No es un video de Osama Bin Laden, ni de otro terrorista internacional. Es la declaración de rebeldía de un fugitivo nacido en una geografía igualmente montañosa que su defensa jurídica interpreta como un signo de una reacción “comando”. Una figura más, de los insignes y oscuros personajes comparables al de Pinochet, Manuel Contreras o Pedro Espinoza. ¿Un acto de valentía?
La situación, propia de documental que bien podría ser de algún otro huidizo de la justicia como Joseph Mengele o Adolf Eichman, que en su tiempo se evadieron a la Argentina para escapar de sus condenas por sus crímenes en el régimen Nazi, puede ser otro ejemplo de una rata que escapa, pero nunca va defenderse de sus captores, tal como lo demostró Pinochet cuando buscó hasta sus últimos días un subterfugio para no pagar sus deudas con los tribunales.
Ni para el Golpe, ni para en el atentado del 86, ni para su detención en Londres el máximo héroe de los criminales chilenos disparó una bala: ¿Es el momento, ahora, de la reivindicación armada de los ángeles de la muerte chilensis?
Pareciera que no. Porque el método de toda figura de esta especie es el abuso de poder, la violación, de un organismo, un grupo, o un individuo en contra de otros que están indefensos de un Estado que usa todo lo que tiene para hacerlos desaparecer o torturar a los que piensan diferente o simplemente son un obstáculo para su ambición.
Por ello las palabras del abogado de Iturriaga Newman buscan resaltar la imagen de alguien que escapa, para crear adeptos o tal vez despertar el resentimiento de otras personas que se sienten mal por el ajusticiamiento de estos “héroes de la patria”.
“Un comando es capaz de luchar contra todo un sistema y enfrentarse a toda una circunstancia con el objeto de imponer su derecho a obtener los resultados que busca. Un comando es una persona muy valiente, pero no quiero pensar que el general Iturriaga vaya a ser capaz de enfrentarse a la policía que lo vaya a detener, y que oponga resistencia”, declaró.
Esta reivindicación de los ángeles de la muerte chilensis, es uno más de los códigos que hacen recordar que este tipo de personas nacen, abusan y escapan en cualquier parte del mundo. Aparecen de repente, en cualquier país, como un virus escondido, esperan que el río se empiece a secar, a veces otra gente, con fines económicos o con sed de poder les hace el trabajo “limpio” de desestabilizar el hábitat. Pero cuando los vemos, es cuando el río se secó y ya es demasiado tarde.
Ni para el Golpe, ni para en el atentado del 86, ni para su detención en Londres el máximo héroe de los criminales chilenos disparó una bala: ¿Es el momento, ahora, de la reivindicación armada de los ángeles de la muerte chilensis?
Pareciera que no. Porque el método de toda figura de esta especie es el abuso de poder, la violación, de un organismo, un grupo, o un individuo en contra de otros que están indefensos de un Estado que usa todo lo que tiene para hacerlos desaparecer o torturar a los que piensan diferente o simplemente son un obstáculo para su ambición.
Por ello las palabras del abogado de Iturriaga Newman buscan resaltar la imagen de alguien que escapa, para crear adeptos o tal vez despertar el resentimiento de otras personas que se sienten mal por el ajusticiamiento de estos “héroes de la patria”.
“Un comando es capaz de luchar contra todo un sistema y enfrentarse a toda una circunstancia con el objeto de imponer su derecho a obtener los resultados que busca. Un comando es una persona muy valiente, pero no quiero pensar que el general Iturriaga vaya a ser capaz de enfrentarse a la policía que lo vaya a detener, y que oponga resistencia”, declaró.
Esta reivindicación de los ángeles de la muerte chilensis, es uno más de los códigos que hacen recordar que este tipo de personas nacen, abusan y escapan en cualquier parte del mundo. Aparecen de repente, en cualquier país, como un virus escondido, esperan que el río se empiece a secar, a veces otra gente, con fines económicos o con sed de poder les hace el trabajo “limpio” de desestabilizar el hábitat. Pero cuando los vemos, es cuando el río se secó y ya es demasiado tarde.
