Ese monopolio de la omisión, que hace que Chile se ubique en el puesto nº49 en Libertad de Prensa, no es el anhelo inocente de otorgar unos pocos la realidad más exacta, las informaciones más trascendentes. Acá lo único que prima es vender, obtener más beneficios, regalías y el beneplácito de los dueños de la economía nacional e internacional, y encima de paso, mancillar la conciencia chilena con datos irrelevantes para ocultar las reales problemáticas sociales, y mantener al vulgo distraído con cualquier estupidez que los emperadores de la información descaradamente llaman “Noticia”. Si vender sopaipillas y cebolla en escabeche otorgara las mismas ganancias económicas, sin duda esos señores rosaditos y nariz puntiaguda que encabezan las presidencias mediáticas, se cambian en un santiamén de rubro. Pero la gallina de los huevos de oro está en la información, y como ya se compraron hasta la última casa de remolienda nacional –perdón, Medios de Comunicación- sería poco prudente de su parte “dar vuelta la tortilla”.
Aquel anhelo de quedarse con el pedazo más grande de la torta, sin duda encaja dentro de la lógica del “libre mercado”. El deber ser de estos empresarios de la información, es tratar de obtener las mayores ganancias económicas posibles, y para llevar a cabo su voluntad de poder, recurrirán a todas las regalías que el sistema neoliberal y concepción de mundo chilena otorga: pleitesía y fomento de los monopolios – capaz que hasta los productos de limpieza anal los fabrica una oligarquía ¿quién sabe?- y ese respeto irracional hacia los señorcitos de apellidos vinosos, como les llamaba Vicente Huidobro. Ecce Hommo Chilensis.
Por lo general no compro mucha prensa oligárquica. Acostumbro casi siempre a echarles un vistazo a través de la Internet. Y es que no me gustan los comentaristas mercurianos, ni siquiera soporto su “Artes y Letras” –el único ejemplar que guardo es una entrevista al gran Jorge Rivera-. Esa costumbre neoliberal de mezclar los reportajes con propaganda escatológica, animal, vehicular, sexual, vegetal, medieval y/o gubernamental, me produce arcadas, mareos. Sin duda pago el descaro de mi gusto -compartido sólo por hombres superiores-, toda vez que algún intelectualoide local se vanagloria de leer “la prensa”, y peor aún, de estar “informados”, observándome como a un aprendiz campesino, por no comprar eso tan de élite, tan de “buen gusto”, tan hierático, tan de “alta porquería” – digo, “burguesía”-.
Afortunadamente existen medios “alternativos”. No les llamo así por cubrirse de amarillo y escarlata o redactar sus discursos en jerigonza, sino porque constituyen verdaderos oasis en este mar de monopolios de la estupidez. Hoy quedan poquísimos, y cada vez son menos, claro, hay que recordar que quien tipea y construye noticia no sólo vive de buenas intenciones. Eso lo entiendo yo, y estoy seguro, usted mi indiferente lector. Nos preguntamos entonces ¿Cómo subsiste cualquier Mass Media? A través del avisaje, es decir, la exhibición pagada de publicidad de privados y del Gobierno. Los particulares –generalmente emperifollados y afectados empresarios- pagan por publicitarse en la Revista, Diario, Periódico, Radio y Canal de TV que se les de la real gana. Nadie tiene derecho a obligarles a difundir su mercancía en un determinado Medio, especialmente en aquellos que llamo alternativos, cuyo público objetivo es reducido, pero con mayores luces.
Los Monopolios de la información –entre los escritos están Copesa y El Mercurio- tienen más recursos técnicos y “humanos”, por lo tanto, son los favoritos para difundir los avisajes del mundo empresarial. A estos últimos sólo les preocupa que sus avisitos se vean y que estimulen el gusto y concepción de mundo de las audiencias: que promuevan la desigualdad y crecimiento de algunos medios por sobre otros, no les mueve ningún pelo de la desplumada bisoñé. Eso está bien, ya que el instinto egoísta –componente básico de la bestia humana- y la ganancia monetaria son los únicos intereses de los regentes del sistema neoliberal. Los medios masivos oligárquicos siempre triunfan, y si el sistema no sufre mutaciones, triunfarán, en la medida que las heces que promueven en sus discursos continúen deleitando el paladar de esa enorme cantidad de lectores que siguen palabra por palabra, todo lo escrito en esos “manifiestos emanados de la hoguera del diablo”.
Sin embargo el gobierno, que tiene por cardinal misión el promover, defender y garantizar la libertad de información, y por lo tanto de prensa, se comporta y conduce como toda esa orla de bestias carnívoras. No sólo menosprecia la ardua labor realizada por una gran cantidad de periodistas que trabajan en Medios Alternativos, tanto en Santiago como en regiones, sino que se pone del bando de los monopolios, pagando a éstos para que publiquen su publicidad –concursos públicos, licitaciones, resultados de postulaciones a subsidios, etc.- sin siquiera tomar en cuenta a otros medios fuera de TVN, Canal 13, Megavisión, Chilevisión, El Mercurio y Copesa.
Una comisión especial Investigadora sobre avisaje del Estado conformada por los miembros de la Cámara de Diputados María Angélica Cristi, Marco Enríquez-Ominami (Presidente), Alberto Cardemil, Marcelo Díaz, Julio Dittborn, Andrés Egaña, Marcelo Forni, Tucapel Jiménez y Alejandro Sule, han propuesto que el Gobierno envíe al Congreso Nacional un proyecto de Ley que regule la publicidad oficial de los órganos de la Administración del Estado, incluidas las empresas públicas y las Municipalidades. Esto, luego de que la comisión analizara la inexistencia casi absoluta de publicidad gubernamental en Medios Alternativos. La comisión escuchó “con atención” el testimonio de varios entrevistados, entre los que se cuentan el gerente del diario “El Día”, Ricardo Puga; el director del diario “El Observador”, Roberto Silva; el presidente del Colegio de Periodistas de Chile, Luís Conejeros; y el Ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber.
Es bastante interesante el documento elaborado por esta comisión. Primero, porque se puede leer detalladamente la postura de los diversos “escuchados”, desde los insignificantes –miembros de la oligarquía gubernamental- hasta los que poseen un pensamiento real y crítico, y segundo, porque sin duda –aún cuando todavía estamos en puras buenas intenciones– se trata de la primera luz de un paso adelante en lo que se refiere a libertad de prensa.
Se transforma en una hilarante faena leer este documento que tuve la oportunidad de revisar “superficialmente” –toda vez que por mis manos pasa un “ente” emanado del gobierno, presto mayor atención a Zoltan Kodaly o Paul Hindemith-. Por ejemplo, me agradó lo espetado por Weber: “si se tiene que difundir, por ejemplo, que se ha cumplido la meta de la ficha de protección social, destinada principalmente a los sectores más pobres, tal aviso saldrá en un medio que tenga correspondencia con la gente a la cual está destinado el mensaje. Por ejemplo, ayer, en el diario La Cuarta, apareció un mensaje sobre esta ficha de protección social. Si se hubiera publicado en El Mercurio, el destinatario habría sido el equivocado”.Claro, lo populachero del populacho, y estamos todos conformes. Ecce Hommo Chilensis.
Los monopolios de la información son el máximo atentado contra la integridad moral e intelectual de toda una nación. Con un vulgo que apenas sabe leer o sumar –para eso está la TV, la Computación y la Calculadora- esa concentración de los medios, que gracias al neoliberalismo y el castigo para todo aquel que critica y discute, no hace más que enlodar la cada vez más mala conciencia chilena. Y la caridad ni siquiera comienza en casa ¿Por qué condenar a las grandes empresas de la información, cuya verdad es pura chocarrería, si el mismo Gobierno promueve la desigualdad?
Ese proyecto de ley espero que no se quede sólo en eso –no sería el primero que se apolilla en las suntuosas salas del congreso-. Mientras tanto, nosotros los que conocemos, seguiremos describiendo el mundo de acuerdo a nuestra creatividad e inconmensurable pasión, esperando –como siempre digo- que los martillos se desarmen y que esos horribles y chatísimos clavos, se conviertan en taladros eléctricos.
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