A fines de los años setenta una propuesta de análisis arriesgada y provocadora se popularizó entre los científicos sociales latinoamericanos. Se trataba de otra visualización de las contradicciones del desarrollo del capitalismo en la región. En ella una nueva variable entraba en liza : el golpe de Estado que derrocase al gobierno constitucional de Salvador Allende en Chile el 11 de septiembre de 1973 ponía en cuestión el proceso desarrollista de modernización capitalista dependiente.
En este sentido, si la izquierda había combatido a CEPAL, con Raúl Prebisch a la cabeza y de paso a ILPES, Instituto de Planificación Económico y Social, organismo coordinado por José Medina Echavarría y dependiente del primero, ahora resultaban ser aliados. Con la crisis del capitalismo keynesiano, dejaron de ser adversarios teóricos y enemigos políticos. La concepción centro periferia, el deterioro de los términos de intercambio y el llamado proceso de industrialización sustitutivo bajo el liderazgo de las burguesías nacionales se consideró un acervo de las ciencias sociales de la región. Sin embargo, pocos años antes, la lucha y el debate ideológico situaba a CEPAL como una propuesta del anticomunismo. Una concepción cuya dinámica buscaba imponer un proyecto de desarrollo capitalista y de paso hacer frente a los efectos de la revolución cubana que se multiplicaban en todo el continente. Era una manera criolla de cambiar el traje del emperador. Pero ni reformas agrarias estructurales, ni cambios radicales. Un proceso de modernización capaz de entregar la hegemonía a las burguesías locales y crear una propuesta de sociedades de clases medias secularizada rompiendo ,se decía, con el poder omnímodo de las oligarquías terratenientes, causantes del atraso y del subdesarrollo. Esta era la forma de abrir paso a la sociedad moderna, a la integración de clases populares, permitiendo participación política con cierto grado de compatibilidad funcional sistémica. Bajo este patrón se legalizarían partidos y sindicatos, afianzandose las relaciones sociolaborales industriales fordistas, imponiendose el taylorismo, multiplicando y mejorándose las condiciones de vida de la población y sus derechos civiles. Igualmente se manejó el mito de la integración regional como una forma gradual, limitada y con reciprocidad de toda la región. La ALALC, el mercado común centroamericano y la comunidad andina formaron parte de esta propuesta. CEPAL era la mano que mecía la cuna del imperialismo, dirían sus críticos. Tan es así, que el triunfo político de la Democracia Cristiana con Eduardo Frei Montalva en Chile ganando la presidencia en 1964 retrató a sus tanques de pensamientos, todos ellos comprometidos con las ideologías de Cepal. Su lema anunciaba cual era su camino “Revolución en Libertad”. Fue un llamado a tomar distancia frente al socialismo emergente en Cuba una vez lanzada la Segunda declaración de La Habana. Frei asumía los postulados agresivos de los Estados Unidos para América latina.
La planificación de acciones encubiertas y golpes de Estado, parte de la doctrina de la seguridad nacional iniciadas con Roosevelt, y mantenidas con Kennedy, Johnson, Nixon y la secuela de presidentes estadounidenses una vez expulsada Cuba en la VIII reunión de la OEA en Punta del Este en 1962 y rematada en Washington en 1964 en su novena sesión acordando el bloqueo comercial y político es otro punto de inflexión para que los gobiernos rompan relaciones, Frei sigue las recomendaciones del pentágono. Unir Cepal, desarrollismo y políticas imperialistas costaba poco. Con los militares derrocando a Guolart en Brasil, los marines invadiendo República Dominicana, Stroessner en Paraguay, Duvalier en Haití, la entrada del General Barrientos y la retirada de Lechín y Paz Estenssoro en Bolivia, la perspectiva regional era poco halagüeña. Argentina con otro golpe de Estado en junio de 1966 derroca a Illia y una junta militar entrega el poder al general Onganía. A decir de Gino Germani, la modernización encontraba resistencias y obstáculos. La asincronía era la marca del tiempo y el subdesarrollo era considerado una lacra idiosincrásica de pueblos primitivos o tradicionales incapaces de avanzar y subirse al tren del progreso. CEPAL era la cara amable del capitalismo. Una vía no oligárquica. Frente a las oligarquías, las burguesías modernas eran las portadoras del cambio social. Y sus lideres políticos enarbolaban un nacionalismo anti-imperialista no anti-capitalista. Los análisis de la dependencia criticando a la CEPAL, emergieron como una respuesta a tan idílica presentación. La teoría de Cepal y el desarrollismo fueron consideradas visiones eurocéntricas apoyadas, entre otros, en las tesis de Rostow, Lewis, Schumpeter y la sociología de Parsons, Merton y Mannheim, por aquellos años, leídos con el rótulo peyorativo de estructural funcionalistas. Ahora bien, una vez implantado el neoliberalismo, la crítica a Cepal realizada desde la izquierda por sus mas acérrimos contrincantes se esfumó convirtiéndose en defensores velados de sus principios. Los años ochenta miraron con nostalgia los sesenta. Friedman y Hayek terminaron por hacer de Keynes un santo. En América latina lo dicho tenía la siguiente lectura. Los gobiernos modernizadores apoyados en las propuestas de CEPAL eran progresistas y defensores de la conciencia latinoamericana. Mas aún cuando algunos de sus discípulos cruzaron la raya del neoliberalismo, mientras Prebisch en un acto de honestidad intelectual de alta talla reconocía en su última obra, que sus postulados no tenían solución dentro del capitalismo periférico, lo cual irritó aun mas a sus viejos compañeros de viaje. Así, su saber fue revalorizado por la izquierda teórica del continente. Lo cual no es óbice para tener claro cual fue su posición en el debate ni olvidarnos de considerar el significado político de su obra y el lugar que ocupa su pensamiento entre los clásicos latinoamericanos.
Hoy el giro a la izquierda en América latina tiene un tinte similar. Se enfrascan en un falso debate. Las dictaduras de los ochenta, se dijo, hicieron buenas las propuestas de CEPAL. Pero el debate era otro: ¿socialismo o capitalismo? No capitalismo con rostro humano o salvaje. La cuestión no es Keynes o Hayek. Ambos responden a la lógica del capitalismo. Tampoco se trata de contestar si el neoliberalismo hizo bueno las propuestas de CEPAL. En el llamado giro a la izquierda de los gobiernos progresistas en Argentina, Chile, Brasil y Uruguay se interpreta que su gestión del neoliberalismo y las reformas neo-oligárquicas tienen un perfil social. Pero el giro a la izquierda debería ser otro. Se trataría de principios, no de gobernar el neoliberalismo. Por ello no hay giro, si la consolidación de una socialdemocracia emergente en los años ochenta que para colmo no cree en la representación social de la democracia, por ello solo puede declamarse progresista, tolerante y liberal, gracias a ella el capitalismo tiene en ella una gran defensora.
