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Agosto 18, 2026

¿Se salvará Lagos?

Ante la abstención de ocho diputados del laguismo duro, la derecha debió lanzar un salvavidas al informe de la Comisión investigadora del Transantiago, el mismo que se había negado previamente a consensuar. Aunque el desorden de micros, trenes y “esperadores” del transporte capitalino se reprodujo políticamente en la Cámara, se salvó un trabajo de seis meses, si bien no todavía el sistema que fiscalizó. La pregunta al margen es si se salvará el autor del malhadado plan.

Y la derecha lo hizo, porque tuvo que hacerlo: votar a favor del informe de la Concertación que se había negado a consensuar en la comisión investigadora del Transantiago. Como ocho diputados del laguismo duro se abstuvieron, porque se estigmatizaba al líder y más de un colorín evaluó hacer lo mismo, pero por la razón opuesta, el desorden en las micros, trenes y “esperaderos” del transporte capitalino se reprodujo políticamente en la Cámara, aunque sin hacinamiento en el hemiciclo y con desalojo de los que se atrevieron a protestar en tribunas. Resultado: no se ha salvado todavía el Transantiago, pero sí el trabajo de seis meses de un grupo parlamentario que cumplió con creces –y no sin cierta saña- su rol fiscalizador. 
 
¿Y se salvará Lagos? Este dijo en las vísperas de la votación que el “sufrimiento” de los usuarios del Transantiago no debe ocultar la “maciza” obra de los cuatro gobiernos de la Concertación. Lo cual puede constituir un provocativo tema de debate. Pero habría que discutir también otro aserto: ¿Debe la lealtad hacia la figura presidencial de Ricardo Lagos –puesta en pasado y futuro- relativizar la condolencia con esos millones de pasajeros? Fue ni más ni menos el dilema que se planteó a los diputados oficialistas que votaron hoy el informe de la comisión investigadora de la Cámara Baja. La misma pregunta, pero al revés, hay que hacérsela a las bancadas opositoras: ¿Debe la necesidad de parar a un formidable adversario político anteponer cualquiera otra consideración que no sea la suerte de las víctimas de una política pública fracasada?

Los dirigentes de Renovación Nacional no querían ir más lejos de desear que los autores del Transantiago asuman sus responsabilidades políticas, empezando con el ex Presidente Lagos, pero no terminando con la actual Mandataria ni con su ministro de Transportes. La UDI, en cambio, desea judicializar el asunto. El presidente de RN, con esa llaneza suya que puede desarmar los razonamientos más alambicados, llamó a aguardar el resultado de la votación parlamentaria, y espetó: “Nosotros somos un partido político”.

Ocho diputados del PS y el PPD optaron por no pagar los dividendos políticos que se cobran al ex Presidente. En ellos no sólo primó la lealtad al ex gobernante, sino que malentendieron esa lealtad. Si éste se ha empeñado –por instinto personal y político- a no ejercer el deber de autocrítica, seguirlo corporativamente por ese camino puede ser riesgoso no sólo para los referentes que representan, también para el propio líder. Es posible que después de la votación, Lagos por fin haga su esperado “mea culpa”, aunque todo hace esperar que lo relativizará, como ya adelantó en su carta con motivo del cumpleaños del PPD.   Hay una relativización positiva cuando dice que “el sufrimiento cotidiano de los santiaguinos con el transporte nos tiene, junto con la autocrítica indispensable, que hacer unir fuerzas para salir adelante”. Pero la relativización puede servir también para ocultar en el conjunto un error descomunal, al decir que “las sombras no oscurecen la maciza obra realizada” y acusar a los suyos de plantarse frente a ella con “una pasividad inaceptable”

Lo que tiene que entender el laguismo es que los efectos políticos del Transantiago son devastadores y así lo muestra la notable baja en los índices de popularidad del Mandatario que los tuvo tan altos al dejar La Moneda. A estas alturas lo único que puede revertir la situación es que el equipo que diseñó el plan reconozca sus culpas y que su máximo responsable pida perdón, tal como lo hizo –dos veces- su sucesora, y que un equipo renovado, con el ministro Cortázar a la cabeza, persevere en alcanzar el éxito inexcusable en el rediseño del sistema de transporte capitalino. 

Aducir que el informe “no nos gusta, porque no se enfatiza la responsabilidad de los operadores privados” no sirve a la causa de quien autorizó los términos de los contratos con ellos, llevado por una filosofía licitadora discutible. Tampoco sirve subrayar “el sentido de futuro y la impronta  creadora” del estadista, como lo hicieron los diputados Patricio Hales y Fulvio Rossi, colocándose en la misma línea del afectado, quien pidió, rompiendo parcialmente su silencio el martes, “ver estas cosas con una mirada de largo plazo”.

El maximalismo de la derecha –que quería culpar al ex Presidente de ·negligencia inexcusable”- cedió ante el reproche oficialista de que la “impronta creadora” de éste “no estuviese acompañada de un diseño institucional sólido y capaz de concretar la aspiración”. Fue la única forma de salvar el trabajo saludable de una comisión investigadora necesaria, donde, por lo demás, la mayoría concertacionista supo decir que Lagos cometió “una gran equivocación que no es posible pasar por alto”, por no prever las reformas estructurales necesarias para llevar a cabo su ambicioso plan de cambiarle la vida a millones de santiaguinos.

Cuesta creer en la incompetencia de tanto técnico e ingeniero y más de que se haya tratado de un plan premeditado para ahorrar costos o sembrar votos. Más fácil resulta pensar que la soberbia –un rasgo de carácter que suele confundirse con la asertividad- dio paso en las alturas simplemente a la megalomanía.