La Presidenta Bachelet, al igual de sus antecesores de la Concertación , quiso tener ministros de su plena confianza, Se propuso, incluso, que su gabinete contuviera el mismo número de hombres y mujeres. Es más: prometió que nadie “se repetiría el plato” en los mismos cargos. Muchos tuvimos la confianza, asimismo, que su administración iba a exponernos rostros nuevos y saludables. Pero todo ello se ha desbaratado en dos años y el país comprueba que entran y salen de los cargos de confianza presidencial los mismos operadores políticos, más que los especialistas que requiere la conducción del estado para enfrentar las complejas y acuciantes necesidades en los temas de seguridad, relaciones internacionales, educación, trabajo, salud y otros que tocan al destino y al bolsillo de todos los chilenos.
Aunque el sistema binominal le regala a los partidos la soberanía nacional, es casi unánime su pésima evaluación, así como evidente que estas colectividades han derivado en agencias de empleo, maquinarias electoralistas en que sus cúpulas son verdaderas “bolsas de gatos” en su estridencia y uñas. Si en tantos años el Parlamento y los moradores de La Moneda no nos cambiaron las reglas del juego electoral, no piense usted que para los próximos comicios vaya a cambiar mucho la situación, cuando ahora quienes gobiernan y cogobiernan desde la Oposición coinciden que es justamente el binominalismo la barrera de contención para que los militantes que quedan no arranquen en estampida, los ciudadanos sigan acotados en las mismas opciones y los políticos sigan medrando en sus cargos o, simplemente, se cambien de un asiento a otro. Porque en la mexicanización de la política chilena “el que se mueve, no sale en la foto”, por audaces que nos parezcan ciertas rupturas y promesas de cambios que muy luego de esfuman en la farándula mediática.
Cumplido el mismo tiempo de la Dictadura y de lo que de ella se derivó institucional e ideológicamente, sólo es dable esperar del mundo social una movilización y refundación. Si las campanas fueron dobladas por los estudiantes secundarios, la esperanza hay que ponerla ahora en las nuevas organizaciones laborales y en esa cantidad de agrupaciones ciudadanas que requieren hilvanarse y movilizarse más coordinadamente. Más que preocuparnos, debe estimularnos a todos el alzamiento mapuche del sur, por las mismas razones que nuestra historia ha reconocido la legitimidad de su lucha contra la institucionalidad impuesta por la monarquía española y la que derivó de la fundación y consolidación feroz de nuestro Estado.
Tal como ayer, entonces, lo que cabe es cercar y acosar al conjunto de los favorecidos y favorecedores del sistema movilizaciones que despierten apoyo popular, conciten solidaridad internacional y persigan, no sólo las reivindicaciones sectoriales, sino las demandas de todos. Que no se inhiban frente a la manipulación escandalosa de los medios de comunicación uniformados y financiados ahora por el modelo de inequidad social y nepotismo político que se nos quiere perpetuar. Con las armas legítimas y las que se legitimen, por cierto, si la represión sigue provocativa y abusiva.
Cuando los hechos son indicativos de que las buenas intenciones de la Presidenta reciben un portazo en la propia sede de su Gobierno.
