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Agosto 18, 2026

The Police en Chile: “La vigencia de un mito”

Cuando uno escucha los primeros acordes del show, las primeras líneas de Message in a Bottle en la voz de Sting, ya se da cuenta que tiene ante a sus ojos a privilegiados sobrevivientes del mejor pop-rock contemporáneo. Lo que hizo The Police en la noche del miércoles 5 en el Estadio Nacional quedará grabado en el libro de los megaeventos en Chile como un top ten que se codea con lo mejor de U2, Roger Waters, Michael Jackson o Rolling Stones, por mencionar a portentosos que pisaron suelo chileno.

Ese fue el comienzo: Message in a Bottle. Luego, por fin el despliegue de esa puesta en escena que se decía una maravilla y que con el pasar de las canciones nos llevó del convencimiento a la alucinación. Luces amarillas, rojas y azules bañaban de neón las pantallas gigantes a los sones de Sinchronicity 2 y la coreada –a petición del propio Sting-, Walking On The Moon.

Hasta allí, la noche parecía ser una de “las buenas”, como tantas otras que aunque encienden, se pierden en el intento de ser absolutamente imborrables. Algo de culpa tienen las radios, los sellos y el poco interés del publico, que como conjunto tripartito no motiva a la exploración amplia de discos sino que apela al “single oreja”. Por eso, Beck Hansen, el genio telonero de la noche apenas encendió al público tras repasar sólidamente su historial más roquero; la recepción de la masa varió radicalmente cuando el californiano se atrevió con los primeros acordes de Loser. El resto fue banda sonora para un público transversal en edad pero no en el oído.

Decía eso de “las noches buenas” porque existe una clara diferencia en la mente melómana que distingue entre un buen show y una jornada de campanillas. Y a pesar de no estar en los momentos destacados por la crítica en general, les puedo asegurar que cuando el veterano Stewart Copeland comienza a desplegar su armatoste de percusiones sutiles y variadas, yo presentí que se venía un minuto, al menos para mi, que quedaría grabado a fuego.

Tal cual. Una de las canciones más sinceras y consistentes en la corta y brillante carrera de esta banda londinense aparecía en escena en una versión de lujo, realizada especialmente para la gira. Fue con esa interpretación de Wrapped Around Your Fingers que sentí cumplida la deuda señera del trío con este país. Y viceversa. Porque el público silente y cauto escuchó la pieza casi hipnotizado, como entendiendo el sublime instante de consolidación de un mito. Después, Every little Thing She Does Is Magic, De Do Do Do, De Da Da Da, Roxanne o Don’t Stand So Close To Me sólo sellaron un pacto que ya estaba firmado.

Ya no quedaban dudas. The Police no llegó a Chile sólo por ganarse unos dólares más en una gira millonaria. Vino a saldar una deuda, a cerrar un círculo que se abrió de mala manera en Viña ’82, justo en la mejor época de Summers, Copeland y Sting como formación original. Esta vez si hubo gente, si hubo aplauso, si hubo devoción.

Y el grupo aportó lo suyo. No por nada, su presentación quedará inmersa en la memoria colectiva como uno de los mejores momentos en vivo que se haya visto en suelo chileno.No me digan que es un detalle menor…