Esta última conclusión es falsa, porque cada encuestado ha señalado cinco figuras con futuro –no una -, lo que explica que la suma de las cinco mayores dé un… 125 por ciento. Esto es un claro ejemplo de manipulación partidista de estudios que pretenden ser científicos y que, en definitiva, no lo son tanto, aunque sea por el solo hecho de que cada uno muestre resultados dispares, por el uso de metodologías diferentes, algunas más cuestionables, y con conclusiones más inciertas que otras.
De todos modos, queda claro en la última encuesta CERC que Lavín ha vuelto como un presidenciable y esto explica la alegría no sólo de Hernán Larraín, sino sobre todo la de su gran soporte solidario dentro del partido, Pablo Longueira. Pero del estudio no puede extraerse la conclusión de que este regreso se deba a la adhesión que el ex alcalde brindó a la Presidenta mediante un oxímoron que no se sabe aún si la ciudadanía internalizó, por la simple razón de que el sondeo se realizó antes del momento de inflexión: cuando una periodista le dijese en televisión “Usted es bacheletista, entonces” y él repusiese “Soy bachelista-aliancista”.
Lo sí puede extraerse es que, efectivamente, Lavín dejó de ser un relegado político al incorporarse al Consejo Presidencial por la Equidad Social, lo que le valió requerimientos de múltiples entrevistas periodísticas, entre ellas la de Telenoche de canal 13, que lo catapultó de lleno al centro de la escena. Resulta prematura, por lo mismo, la sombría advertencia de Piñera –al comentar la encuesta CERC- de que la política no se sirva de la delincuencia para sus fines propios, sino que la política se ponga al servicio de la lucha contra la delincuencia. Si fue un dardo contra Lavín, sus efectos pueden ser los de un boomerang que alcance a todo quien lucre políticamente del flagelo y en esto nadie está libre de sospecha.
La honda amargura mostrada por el candidato de Renovación Nacional en las últimas semanas dice más que las alegaciones de su rival de la UDI de que no será nuevamente candidato. El empresario sabe que la reinstalación de quien fuera su víctima en la elección pasada le complicará la marcha a La Moneda. Lo que obra a favor de una decisión de Lavín en uno u otro sentido es el tiempo, y en esto coincide plenamente con los intereses de su partido, quien fechó la nominación de su candidato “idealmente en abril de 2009”. Entretanto se verá qué estrategia opositora es más rentable, la de la confrontación para el desalojo de Piñera, Allamand y Jovino Novoa o la de cooperación para el acuerdo de Lavín y Longueira más algunos alcaldes de la Alianza.
Con esto la derecha ha demostrado que su accionar político no termina en las fronteras de los dos partidos que la representan y que las dirigencias de éstos deberán allanarse a examinar las audacias de las mentes más creativas del sector. Aunque lo novedoso de ahora es sólo el rótulo del mismo producto que vendieron los jefes de RN en los ’90: la democracia de los acuerdos. Sólo que los ex líderes liberales aparecen ahora despojados de sus antiguas estrategias aperturistas por los duros de entonces.
El debate se desenvuelve en la Alianza cuando apenas se inicia al interior de la Concertación, por el evidente menoscabo que el repunte de Lavín inflige a la figura mejor posicionada del oficialismo, Soledad Alvear. Como jefa de un partido que confirmó sus fisuras en su reciente Congreso programático-ideológico, la senadora aparece horquillada, por un lado, por dos personalidades que trascienden las querellas del socialismo y el PPD –Insulza y Lagos- y ahora por un Lavín que, al desafiar a la oposición en la búsqueda de acuerdos nacionales, se acerca naturalmente al centro y confirma su sintonía con los pobres cansados de esperar.
