Pasar agosto…es una gran noticia. Por lo menos, para los viejitos de Chillán que, en un alarde de humor, se juntan en la Plaza de Armas para celebrar que han superado el invierno. Y que van a seguir viviendo con la frente en alto, mirando el futuro con la misma intensidad de siempre.
A las doce en punto del 1 de septiembre, con la banda de música del RI 9, las sirenas de los bomberos sonando a dúo con las campanas de la Catedral, los mayores del campo y la ciudad se estrecharon en un abrazo fraterno, enorme, sonriente. Con la vista puesta en el nuevo año que nos espera, con la satisfacción de haber pasado tantos agostos, tantos inviernos. Unos más duros que otros, pero siempre con la sonrisa en los labios.
Recordando a los que no consiguieron pasarlo. Recogiendo su mensaje solidario. Sin tristezas, porque el recordar significa prolongar la vida espiritual de los que no están. Es valorar lo que hicieron y conservar la huella que dejaron en este transitar por las veredas de la vida.
Reunirse en una fiesta, con la banda tocando un vals que bailaron las parejas de “jóvenes-adultos” bajo los árboles, significó enviar mensajes con el viento, con los soles, con el vuelo de los pájaros de nuestra geografía. Es unirse en compases de esperanza.
Algunos, lo hicieron bebiendo chicha en cacho, una manera muy chilena de decir que gozan de buena salud, que están vivos y que siguen enfrentando el futuro con entusiasmo, con ilusiòn. Aunque el sol que se unió a la fiesta ese mediodía, les hiciera arrugar el entrecejo, marcando nuevas medallas de futuro en los rostros. Porque una arruga es un mérito, es un galardón que se ponen en las biografías.
Más de un millón y medio de personas en este país pasaban de los 60 años, hace un lustro. Y no eran mitad y mitad, como podría pensarse, sino que los hombres sumaban más de 850 mil y las mujeres doscientas mil menos. Es un dato curioso, que se une al otro que señala que las poblaciones más envejecidas están en las regiones IV, VII, IX y X. Estas cifras, meras lucecillas en el camino del comentario, nos llevan a afirmar de que la atención de los mayores ha evolucionado enormemente durante el último siglo.
En 1927 existían en Chile 9 hospicios y 2 asilos de ancianos. Hoy las cifras son más que elocuentes, gracias a la preocupación de gobiernos, universidades y entidades no gubernamentales. Cada municipio mantiene casas de Adultos Mayores, presionados precisamente por las organizaciones de ellos mismos. Porque los viejos han empujado el carro de las atenciones, producto de sus propias inquietudes. Se han organizado para aprender nuevas cosas tras jubilarse; para desarrollar actividades solidarias en organizaciones diversas; para practicar deportes y ampliar las capacidades culturales. Incluso, para ordenar las largas horas de ocio.
Los que han pasado agosto tienen mucho aún que dar, mucho que aportar. La experiencia es un grado…pero un grado superlativo. Y así lo entienden las autoridades, porque van aplicando planes y programas sobre este sector de la sociedad desde los diferentes ministerios; desde los estamentos locales; desde instituciones privadas y educacionales. Todos atienden al Adulto Mayor.
Sin embargo, junto con reconocer los avances, también debemos señalar de que tales esfuerzos todavía son insuficientes. Faltan más recursos para implementar nuevas iniciativas que recojan las capacidades vigentes de nuestros mayores.
En especial, en la administración local, que es la más cercana al ciudadano, deben entender de que al Adulto Mayor hay que darle, para recibir.
En fin, más allá de las arrugas, más allá de los inviernos crudos y difíciles, los adultos mayores siguen transitando por la ruta vital con el optimismo de siempre. Celebrando los pasos de agosto como una lección de humor, de alegría de vivir, para las nuevas generaciones que vienen despuntando.
Publicado por La Discusión, de Chillán
