La enfermedad ya fue detectada por los artistas y para ello se ha favorecido con fondos estatales proyectos que buscan fomentar la educación de un público para que aprenda a apreciar el trabajo que se entrega sobre el escenario. Un esfuerzo que se celebra pero que no es suficiente, ya que son talleres de reducido alcance y que interesan, a unos pocos interesadísimos en las artes escénicas.
Frente a la avasalladora oferta teatral el público acude de inmediato a los medios de comunicación que no son suficientes para enfrentar una alud informativo de estas características.
No se puede culpar al mundo teatral, porque ellos han hecho su parte. Así, lo que un grupo inició hace 15 años como un modesto Festival cuya entrada costaba la módica suma de mil pesos y que mostró entonces sólo cinco obras de tres casi desconocidas compañías nacionales – a saber, Teatro La Memoria , Teatro del Silencio y La Troppa- hoy, se ha transformado en una Fundación que organiza un encuentro internacional con compañías extranjeras que han logrado índices de audiencia jamás pensados.
Pero hemos crecido de manera inorgánica, pues mientras la actividad teatral cada año se supera a sí misma, los medios de comunicación han ido disminuyendo y con ello, la posibilidad de comunicar este fenómeno a una creciente audiencia. A todas luces una dolorosa contradicción que esta semana acusa una nueva pérdida con la desaparición del portal granvalparaiso.cl, sólo una pieza más de este vergonzoso dominó llamado “diversidad informativa” que se ha desplomado en estos 18 años de larga transición democrática.
Al periodismo se le reprocha hoy su tendencia a la frivolidad. Sin embargo, los dueños de los grandes medios de comunicación que no son periodistas sino que comerciantes, pasan inadvertidos y todos los dedos acusatorios van hacia los profesionales de la prensa, como si todos los que ofician de “señores y señoritas corales del gran circo farandulesco” lo fueran.
Lo que han hecho los actores recuerda los años de dictadura, cuando ellos se las arreglaban en los años más duros de expresar lo que no se podía decir. Sin embargo, en aquella época, junto a ellos, hubo un periodismo que dijo y mostró lo que sucedía. Hoy ni siquiera tenemos eso.
Ostentamos un crecimiento discreto pero aún lo suficientemente interesante como para que todavía seamos considerados como un ejemplo en la región. La bullente actividad teatral que se verá durante el mes de enero será comentada por lo visitantes extranjeros y nos dejará perplejos con juegos de luces y fuego, tan encandilados que no nos dejará constatar la ausencia de la otra prensa en nuestros kioscos, en la televisión y en la radio, que con su silencio y desaparición sólo duele en quienes ven en esta maravillosa vocación llamada periodismo,la posibilidad de cambiar el mundo y no se convencen con la máxima estoica que dice: “ No se puede rehacer la realidad. Tómala como viene. No cedas terreno y tómala como viene”.
