google-site-verification: google096975d001c6a771.html
Agosto 18, 2026

Qué será preferible me pregunto

Que exista  trabajo con salarios por debajo de la línea de la dignidad, o tener aún más cesantía de la que hay, pero con salarios justos. Tal parece ser el gran dilema de nuestros días, dilema en cuya solución se juega la suerte de los trabajadores de nuestro país. Trabajadores versus trabajadores,  desposeídos versus desposeídos,  pobres versus pobres. He aquí la perversidad de las palabras que pretenden describir la realidad.

La sociedad se afana por enriquecer al país mediante el perfeccionamiento del sistema neoliberal implantado hace 2 o 3 décadas, y que, según vaticinios de las autoridades, nos llevará el 2020 a pertenecer al primer mundo. Con todo, se advierte a simple vista una odiosa paradoja:  ese enriquecimiento de la totalidad, es decir del país, tiene como consecuencia el empobrecimiento una particularidad, de la gran particularidad por cierto, del pueblo.
 
 El general Pinochet fue el gestor de este gran cambio, el mismo acuñó la frase esa de que hay que favorecer a los ricos, puesto que pronto vendrá el chorreo para los pobres. De modo que el dilema no es nuevo, antes ya se exigió el sacrificio de una clase social en beneficio del llamado bien común o tal vez, bien de la patria, solo que en aquella oportunidad, esa exigencia no admitía discusión.
 
Se dice que es un despropósito subir el salario mínimo al monto sugerido por el obispo Goic, sobretodo porque quienes afirman esto, ya consideraban la fijación del precio del salario mínimo otro despropósito, despropósito anterior a las sugerencias eclesiásticas. Como si fuera poco, hablan en nombre de la Ciencia Económica, dándose la molestia de precisar conceptos que suelen confundirse, tales como ingreso y salario, siendo el salario solo una parte del ingreso. De modo que es impropio hablar de salario de hambre, en rigor, se trata de ingreso de hambre.
 
Hay otros que afirman que las grandes empresas, estatales o transnacionales, podrían pagar perfectamente un salario mayor sin correr la misma suerte de las Pymes que frente a tal evento, estarían obligadas a despedir masivamente a sus trabajadores y probablemente irían a la bancarrota.
 
De ser cierta esta afirmación, quedaría al descubierto que el obstáculo para el desarrollo de las Pymes no son el monto del salario solicitado, sino que los bajos costos de producción que alcanzan las grandes empresas por otras razones, lo cual les permite eventualmente pagar un precio mayor por una mercancía relevante (el trabajo humano). Nadie puede esperar que el cemento o la bencina acepten ser comprados a un precio menor o mayor del que valen, puesto que estos no tienen discernimiento, en cambio el hombre sí, sobretodo si su sobre-vivencia depende de ello.
 
El bien común y la ciencia económica se parecen bastante durante este episodio que exige el sacrificio de una buena parte de la sociedad en beneficio de un  fin superior. Es como si este fenómeno tuviera escrito su desarrollo, su destino.
 
Cualquier intento de los afectados, de las víctimas de este cruel destino, como por ejemplo el paro o huelga, en que los medios ( de propiedad de los beneficiados) se encargan de cuantificar en millones de pérdidas por día, o en hacer largos inventarios si es que se producen destrozos  a la propiedad pública o privada, es vista por la opinión pública o el sentido común de la gente, como actos irracionales de los manifestantes o huelguistas, atentatorios a la lógica, a la ciencia. Es como si grupos humanos se revelaran en contra de la fuerza de gravedad porque no están conforme con los efectos que ella predice. Sin embargo, la conducta humana, es algo más compleja que la opereta que se presenta diariamente en los medios de comunicación, la verdad científica es distinta a la verdad social, o por lo menos a la verdad social reducida a modelos, manipulada.
 

La rebelión producto de la toma de conciencia de hombre propiamente tal, que se identifica con una clase de seres humanos que experimenta la suerte de ser marginados a través de su escaso salario o ingreso de los frutos de su trabajo, en un país, en un mundo que es de todos, sigue siendo el camino para cambiarla.

Las nuevas formas que toma la rebelión son las que hay que buscar, el gran desafío para las vanguardias pensantes, para las nuevas generaciones de dirigentes obreros que ya despuntan, es encontrarlas.