bien procuran cosechar frutos por la destitución de Provoste, la campaña pública y mediática en torno a este resonante hecho político se vuelve en su contra. La presidenta de la Democracia Cristiana no encuentra nada mejor que sumergirse, después del cuestionado acto con escolares en la municipalidad de Quilicura. Lo que es peor: al interior de la Concertación está advirtiendo que su partido no pagará los costos por el show de Curepto y respaldará al subsecretario de redes asistenciales, Ricardo Fábrega, que milita en sus filas. Los decés sienten que ya han pagado con las salidas de los dos anteriores ministros de Educación e Interior y el de Transportes.
La situación de Alvear es difícil: de baja en las encuestas presidenciales, en pocos meses de gestión tiene a su partido con un senador expulsado, cinco diputados renunciados y una ministra destituida constitucionalmente, en un entrelazamiento causal de situaciones. Pero el chovinismo partidario no debiera ser una bandera a enarbolar sobre todo si otro militante, Luis Ajenjo, concuñado de Alvear, enfrenta severos cargos judiciales. Echar la culpa a la avanzada presidencial no soslayará que los responsables de Curepto y otros ineptos pertenecen al conjunto de la Concertación. Lo que completa el drama es que los acusadores, los de la Alianza, también dan su triste espectáculo de corruptelas y actos aviesos, como lo demuestran los informes de la Contraloría en los casos Huechuraba, Lo Barnechea y Recoleta.
