Lima.- La situación de caos e inseguridad en la región sureña de Ica, afectada por un terremoto, evidencia, según diversas críticas, la precariedad del Estado peruano, bajo la política neoliberal iniciada en la década pasada. Las reflexiones se suman al señalamiento de eventuales responsabilidades directas que se imputan al gobierno en la falta de eficiencia ante la catástrofe, sobre todo en la distribución de alimentos y agua para los sobrevivientes. Las carencias se expresaron en la falta de medios y reservas para una pronta asistencia a los damnificados, así como en la mantención de las comunicaciones.
El analista Santiago Pedraglio dice que en las críticas al Estado por la improvisación ante la catástrofe resaltan la importancia de su fortalecimiento, lo que va más allá de la interpelación al gobierno que, dentro de lo posible -afirma- reaccionó con prontitud.
“La falta de un sistema gubernamental descentralizado, que responda a los angustiosos apremios de la población organizando una rápida y eficiente distribución de la ayuda, es un reflejo de la debilidad del Estado”, subraya.
A ello se debe, anota, que los esfuerzos sean sobrepasados por la magnitud de la catástrofe.
El comentarista Raúl Winer señala que la situación ha rebasado la capacidad del Estado para organizar un sistema de asistencia y apoyo a los damnificados, pese a que la zona afectada se encuentra en Ica, a sólo 300 kilómetros de aquí y cuenta con un aeropuerto y un puerto.
Señala que tal situación demuestra que la política de alianza entre el Estado y las grandes empresas, no sirve para forjar regiones más sólidas y viables, alusión al hecho de que Ica es el emblema de la agroindustria exitosa de exportación, como expresión de esa unión.
Peor aún, agrega Wiener, ese esquema tampoco es útil para enfrentar duras emergencias como la presente.
El veterano periodista César Lévano, director del diario opositor La Primera, señala que los damnificados del sismo sufren una segunda tragedia: “el caos, la desorganización, la inexistencia de reservas alimentarias, la endeblez de un Estado cada vez más alejado de sus deberes”, apunta.
Agrega que Perú, territorio sísmico, es uno de los pocos estados que no tiene reservas de víveres no perecibles para situaciones de emergencia, y recuerda que los incas, antiguos pobladores de estas tierras, contaban con una red organizada de tambos (almacenes de víveres).
El columnista del diario La República Mirko Lauer, cercano al oficialismo, señala que el gobierno se ha movilizado casi de inmediato ante la emergencia, “pero solo para descubrir serias limitaciones en sus recursos logísticos, empezando por la poca capacidad para ordenar el espacio público convulsionado”.
Lauer considera previsible que haya repercusiones políticas y sociales de la catástrofe y de la reconstrucción, que se pueden extender por el resto del año.
