En primer lugar no fue el 11 el día elegido para el recuerdo, doloroso, de esa fecha infame; sino que, el día elegido para esa conmemoración, y, donde las calles se debieron abrir para que transitara el hombre libre, fue el domingo 9 de septiembre de 2007.
Todo comenzó un domingo 9 de septiembre de 2007, fecha elegida para conmemorar el 911 criollo. El Ministro del Interior, Belisario Velasco; y su perro lacayo Subsecretario de Interior, Felipe Harboe, se convirtieron en la guinda de una torta llena de represión, digna de fascistas trasnochados.
¿Désde cuando un Ciudadano Libre tiene que pedir permiso a un funcionario del Estado para caminar por las calle de su país…?
“La Asamblea de Derechos Humanos va a entablar una querella criminal en contra de Belisario Velasco. El Ministro del Interior tendrá que responder por la falta de libre circulación de las personas dentro de la ciudad de Santiago, por el virtual estado de sitio, por la violencia innecesaria contra la gente”.
Espero que esa querella ponga en su lugar a quienes pretenden mantener al país bajo el yugo opresor de una democracia amparadas por la constitución de un dictador.
“Y se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor…… “.
Después de décadas del, afamado, último discurso del recordado Presidente Allende, aun en Chile no se puede caminar con libertad. La más absurda represión jamás vista en años, sólo igualada a los años de dictadura militar, fue vista ese domingo. Pero qué entupido ministro, y subsecretario, cómo se les pudo ocurrir reprimir, con tal furia, a la Asamblea de Derechos Humanos, junto con otras organizaciones sociales. Las mujeres detenidas ese día fueron llevadas a cuarteles, desnudadas, manoseadas, abusadas y obligadas a soportar los dedos de sus victimarios en sus anos y vaginas.
No me equivoco en nada. Para mis lectores en Argentina, Perú y España, no me refiero a una pesadilla; o, a un episodio vivido en el Tercer Reich; o, más reciente como nuestra propia dictadura. Fue un hecho acaecido en nuestra Provincia Imperial de Chile, en pleno siglo XXI.
¿Pero qué sucedió el 911 criollo…?
Ese día me encontré con varios grupos de privilegiados que pudieron ejercer el derecho básico de todo ciudadano, el de caminar libremente por su patria. Lamentablemente muchos chilenos, que hubiesen deseado dejar su homenaje, no pudieron hacerlo. Atascados por vallas papales, les fue impedido caminar libre por Santiago; sin mencionar, la sobredimensionada fuerza policial. Sencillamente era un Estado de sitio, y los militares andaban en la calle impidiendo el tránsito de los ciudadanos. A veces me pregunto si en nuestro gobierno existe alguien que piense. ¿Acaso serán todos un grupo de tarados oligofrénicos…?
El 11 de septiembre real, no se pareció en nada al relatado por mí a principio de mi columna. Sólo fue un día más de represión, sacado de los tiempos oscuros de la dictadura militar. Pero, tal vez, la imagen que marcará, por mucho tiempo a los chilenos, es el de La Moneda cercada con vayas papales y grupos de Carabineros, altamente armados y provistos de gruesas armaduras. Qué cobardes, que marica, que rastreros.
En 911 sólo vimos por televisión cómo muchos yanquis lloraban por sus víctimas, en el mismo lugar de la tragedia. En nuestra Provincia Imperial de Chile no se nos permitió llorar y recordar a nuestras víctimas de nuestro propio 911. La excusa fue que podrían producirse alteraciones al orden público y desmanes, realizado por grupos anarquistas.
El 911 de noche, en Santiago de Chile, se convirtió en un infierno digno de Dante. Fogatas, disparos, asaltos, saqueos, y la muerte de un carabinero en servicio, fue el gran espectáculo de la noche de ese 911.
La derecha fascista quiso involucrar a la izquierda más anarquista en esos actos de transgresores. El oficialismo pretendió justificar su opresión, de la mañana, con el desorden de grupos delincuenciales en la noche. Aun nuestros gobernantes no entienden nada del por qué un ser humano puede llegar a limites insospechados de violencia extrema. Ese 911 hubo una victima, un funcionario de carabineros de Chile. ¿Puedo sentirme consternado por ese hecho…?, sinceramente no. Me afecta que un niño muera por una enfermedad no tratada en un hospital del Estado; que me conmueve la muerte de una mujer por su pareja; me perturba la pobreza en que viven miles de chilenos; me turba la drogadicción; me afecta el racismo de grupos neonazi en contra de nuestros hermanos peruanos y bolivianos; me inquietan los fundamentalistas cristianos; la muerte de un paco (carabinero) no me afecta en nada.
Veamos desde un punto de vista no objetivo, ¿por qué puede darse tanta violencia? Imaginemos a un pequeño muchacho de ocho años, un bebe, su madre es una prostituta y apenas tienen tiempo de cuidarlo y alimentarlo. Su padre… ¡no tiene idea quien es su padre…!. Pasa en la calle todo el día, con hambre, frío y sueño. Sin identidad familiar. Ese tipo de niños son acogidos, comúnmente, por grupos y mafias de delincuentes y carteles de la droga. Allí son insertados o reclutados, en dichos clanes marginales. Esas mafias proporcionan dinero, afecto, preocupación, identidad y abrigo. Por primera vez en sus vidas son pertenecientes a algo que los acoge por lo que son. Hacen su familia a esos grupos. Su lealtad se ve reflejada en su forma violenta de proteger a quienes pertenecen a dichos clanes de delincuentes. No justifico a esos grupos, pero entiendo por qué se dan, y funcionan de ese modo. No hay que ser un erudito para entenderlos, pero hay que ser capaz de abrir los ojos y ver la realidad de nuestro país; y, de muchos países que se asemejan al nuestro, no sólo por sus niveles de pobreza, sino también por sus niveles de concentración de la riqueza, ricos muy ricos y pobres muy pobres.
Un chico a corta edad manifiesta grandes niveles de violencia extrema, manifestándose a diario. Es decir, son agresores y víctimas de la violencia de sus pares. En la adolescencia esos niveles disminuyen notoriamente. La violencia adolescente no se manifiesta a diario, pero es reemplazada por juegos violentos, entre los más famosos se encuentra el patear los testículos de algún amigo. El adolescente quiere ser hombre, y se luce ante la hembra de su especie. Pasada la adolescencia, y sus explosiones hormonales, el adulto reprime su agresividad. El adulto ya ha aprendido a controlar su animalidad; y, por sobre todo, conoce de cerca las consecuencias que llevaría un acto de violencia extrema. El adulto es reprimido por el miedo a ser castigado por instituciones del Estado, encargadas para ese fin; o, la mismísima sociedad. También es conciente de que su vida es frágil; y, en cualquier momento podemos terminar siendo el objeto de placer de algún tanatólogo, o médico forense pervertido. El miedo al infierno, aprendido desde niños, nos hace ser más cautos a la hora de expresar nuestra violencia con total libertad.
Los carteles de la droga, en todo el primer, segundo y tercer mundo, ven a los niños como sus mejores guerreros, los más desalmados y crueles, dignos de pertenecer al grupo de 300 espartanos que defendieron las Termópilas en contra de un millón de persas, bajo el mando de Jerjes. ¿Exagero…?. Sólo pongan un arma en manos de un mocoso, denle afecto y preocupación, cobíjenlo en su familia; y, háganlo parte importante de su clan. Lo que resulte de eso será un monstruo digno de cualquier mitología jamás imaginado, tan peligroso como un simio con una navaja. Esos chicos crecen en la violencia, la hacen parte de sus vidas, ya está en su sangre, en sus genes, en su identidad.
La violencia en la dictadura, del 1973 al 1990, generó muchísima violencia a posterior. El hecho de no juzgar, a tiempo, a los criminales de la dictadura generó mucho odio en algunos sectores. ¿Donde quedaron los culpables…?. El dictador fue salvado por la Concertación de Partidos por la Democracia. La Concertación evitó que el dictador fuese juzgado en Londres, con la excusa de que sería juzgado en Chile… ¡mentira…!.”El dictador murió en su gran casa; murió de viejito; al lado de sus hijos y nietos; murió con todos los honores dignos de un comandante en jefe del ejército, murió siendo millonario. Aun el ejército no entrega información verídica de dónde se encuentran los cuerpos de los detenidos desaparecidos. Verdad, justicia y castigo es una utopía para miles de familias en Chile.
Vemos cómo criminales son salvados y nunca cumplen penas aflictivas por sus delitos, sólo por ser uniformados; o en otros casos vemos a funcionarios corruptos, en el gobierno, que se llenan de dinero los bolsillos, y en muchos casos culpan al funcionario más débil, con el fin que disfrutar sus riquezas, mal habidas, en plena libertad.
Los sacerdotes pederastas gozan de libertad y de la protección de la Santa Iglesia Católica, Apostólica Romana y Castellana; como por ejemplo tenemos a monseñor Cox. Ayudado por la iglesia a salir clandestinamente, como un criminal, de Chile. Aun, este personaje, es un prófugo pederasta; y, aun la iglesia lo protege.
También vemos con desdén a un grupo ultra privilegiado de miembros del poder judicial, que por ser llamados jueces pretenden estar por sobre todos los ciudadanos que contribuimos en su salario. Nunca en mi vida tuve la oportunidad de ver a tantísimo juez sin criterio. Cualquier persona, medianamente inteligente, tendría dudas de personajes así, es decir, o no tienen discernimiento, o son corruptos. Los chilenos hemos pagado dietas fabulosas a muchísimos jueces corruptos que sólo ostentan sus cargos para beneficiarse ellos, únicamente, y “tratar” de impartir la Ley, en medida de lo posible.
En Chile la salud no funciona; la educación es vergonzosa; la corrupción es algo que tenemos que asumir como natural en nuestro país; los salarios son para la risa, o mejor dicho para llorar; los funcionarios públicos abusan de su cargo…. ¿es verdad lo que digo…?. ¡Sí…!. Si eres un ciudadano común, no intentes llamarle la atención a algún funcionario público; menos aun que se identifique, es probable que llame a carabineros y te detengan. El poder del funcionario público es total, en comparación al poder de un vulgar ciudadano que paga impuestos.
La gran fase que quedó escrita en bronce fue…….. “¡Justicia en la medida de lo posible…!”. Frase dicha por el primer presidente de la alianza oficialista. El ex presidente Aylwin haciendo gala de su autoridad moral, en aquel momento, lanzó esa frase jamás deseada de escuchar por nadie, frase que condenó a la generación de los 80, y a las futuras.
En Chile todo se hace en la medida de lo posible. Los sueldos son en la medida de lo posible; como también es la educación; la salud es también en la medida de lo posible; la justicia no se queda afuera, nunca se condenó a Pinochet; la democracia es en la medida de lo posible; los matrimonios y la sexualidad; socialismo en la medida de lo posible; la vida en Chile es en la medida de lo posible.
Gracias a la Concertación hoy vemos con vergüenza cómo la imagen de un hombre republicano, humanista y éticamente correcto, es igualada a la de un cobarde, traidor y asesino. Se ha igualado los mil días de la Unidad Popular con los diecisiete años de cruel dictadura militar que fue acompañado por robo, muerte, corrupción y depravación de los organismos estadales. Hoy en día Allende es igual que Pinochet. El socialismo moderno hizo bien su trabajo, dignificó la figura de Allende; en la medida de lo posible.
Ante todo esto; la violencia del Estado, la de nuestros gobernantes, la intimidación de carabineros, la violenta indiferencia por los problemas sociales, y el conservador terrorismo de los empresarios y de la iglesia, han dado su fruto en tierra fértil. Hoy sólo vemos la retribución de un pueblo hacia sus gobernantes y clase política. En las futuras elecciones presidenciales los que no votan, los que votamos nulo y en blanco, seremos mayoría. La violencia es la única manera, fácil, de gratificar las dadivas del poderoso.
Después de todo lo relatado, ¿alguien podría decir, con certeza, que no entiende el por qué existe tanta violencia y odio en Chile…?. No es odio, sino justicia; no es venganza, sino retribución. No quiero matar a mi vecino, pero si me sigue hinchando las pelotas, le daré 38 balazos.
