Joaquín Lavín demostró ser muy Opus Dei al preferir a su familia antes que al partido, en la querella del municipio de Huechuraba, y también irremediablemente mediático al lanzar por televisión su rechazo a la acusación constitucional a la ministra Provoste. Los dirigentes de la Alianza no parecen darse cuenta de que con estas actitudes se abren más posibilidades para la derecha de ganar las próximas elecciones presidenciales.
Cuando Lavín estornuda, la política se agripa y la UDI cae en estado febril. Así ha ocurrido con los dos últimos regresos a la escena del ex candidato presidencial. Primero con su profesión de fe bacheletista, manifestada justo cuando la estrategia del desalojo parecía apoderarse de los ánimos aliancistas, y ahora con su rechazo a la acusación constitucional a la ministra Provoste.
El problema para su partido es que hasta hoy no ha logrado posicionar otra carta presidencial con posibilidades ganadoras. Para comprometerlo, los dirigentes le pidieron en el último retiro termal que conformase con Longueira y Coloma un terceto para barajar el naipe electoral de los próximo juegos municipales. Lavín aceptó, pero les dejó en claro dos cosas: que podría ser candidato a alcalde o senador, pero no a Presidente de la República y que debían aceptar sus posiciones a veces un poco heterodoxas.
Aquí fallaron los cerebros de la UDI en adelantarse a los acontecimientos, tal como le critican a los equipos de la Presidenta Bachelet. El jueves de la semana pasada empezó a desarrollarse en la comuna de Huechuraba un conflicto entre la alcaldesa y el asesor informático del municipio, ambos militantes gremialistas, al destituir la primera al segundo y acusarse mutuamente de irregularidades. El conflicto escaló: la edil Carolina Plaza dijo que querían amedrentarla, mientras el destituido Isaac Givovich guardaba silencio. Por él habló su suegro, nada menos que el propio Lavín.
Al “poner las manos al fuego” por su yerno, el ex candidato demostró ser muy Opus Dei: prefirió a su familia –con un miembro judío incluido- antes que al partido, que se alineó con la alcaldesa, y al cual le pidió no meterse en el asunto, porque él llevaría las cosas de verdad hasta el final, cayera quien cayese. Después vinieron actos dignos de un sainete: Carolina Plaza corriendo donde el Contralor General de la República a entregarle las llaves del municipio, para que revise todo; los concejales concertacionistas adelantándosele, pero con la diputada Saa llegando tarde; Sebastián Piñera telefoneando a Ramiro Mendoza, después que en la víspera Lavín obtuviese del mismo la respuesta al mail que le enviase poco antes. Y Plaza a la salida victimizándose no como mujer, sino como David contra Goliat.
El resultado de todo esto es una disrupción de Lavín favorable a las aspiraciones presidenciales de la derecha. La UDI no parece darse cuenta de que la actitud resuelta de aquél contra la corrupción en los municipios de la Alianza, desmarcándose de sus partidos, no hace sino realzar su figura ante la ciudadanía, la que puede obviar el hecho que le tocaron a un familiar inserto en una franja de poder. Los dirigentes se enredan porque este líder les presta apoyo a Bachelet y Provoste y ni siquiera se los advierte: va a canal 13 de televisión y lanza la bomba.
Ahora se opone a la acusación contra la ministra, porque se la quiere hacer pagar por todos los actos de corrupción, que no son patrimonio de la Concertación. Los políticos de la derecha se dan cuenta del impacto mediático de esta actitud y se ponen ante focos y micrófonos, pero su naturaleza les impide celebrar, en vez de atacar, a quien se atrevió a romper el juramento de los partidos.
(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile FM 102.5).
El problema para su partido es que hasta hoy no ha logrado posicionar otra carta presidencial con posibilidades ganadoras. Para comprometerlo, los dirigentes le pidieron en el último retiro termal que conformase con Longueira y Coloma un terceto para barajar el naipe electoral de los próximo juegos municipales. Lavín aceptó, pero les dejó en claro dos cosas: que podría ser candidato a alcalde o senador, pero no a Presidente de la República y que debían aceptar sus posiciones a veces un poco heterodoxas.
Aquí fallaron los cerebros de la UDI en adelantarse a los acontecimientos, tal como le critican a los equipos de la Presidenta Bachelet. El jueves de la semana pasada empezó a desarrollarse en la comuna de Huechuraba un conflicto entre la alcaldesa y el asesor informático del municipio, ambos militantes gremialistas, al destituir la primera al segundo y acusarse mutuamente de irregularidades. El conflicto escaló: la edil Carolina Plaza dijo que querían amedrentarla, mientras el destituido Isaac Givovich guardaba silencio. Por él habló su suegro, nada menos que el propio Lavín.
Al “poner las manos al fuego” por su yerno, el ex candidato demostró ser muy Opus Dei: prefirió a su familia –con un miembro judío incluido- antes que al partido, que se alineó con la alcaldesa, y al cual le pidió no meterse en el asunto, porque él llevaría las cosas de verdad hasta el final, cayera quien cayese. Después vinieron actos dignos de un sainete: Carolina Plaza corriendo donde el Contralor General de la República a entregarle las llaves del municipio, para que revise todo; los concejales concertacionistas adelantándosele, pero con la diputada Saa llegando tarde; Sebastián Piñera telefoneando a Ramiro Mendoza, después que en la víspera Lavín obtuviese del mismo la respuesta al mail que le enviase poco antes. Y Plaza a la salida victimizándose no como mujer, sino como David contra Goliat.
El resultado de todo esto es una disrupción de Lavín favorable a las aspiraciones presidenciales de la derecha. La UDI no parece darse cuenta de que la actitud resuelta de aquél contra la corrupción en los municipios de la Alianza, desmarcándose de sus partidos, no hace sino realzar su figura ante la ciudadanía, la que puede obviar el hecho que le tocaron a un familiar inserto en una franja de poder. Los dirigentes se enredan porque este líder les presta apoyo a Bachelet y Provoste y ni siquiera se los advierte: va a canal 13 de televisión y lanza la bomba.
Ahora se opone a la acusación contra la ministra, porque se la quiere hacer pagar por todos los actos de corrupción, que no son patrimonio de la Concertación. Los políticos de la derecha se dan cuenta del impacto mediático de esta actitud y se ponen ante focos y micrófonos, pero su naturaleza les impide celebrar, en vez de atacar, a quien se atrevió a romper el juramento de los partidos.
(Comentario transmitido por radio Universidad de Chile FM 102.5).
