Es curioso como la tele infla pelotas rotas en una singular y unánime cacofonía: hace unos días los demócratas aspirantes a la Casa Blanca participaron en un debate televisivo calificado de “revolucionario” por medios que de revoluciones entienden un puñao. ¿En que consistió la novedad? En que las preguntas no fueron formuladas por periodistas sino por ciudadanos de a pié a través de una virguería de Internet llamada YouTube. ¿Guatisdís? Simple: cada preguntón grabó su pregunta en un video que envió a la CNN a través del sitio web YouTube.
Ya puestos, las últimas elecciones presidenciales francesas fueron la ocasión para darle la palabra al respetable público que, en este caso, estaba de cuerpo presente en el plató de la tele. Desde luego los postulantes sobraban y la cadena televisiva los seleccionó utilizando criterios muy suyos. CNN asegura haber recibido más de dos mil trescientos videos con preguntas, de las cuales se formularon en vivo y en directo unas veinte. En otras palabras CNN seleccionó los videos recibidos según un criterio que nadie se dio la pena de explicar. Visto así…¿Donde está la novedad? Si uno va al fondo del asunto, la picotera novedad es la publicidad que se hacen YouTube y CNN por estar “tan en la onda”. También pudo ser revolucionario en su día hacer las preguntas vía telégrafo, o enviando un cassette video, o por medio de una telecopia, o llamando desde un celular, o mediante un correo electrónico, o a través de un visiófono o, vaya uno a saber, por medio de señales de humo en el caso de los pieles rojas, o de tam-tams o del “teléfono árabe” si se tratase de una elección africana.
Quienes presenciaron los debates de la elección francesa se quejaron de la falta de profesionalismo de quienes interrogaron a los candidatos visto que sus preguntas se concentraron en problemas personales. “Estoy sin pega, el seguro de cesantía no me paga, ¿qué cuenta hacer Ud para ayudarme?”. El personal aprecia la candidez de tales preguntas y se dice que por una vez que le dan la palabra el tipo no va a preguntar sobre la conservación del permafrost en el ártico, ¡No te jode! Uno, que siempre busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias, se dice que la verdadera novedad consistiría precisamente en devolverle la palabra al pueblo, al ciudadano, al chato o chata sin voz, al que solo aguanta y paga servicios privatizados de dudosa calidad y ve las políticas públicas limitarse al ejercicio de una caridad focalizada que antaño se suponía formar parte de las tareas libremente aceptadas por las hermanitas del mismo nombre (caridad, digo). Por eso cobra importancia la selección de los participantes y sobretodo la selección de las preguntas que estos hacen, para lo cual la tele del cuento define su propio padrón de lo que estima interesante o pertinente y lo presenta como la realización de la democracia en la tierra. En Francia, como en los EEUU, como en Chile, la tele y la prensa están en manos de grupos financieros que se pasan la democracia por las amígdalas del sur en nombre del mercado. Los noticieros de cada día desmienten hasta la saciedad la pretendida diversidad y la libre competencia visto que presentan los mismos temas mal tratados en modo similar, y la única diferencia es el orden en el que te hacen tragar el mismo combo indigesto de pseudo novedades con las que tapan la realidad que viven millones de ciudadanos. John Rosa, decano de la Academia Militar – sitio en el que se efectuó el debate yanqui -, asegura que su formato no tiene precedente. “La tecnología está cambiando la forma de hacer historia y, desde luego, la forma de elegir a nuestros candidatos”, dijo. Por alguna razón recordé la frase de Tocqueville: “Se consolan de estar bajo tutela creyendo que ellos mismos eligieron a sus tutores”.
Pobre John Rosa que cree estar inventando la rueda…
