Cualquier instancia que se abra para conversar sobre un salario ético, debe tener como punto de partida la restauración de los derechos de los trabajadores que existían antes del golpe militar. Los que allí participen, deben tener claro que este punto debe ser el primero y último de la tabla. Es el código del trabajo el que no es ético. La legislación laboral actual, esa espuria letra llena de borrones y manchas, no ha podido disimular – a pesar de los desvelos concertacionistas – su favoritismo hacia una de las partes involucradas en las relaciones laborales: los patrones.
Las leyes que rigen el contrato de trabajo son el medio por el cual el salario de un trabajador ha devenido en un salario no ético. De modo que si el medio, que es la ley, no es ética, lo que regule esta, quedará regulado no éticamente, será el vicio original que se reflejará en un salario vicioso, en un fin no ético.
Este salario no ético, es además indigno y miserable, al punto que resulta casi imposible, ya que se maneja en el límite de la sobre-vivencia de una parte de los individuos de la especie humana llamada trabajadores. Esa es la razón por la cual los hombres de mirada más profunda, advirtiendo el peligro para la estabilidad social que esto implica, han convocado a una mesa de discusión, en que predomina la idea de que esta situación puede cambiar apelando a la buena voluntad de los hombres-patrones y en el mejor de los casos, en aumentar los impuestos para mitigar los efectos de inequidad que afectan en virtud de las reglas del juego laboral a los hombres- trabajadores.
Al presidente de los trabajadores le ha parecido improcedente asistir a una mesa de esa índole, puesto que no está en discusión la causa que provoca el fenómeno. Es gratificante ver lucidez en el líder de los trabajadores que ha expresado claramente que es el modelo capitalista salvaje el que ha creado pobreza e inequidad.
Tal modelo, ha sido patrocinado y perfeccionado en su perversión por los gobiernos de la Concertación. De modo que es inútil pensar o creer que de esta mesa de diálogo convocada por el gobierno, saldrá una sola palabra que apunte hacia la restauración de los derechos de los trabajadores. El debate seguramente girará en cuanto dinero el Estado está dispuesto a gastar en medidas paliativas o en cuanto los privilegiados por la ley, es decir los empleadores, estarán dispuestos voluntariamente a aumentar los salarios, pero en ningún caso el debate se centrará en devolver los derechos que se han ilegítimamente expropiado a los trabajadores.
También se justificará el presente estado de cosas, diciendo como ya hemos escuchado, que este ha posibilitado el crecimiento de la economía y la acumulación de riqueza que se manifiesta en los positivos índices macroeconómicos. A la cresta los índices macroeconómicos, a la cresta la acumulación de riqueza, aquí o comen todos o no come nadie. Esa es la lectura de la sabia ley salomónica.
Que sentido tienen los acuerdos de libre comercio y las garantías que da un pacífico país para la inversión extranjera. Todo eso a la cresta si es que el pueblo de Chile está marginado del goce de sus frutos. De qué nos sirve tener llenas las despensas de bienes y servicios, si estas están con llave. Y la llave sabemos bien, es el dinero con que contamos o no contamos.
Las jornadas de protesta que se avecinan, serán una oportunidad para el encuentro de los afectados, para una toma de razón de la sociedad chilena. Aquí se ha estirado demasiado la cuerda y ahora es el momento adecuado para mostrar a todo el mundo esta situación de injusticia, es el momento para que renazca el fervor sindical, formando las asambleas que sean necesarias, haciendo acopio de redes de apoyo y unidad, puesto que la clase trabajadora ha sido atomizada y hoy es el momento de recuperarse en una gran macromolécula que tenga algo que decir en el cuerpo social de nuestro país.
Este salario no ético, es además indigno y miserable, al punto que resulta casi imposible, ya que se maneja en el límite de la sobre-vivencia de una parte de los individuos de la especie humana llamada trabajadores. Esa es la razón por la cual los hombres de mirada más profunda, advirtiendo el peligro para la estabilidad social que esto implica, han convocado a una mesa de discusión, en que predomina la idea de que esta situación puede cambiar apelando a la buena voluntad de los hombres-patrones y en el mejor de los casos, en aumentar los impuestos para mitigar los efectos de inequidad que afectan en virtud de las reglas del juego laboral a los hombres- trabajadores.
Al presidente de los trabajadores le ha parecido improcedente asistir a una mesa de esa índole, puesto que no está en discusión la causa que provoca el fenómeno. Es gratificante ver lucidez en el líder de los trabajadores que ha expresado claramente que es el modelo capitalista salvaje el que ha creado pobreza e inequidad.
Tal modelo, ha sido patrocinado y perfeccionado en su perversión por los gobiernos de la Concertación. De modo que es inútil pensar o creer que de esta mesa de diálogo convocada por el gobierno, saldrá una sola palabra que apunte hacia la restauración de los derechos de los trabajadores. El debate seguramente girará en cuanto dinero el Estado está dispuesto a gastar en medidas paliativas o en cuanto los privilegiados por la ley, es decir los empleadores, estarán dispuestos voluntariamente a aumentar los salarios, pero en ningún caso el debate se centrará en devolver los derechos que se han ilegítimamente expropiado a los trabajadores.
También se justificará el presente estado de cosas, diciendo como ya hemos escuchado, que este ha posibilitado el crecimiento de la economía y la acumulación de riqueza que se manifiesta en los positivos índices macroeconómicos. A la cresta los índices macroeconómicos, a la cresta la acumulación de riqueza, aquí o comen todos o no come nadie. Esa es la lectura de la sabia ley salomónica.
Que sentido tienen los acuerdos de libre comercio y las garantías que da un pacífico país para la inversión extranjera. Todo eso a la cresta si es que el pueblo de Chile está marginado del goce de sus frutos. De qué nos sirve tener llenas las despensas de bienes y servicios, si estas están con llave. Y la llave sabemos bien, es el dinero con que contamos o no contamos.
Las jornadas de protesta que se avecinan, serán una oportunidad para el encuentro de los afectados, para una toma de razón de la sociedad chilena. Aquí se ha estirado demasiado la cuerda y ahora es el momento adecuado para mostrar a todo el mundo esta situación de injusticia, es el momento para que renazca el fervor sindical, formando las asambleas que sean necesarias, haciendo acopio de redes de apoyo y unidad, puesto que la clase trabajadora ha sido atomizada y hoy es el momento de recuperarse en una gran macromolécula que tenga algo que decir en el cuerpo social de nuestro país.
