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Agosto 18, 2026

Los silencios del Rey

¿Existe una democracia de súbditos?. Los españoles dicen vivir en ella. Paradoja. En una democracia de súbditos se practica la censura y el sometimiento a la corona. Si la  democracia es el gobierno representativo de ciudadanos electos en todos sus cargos, desde el jefe de Estado hasta el último edil, ha sido esta  capacidad de elegir  lo que se escatima al pueblo español y ello termina por convertir la monarquía en espuria. En otras palabras, no han podido decidir si quieren ser monárquicos o republicanos.
Y no se trata de una cuestión baladí. En este año 2008 Juan Carlos I de Borbón y Borbón  cumple 70 años. Historiadores, ideólogos y  medios de comunicación social adscritos al régimen se prestan a la labor de escribir la historia oficial. En su relato emerge un Juan Carlos I  predestinado.  Un salvaguarda de las libertades de España a fines del siglo XX y forjador de la monarquía liberal del XXI. Un ser capaz de transformar la animadversión de republicanos en vítores al cetro real. El virtuoso de la transición política. Cercano al pueblo, locuaz y  dispuesto a servir a su Patria, tolerante y receptivo, sería el rey de todos los españoles. Así,  su mérito fue  renacer bajo la tumba del Caudillo. Se paso de  Franco por la Gracia de Dios a Juan Carlos I por la Gracia de Franco. Pero debía olvidarse.  Para evitar semejante nexo histórico y recordar que fue  Franco, el alzado contra II República, quien restauraría una monarquía, la historiografía decidió  cambiar la nomenclatura para aludir el orden político franquista. Así se llegó a un acuerdo de necios. Se quitaría toda mención  a las formas de ejercicio del poder de los cuarenta años de dictadura.  La dictadura paso a llamarse anterior régimen y el dictador  ex-jefe de Estado. Denominación genérica para ocultar los orígenes espúreos de la actual dinastía monárquica. Es el primer silencio del Rey. Callar su origen. También provocar su olvido en la memoria de los españoles con la complicidad  de quienes por vergüenza debieron levantar la voz y recobrar el sentido común. Por suerte para  la dignidad  colectiva se puede recurrir a los discursos del monarca para saber su verdadera ideología y sus principios rectores.  Ellos hablan y no pueden callar el  pensamiento que subyace  en su fuero interno en el hijo político del dictador. Y no valen excusas. El día 22 de noviembre de 1975  jura cumplir y hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informan el movimiento nacional.  Con este fundamento ideológico se despacha a gusto: “ Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco sera ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea.  Con respeto y  gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada  responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí una exigencia de comportamiento y lealtad para las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos nobles y grandes el saber recordar  a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal.  España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su vida a su servicio.”

Pero en que quedamos: ¿no es un demócrata? Si hay duda y lo anterior entrase en la categoría de  desliz  de juventud e inexperiencia de un rey inmaduro, sería perdonable. Sobretodo si se trataba de rendir  honores a su protector  en tiempos de compulsión y con el cadáver del caudillo en cuerpo presente. Pero en 1982, España esta en otra historia. Se ha producido el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981 y se vive en medio de una gran fiesta constitucional. Por ello la BBC quiere emitir para su público en las Islas,  un reportaje sobre la monarquía española incluyendo con una larga  entrevista a Juan Carlos I. Por desgracia, el periodista   pregunta al rey sobre posibles  comentarios alusivos Franco.  Juan Carlos contesta  mas o menos lo siguiente: “…en mi presencia no tolero ni permito que nadie hable mal, ni mencione con desden o desacredite la figura  de Francisco Franco…”. Esta ha sido otra  consideración acorde con la  expresada en 1975.  De la entrevista pocos quieren retomar estas frases. La autocensura y la  Casa Real se encarga de guardar la ropa.  Los  cortesanos bailan al son que les toca La Zarzuela. Si el rey siente devoción por Franco es por convicción. Y eso no pasa  desapercibido para la derecha española. Fraga, Aznar, Rajoy, Botín, y el resto de los empresarios no  dudan de su fidelidad. Durante la dictadura, el entonces príncipe  guardó un silencio cómplice. El del verdugo que dice ejecutar ordenes y se lava las manos, pero disfruta haciendo su trabajo y es parte del sistema. No tuvo empacho en vivir de la pena de muerte, gracias a ella se mantuvo él y su familia. )Como va abdicar y permitir otro orden social y político.? Sería contra natura. Ademas quienes  apoyaron su nombramiento a capa y espada lo saben. En la actualidad  aumentan su riqueza  y hacen crecer su  fortuna hasta convertirla en una de las mas grandes de Europa. Lo cual no sería posible si no se amparase en la opacidad  para acceder a sus cuentas. Pero olvidaba que estoy hablando de la paradoja: una democracia de súbditos. Cuando se descubren sus negociados, emergen  testaferros. Son ellos quienes pagan con la cárcel. Los casos mas relevantes han sido  Las  Torres KIO y el grupo de Kuwait en Madrid con el  empresario De la Rosa o Colón de Prado y Carvajal en sus tejes u manejes de la banca. Ambos guardaron silencio para no inculpar a su real jefe y evitar mencionar lo que es un silencio a voces.  Las comisiones y pagos que el rey recibe por gestionar sus buenas maneras frente a los gobiernos de las alternancias. Son los mismos cómplices de una casa real donde una hija  trabaja en  la CAIXA y su marido organiza cursos y desarrolla toda la empresa familiar. Donde otro tiene un palacio a costa del erario público y sin mas labores que ser heredero. Eso sí, todos ellos  educan a sus hijos en colegios privados  para dar ejemplo de compromiso con el Estado. El rey cumple setenta años. Así, su vida es un amasijo de  corrupción, perdida de dignidad y falta de ética. Debiera  dimitir. Pero seguirá. El no es demócrata  y un 73% españoles según las encuestas  desean seguir como súbditos y  no transformarse  ciudadanos.