Televisión Nacional ha organizado una gran actividad destinada a determinar quiénes son los grandes chilenos de la historia. Previo al escrutinio público convocado por el Canal, un conjunto de personas (varios premios nacionales e historiadores) seleccionaron un conjunto de 60 personajes de la política, de la cultura, la ciencia y otras actividades que se pondrán a consideración de la población para arribar a los 10 chilenos más selectos y, entre ellos, el más importante de todos.
Entre quienes definieron los 60 escogidos había personas de distintas orientaciones ideológicas y, por cierto, de derecha, centro e izquierda. De esta forma es que fue posible incluir en la lista personajes como Alberto Hurtado, Andrés Bello, Salvador Allende, Pedro Aguirre Cerda, Arturo Alessandri, Lautaro, Violeta Parra, Eloiza Díaz y nuestros nobeles de literatura. Sin embargo, no aparece entre los mismos el nombre de Augusto Pinochet, quien ni siquiera obtuvo un voto en el cónclave referido.
¡Vaya qué importante resulta esta exclusión cuando se trata del gobernante chileno que por más tiempo estuvo en el gobierno de nuestro país y acaso el que más atención concitó en el mundo y en el registro de la prensa internacional! Ello lisa y llanamente significa que, cuando hay que buscarles solvencia moral a los personajes de nuestra historia, Pinochet y otros siniestros personajes no reciben la aprobación siquiera de quienes lo apoyaron o justificaron en su momento. Respecto de Diego Portales y otros controvertidos chilenos hubo objeciones pero, al menos, recibieron los votos necesarios mínimos para quedar incluidos en la lista. Nadie, sin embargo, podría minimizar la importancia histórica de nuestro último dictador, sólo que sus despropósitos imposibilitan y avergüenzan situarlo junto a nuestros libertadores, servidores públicos, artistas, pastores e, incluso, militares.
Alentadora resulta, también, la reciente encuesta El Mercurio-Opina que consigna que un 77 por ciento de los chilenos está de acuerdo con la decisión de nuestra Corte Suprema de otorgarle la extradición al ex presidente peruano Alberto Fujimori, a objeto que sea juzgado en su país por los presuntos ilícitos cometidos en el ejercicio de su gobierno. La unanimidad de los supremos para que se investigue su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad interpreta el masivo apoyo de nuestra civilidad a los Derechos Humanos y la legislación internacional,, así como su correspondiente repudio a la idea de que personajes como el ex mandatario terminen sus días en la impunidad.
Dos buenos indicios que señalan, asimismo, que en la prevención y el castigo a los delincuentes, narcotraficantes y terroristas no pueden legitimarse todas las formas de represión como todavía hay quienes sostienen esto y no discurren más recurso que la violencia policial para enfrentar lacras que tienen origen justamente en la violencia, la exclusión y la miseria económica y cultural. Que tantas veces se deriva del ejercicio en el poder de los tiranos y los políticos mediocres. Sean de derecha, centro o izquierda.
¡Vaya qué importante resulta esta exclusión cuando se trata del gobernante chileno que por más tiempo estuvo en el gobierno de nuestro país y acaso el que más atención concitó en el mundo y en el registro de la prensa internacional! Ello lisa y llanamente significa que, cuando hay que buscarles solvencia moral a los personajes de nuestra historia, Pinochet y otros siniestros personajes no reciben la aprobación siquiera de quienes lo apoyaron o justificaron en su momento. Respecto de Diego Portales y otros controvertidos chilenos hubo objeciones pero, al menos, recibieron los votos necesarios mínimos para quedar incluidos en la lista. Nadie, sin embargo, podría minimizar la importancia histórica de nuestro último dictador, sólo que sus despropósitos imposibilitan y avergüenzan situarlo junto a nuestros libertadores, servidores públicos, artistas, pastores e, incluso, militares.
Alentadora resulta, también, la reciente encuesta El Mercurio-Opina que consigna que un 77 por ciento de los chilenos está de acuerdo con la decisión de nuestra Corte Suprema de otorgarle la extradición al ex presidente peruano Alberto Fujimori, a objeto que sea juzgado en su país por los presuntos ilícitos cometidos en el ejercicio de su gobierno. La unanimidad de los supremos para que se investigue su responsabilidad en crímenes de lesa humanidad interpreta el masivo apoyo de nuestra civilidad a los Derechos Humanos y la legislación internacional,, así como su correspondiente repudio a la idea de que personajes como el ex mandatario terminen sus días en la impunidad.
Dos buenos indicios que señalan, asimismo, que en la prevención y el castigo a los delincuentes, narcotraficantes y terroristas no pueden legitimarse todas las formas de represión como todavía hay quienes sostienen esto y no discurren más recurso que la violencia policial para enfrentar lacras que tienen origen justamente en la violencia, la exclusión y la miseria económica y cultural. Que tantas veces se deriva del ejercicio en el poder de los tiranos y los políticos mediocres. Sean de derecha, centro o izquierda.
