Nadie de las gentes que tiene poder en las 2 alianzas dominantes quisiera cambiar el estado de las cosas, que por cierto es muy favorable para ellos en primer lugar, puesto que entre otras cosas, mantienen marginados expresa y tácitamente a las minorías pensantes, a las vanguardias que podrían encabezar el despertar de los dominados desde las bancas del Parlamento que les son negadas por un mecanismo antidemocrático en la generación de sus representantes.
Que un sector de la oligarquía esté considerando el escenario que quisiera evitar, es decir la guerra fraticida en el interior de lo que se ha llamado clase política, el descrédito de un gobierno que es el dique de contención para los desposeídos que no pueden seguir esperando, es la explicación que cabe a la sorprendente iniciativa de Lavín y Longueira que no son debutantes por lo demás y que mantienen estrechas relaciones con los prominentes oligarcas criollos.
¿Que ellos han sido fustigados por sus socios y desautorizados por la directiva de su partido?. Es así. Sin embargo, hay que considerar que hace muy poco tiempo, las directivas de los partidos de la Alianza, han sido llamadas al orden por las cabezas de estos señores poderosos que habitan en las sombras, saliendo a la luz pública en esa ocasión para decirles que practicaban una política irresponsable cuando votaron en contra de una ley que perfeccionaba el modelo neoliberal impulsado desde el Ministerio de Hacienda.
El plato fuerte es el llamado Pacto Social, aquel necesario esfuerzo por aminorar los efectos destructivos de la condición de los marginados de los beneficios de los resultados de la política económica y del negro escenario que se prevé por la creciente desvalorización de los salarios por causa de las injustificadas alzas de los productos que en mayor proporción son consumidos por los pobres.
Para el pueblo, pero sin el pueblo es este pacto. Flexibilizar las leyes que rigen los contratos de trabajo y de previsión son lo medular, lo demás son colgajos verbales como salario digno, freno a la delincuencia y otros que ya he olvidado. Es de esperar que el afán protagonista de la Iglesia, no avale con su participación, el intento de dar un marco legal, a un río que amenaza desbordarse de sus caprichosos y artificiales cauces.
El pueblo lo que necesita con urgencia, es un nuevo pacto político que garantice su participación en la generación de las leyes. Lo único que hay que flexibilizar, es el quórum calificado de la bastarda Constitución Política vigente, que ha garantizado entre otras cosas, un crecimiento inédito del Producto Bruto del país ciertamente, con el paralelo crecimiento de la riqueza de los grandes empresarios, pero que ha generado el problema insoluble del empobrecimiento creciente de la mayor parte de los ciudadanos a limites alarmantes que hoy se están reconociendo públicamente.
Nunca hay que olvidar, que el país es de todos.
