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Agosto 18, 2026

Mapuche

La negación insensata de nuestro genuino ADN predominantemente indígena, es decir, del sustrato irrenunciable de nuestra existencia corpórea, nos hace percibir erróneamente las permanentes manifestaciones de rebelión de nuestros campesinos pobres del sur, como si ellas se trataran de odiosas irrupciones extemporáneas, personificadas por aquellos sobrevivientes de una lejana población perdida en el tiempo, dormida en nuestro imaginario infantil, compuesto de leyendas escuchadas a las abuelas y de historias que dibujábamos en los cuadernos de croquis sobre esos pequeños bancos escolares, que representaban las hazañas de aquella “indomable sangre araucana”.

Ellos hoy día, con sus finos rostros de rasgos orientales, sus tupidas cabelleras de liso pelo oscuro y su suavísima piel que jamás se ha vuelto áspera a pesar de todas las agresiones, de todos los engaños, de los  despojos y de todas las negaciones; aquí están, diciéndonos con dolor, con valentía, con muerte y con hambre, que también existen.
 
La pausada voz de Patricia Troncoso nos relata con tristeza la condición de su pueblo, la entereza ancestral con que ellos, la vanguardia pensante de su etnia, son sistemáticamente encarcelados por un Estado hipócrita, en virtud de una ley hipócrita llamada antiterrorista, confeccionada por un déspota sanguinario que la diseñó con el propósito de tener un instrumento legal con qué reprimir a quién osara revelarse, y hoy por hoy, es aplicada indebidamente con cínica dureza, por jueces embriagados por el poder y sus placeres adyacentes.
 
Ella se está muriendo mientras nos habla. La pusilánime actitud de un gobierno es no escuchar a sus hijos, a sus electores, es tener sólo oídos para los de siempre, para los que vienen avasallando desde el norte, para aquellos empresarios forestales que producen el milagro de hacer figurar puntos positivos en la  tasa de crecimiento, abultándola, a costa de contaminar, de destruir el medio ambiente y de diezmar a los comuneros agrícolas, esa triste actitud, es oponer el silencio de la incompetencia. Estos poderosos señores, que dirigen la mano que pretende escribir la historia, es necesario consignar aquí, encarnan solamente un vulgar proceso, un ruin episodio más de expansión económica, acorralando a las comunidades agrícolas que ya vienen retrocediendo desde antiguos acorralamientos.
 
El Estado de Chile y sus sucesivos gobiernos con algunas honorables excepciones, siempre han estado con los expansivos de todas las épocas, siempre han sido los verdugos de un pueblo que jamás ha tenido esa organización política llamada Estado, a pesar de que su data de existencia proviene desde el 600 AC nada menos.
 
 El mapuche, ha sido un pueblo guapo es cierto, pero jamás sojuzgó a nadie, no acumuló riqueza ni poder, no esclavizó a otros, vivió su vida y dejó vivir. Vivió en armonía con la hostil naturaleza y tuvo organizaciones amables, patriarcales y muchas veces volátiles que se convocaban en caso de peligro para luchar con mucha eficiencia contra el agresor. Conocían el concepto de fraternidad muchísimo antes de la revolución francesa y hasta el día de hoy lo practican.
 
La lengua mapuche se hablaba en el vasto territorio llamado hoy Chile y aún se escucha en algunas partes y con mucha fuerza. ¿No es acaso este hecho algo realmente notable, sobre todo tomando en cuenta que jamás se ha enseñado en las escuelas?.
 
Solamente la fuerza inequívoca de una Nación hace posible una hazaña de esta envergadura, ¡mantener una lengua por 26 siglos!,  y cohesionar durante cientos de años a una población étnicamente homogénea que alcanzó a más de 1 millón de seres humanos hasta la llegada de los españoles, diseminada por lo demás, en un vastísimo territorio según sabemos.
 
El pueblo mapuche no ha firmado ninguna paz, pero ha sido dominado por la fuerza finalmente, habiéndose mantenido libre del dominio español por casi 250 años mientras todos los pueblos de América habían caído bajo su yugo. ¿ No es aquello admirable, o debían de haber construido pirámides para que hoy se le respete?
 
Matías Catrileo cayó muerto por ráfagas de ametralladoras disparadas por Carabineros de Chile, por agentes del Estado chileno que habían sido destinados por los jueces a custodiar el predio del empresario Jorge Luchsinger. Este lo había adquirido en forma ilícita, fraudulenta. Esas tierras ancestrales fueron de exclusivo dominio mapuche, son emblemáticas para ellos y también entonces para los que nos decimos chilenos. Hay mucha historia que ha pasado por ese suelo. ¿Es acaso mucho pedir a un Estado, el que expropie esos terrenos para concederlo a sus legítimos dueños?
 
¿Debemos asistir a otra tragedia más, a la muerte de otro universitario hijo de campesino, de otra rareza estadística, de otro miembro de la elite mapuche ?.