Con un ojo caído, aspecto monstruoso, apariencia sucia, soez de palabras y de actos, mezquino, soplón, torturador, criminal, verdugo, violador de mujeres, ese es el “Guatón Romo”. Durante 1974 y 1975 entre los prisioneros políticos de los diversos centros clandestinos de tortura de la DINA, se escuchaba incesantemente el nombre del Guatón Romo, como el agente civil que buscaba en las casas y lugares de trabajo, a las personas.
El, junto al grupo de agentes, comandado por Miguel Krassnoff Marchenko, alias “Miguel”, tenían por misión destruir y aniquilar a los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Centenares de hombres y mujeres fueron identificados por Romo, quien, por su pasado de dirigente poblacional estrechó vínculos con los jóvenes idealistas que luchaban por construir un mundo más justo.
Romo fue detenido luego del golpe militar. Llevado a las celdas de incomunicados de la Policía de Investigaciones, donde permaneció hasta diciembre de ese año. Al ser liberado, y por sus características de figurar, de ser reconocido, y dueño de una memoria notable, pasa a formar parte de los servicios represivos en formación. Krassnoff es quien lo contacta y le encomienda la misión de detener a todos aquellos miristas con que él se relacionó durante el proceso de la Unidad Popular. Bajo el mando de Miguel Krassnoff, y reconociendo que en cada entrega de una persona, tenía ciertas prebendas de reconocimiento, económicas y de poder procedió su macabro trabajo.
Transformado en un agente, inicia su accionar en los primeros meses de 1974. Fueron detenidos jóvenes de la comuna de Ñuñoa, que conocían al Guatón Romo. No sólo se dedica a contar la historia militante de cada persona, sino además comienza a golpear, a “parrillar”, a manosear, a violar mujeres. Se transforma en el torturador que quita la venda de los prisioneros y se presenta con su nombre ante la mayoría, jactándose de su pasado de dirigente, y reverenciando a la cúpula de la DINA con sus aciertos, con los golpes represivos, y, constituyéndose en el principal verdugo y juez de quienes permanecían allí. Desaparecen, por la participación de Romo, bajo la dirección de Krassnoff más de 250 militantes: hombres y mujeres, cuya edad promedio es inferior a los 22 años.
En noviembre de 1975, las constantes denuncias en los tribunales le hacen sentir miedo, terror y se siente amenazado, y la DINA decide trasladarlo a Brasil, otorgándole ciertas facilidades como dinero y pasaportes para su familia. Logra ocultarse por casi 20 años.
El Guatón Romo es responsable de la mayoría de las detenciones y desapariciones de la llamada Operación Colombo: Las listas de los 119.
Durante el juicio Chanfreau, entre 1991 a 1994 la Ministra Gloria Olivares logra dar con su paradero, y es traído a Chile. Por primera vez, en forma masiva, cientos de sobrevivientes de la tortura pueden carearse con los agentes de la DINA , quienes se presentaban ante los Tribunales de Justicia custodiados por equipos de abogados y guardaespaldas que el Ejército o Carabineros les aportaba.
Nunca negó su condición de agente. Lo gritó a la Policía de Investigaciones y al mundo entero frente a las cámaras de televisión, como no negó su condición de torturador. Desde allí comenzó su paso por Tribunales, siendo acusado de desapariciones, de torturas, de complicidad. Jamás dio pistas sobre el paradero de los detenidos desaparecidos.
Los militares del Ejército adscritos a la DINA , jamás lo aceptaron como uno de ellos.
Vivió encarcelado. Y vivió maldiciendo a los sobrevivientes de tortura, diciendo que “deberíamos haberlos matado a todos”.
CODEPU se hace parte del dolor de todos los familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados, de todos los sobrevivientes de tortura que fueron perseguidos, torturados, desaparecidos y asesinados por este criminal, miembro de la DINA.
Nos invade la insatisfacción de que este criminal no haya pagado por todos sus crímenes.
Vivian Uribe Tamblay
Romo fue detenido luego del golpe militar. Llevado a las celdas de incomunicados de la Policía de Investigaciones, donde permaneció hasta diciembre de ese año. Al ser liberado, y por sus características de figurar, de ser reconocido, y dueño de una memoria notable, pasa a formar parte de los servicios represivos en formación. Krassnoff es quien lo contacta y le encomienda la misión de detener a todos aquellos miristas con que él se relacionó durante el proceso de la Unidad Popular. Bajo el mando de Miguel Krassnoff, y reconociendo que en cada entrega de una persona, tenía ciertas prebendas de reconocimiento, económicas y de poder procedió su macabro trabajo.
Transformado en un agente, inicia su accionar en los primeros meses de 1974. Fueron detenidos jóvenes de la comuna de Ñuñoa, que conocían al Guatón Romo. No sólo se dedica a contar la historia militante de cada persona, sino además comienza a golpear, a “parrillar”, a manosear, a violar mujeres. Se transforma en el torturador que quita la venda de los prisioneros y se presenta con su nombre ante la mayoría, jactándose de su pasado de dirigente, y reverenciando a la cúpula de la DINA con sus aciertos, con los golpes represivos, y, constituyéndose en el principal verdugo y juez de quienes permanecían allí. Desaparecen, por la participación de Romo, bajo la dirección de Krassnoff más de 250 militantes: hombres y mujeres, cuya edad promedio es inferior a los 22 años.
En noviembre de 1975, las constantes denuncias en los tribunales le hacen sentir miedo, terror y se siente amenazado, y la DINA decide trasladarlo a Brasil, otorgándole ciertas facilidades como dinero y pasaportes para su familia. Logra ocultarse por casi 20 años.
El Guatón Romo es responsable de la mayoría de las detenciones y desapariciones de la llamada Operación Colombo: Las listas de los 119.
Durante el juicio Chanfreau, entre 1991 a 1994 la Ministra Gloria Olivares logra dar con su paradero, y es traído a Chile. Por primera vez, en forma masiva, cientos de sobrevivientes de la tortura pueden carearse con los agentes de la DINA , quienes se presentaban ante los Tribunales de Justicia custodiados por equipos de abogados y guardaespaldas que el Ejército o Carabineros les aportaba.
Nunca negó su condición de agente. Lo gritó a la Policía de Investigaciones y al mundo entero frente a las cámaras de televisión, como no negó su condición de torturador. Desde allí comenzó su paso por Tribunales, siendo acusado de desapariciones, de torturas, de complicidad. Jamás dio pistas sobre el paradero de los detenidos desaparecidos.
Los militares del Ejército adscritos a la DINA , jamás lo aceptaron como uno de ellos.
Vivió encarcelado. Y vivió maldiciendo a los sobrevivientes de tortura, diciendo que “deberíamos haberlos matado a todos”.
CODEPU se hace parte del dolor de todos los familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados, de todos los sobrevivientes de tortura que fueron perseguidos, torturados, desaparecidos y asesinados por este criminal, miembro de la DINA.
Nos invade la insatisfacción de que este criminal no haya pagado por todos sus crímenes.
Vivian Uribe Tamblay
Codepu
