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Agosto 18, 2026

En plena temporada desechable

ALTA CULTURA: ALTERAR, INNOVAR, TRANSFORMAR.

BAJACULTURA : REPETICIÓN, CLONACIÓN, DUPLICACIÓN.

En los comienzos de este siglo y próximos a concluir su primera década, la “Teoría de lo Desechable” aún se mantiene en pie. El mundo es comandado por el país más prescindible del orbe, las religiones sus pontífices y reverendos piden perdón por los holocaustos provocados e intentan pintar una vieja cara estucada de pecados y farsas.

El ser humano también es parte de esta moda de hecho puede cambiar su físico si lo desea y reírse del tiempo con solo un toque de bisturí, lo peor es que también puede cambiar su alma, pero no necesariamente para realizar una mejor vida, sino que para el mejor postor, todo dentro de un Globo que no pedimos viniera en rescate de nada y que ni siquiera la Cultura y Arte –con Mayúsculas- han escapado del designio.

El tema de la ALTA y la baja cultura, a través de los siglos, ha dado para todo.

 

Desde Grecia o quizás antes o después, tengo la duda si en la ciudad Helénica hubo o no baja cultura, en Roma no cabe vacilación, es la misma que hoy reina con corona de espinas y toga de estiércol, si incluso en nuestro emblema patrio en vez de proclamar la famosa frase “Por la Razón o la Fuerza” debería denunciar “Pan y Circo”.

 

En los comienzos de este siglo y próximos a concluir su primera década, la “Teoría de lo Desechable” aún se mantiene en pie. El mundo es comandado por el país más prescindible del orbe, las religiones sus pontífices y reverendos piden perdón por los holocaustos provocados e intentan pintar una vieja cara estucada de pecados y farsas.

El ser humano también es parte de esta moda, de hecho puede cambiar su físico si lo desea y reírse del tiempo con solo un toque de bisturí, lo peor es que también puede cambiar su alma, pero no necesariamente para trasformar la vida en algo deseable, sino que para el mejor postor, todo dentro de un “Globo” que no pedimos viniera en rescate de nada y que ni siquiera la Cultura y el Arte –con Mayúsculas- han escapado del designio.

 

Pero en realidad esta no es una memoria, ni pretende ser un ensayo de nada, para eso se necesita un estudio acabado, una mirada de lince a lo percibido, investigado y sus respectivas conclusiones o lisa y llanamente tener por lo menos la mitad de todas las neuronas que tenía Jorge Luís Borges, cosa de lo que estoy demasiado lejano.

 

La idea es solo centrarse o detenerse en solo una imagen alumbrada por una vela en un candelabro que está en el patio de tu casa, en un junio cualquiera de vientos huracanados y que por lo mismo es casi nula su lumbre. Pero dije casi nula, por lo que algo puede iluminarnos esta ociosa premisa.

 

Prefiero hablar de lo que regularmente puedo manejar cierta información, que más tarde no me produzca pisarme la cola. Hago hincapié que solo es una indicio o una deducción de lo que “realmente” puede ser. Tal como decía Foucault “Una interpretación de un individuo ante un hecho que ocurre” quizá una presunción salida del universo de la simulación de Baudrillear.

 

Vamos al grano

 

En la época de la dictadura, la Alta Cultura se circunscribía a todos aquellos que se vinculaban al gobierno militar y que aceptaban y escondían las atrocidades del régimen. Las características básicas de la Alta Cultura por esos años era que justamente no existía en el plano real –si es que algo puede llegar a ser real- , sino que era una baja cultura camuflada.

 

Programas de televisión maratónicos los fines de semana, fútbol empobrecido pero que a veces obtenía resultados, repetición de cantantes en estelares conducidos por  los dos o tres únicos animadores que al parecer existían en la década del ochenta, caras bonitas que participaron del concurso Miss Universo y que ahora acompañaban viejos rostros apernados en la lectura de noticias en las ediciones centrales y más.

 

Pero, y a pesar que todavía quedan esos personajes dando vueltas por la pantalla y la escenografía nacional, y de hecho la siguen dominando, para favor nuestro la dictadura murió y la Alta Cultura que tenía secuestrada, torturada y exiliada renació y aunque se cultiva solo en algunos círculos, por lo menos ya no hay que esconderse como los cristianos ante la amenaza romana,

 

Afloraron los artistas y los poetas, reaparecieron los nombres que siempre estuvieron, pero ahora podían escribir libremente o por lo menos intentarlo, pues sabido es en lo que se ha transformado el mercado de las editoriales, no todas pero la gran mayoría.

 

Parra, Lihn, Teillier, Bolaño,  por nombrar algunos. Si bien los tres anteriores eran conocidos, había un manto sobre ellos, de hecho solo el poeta de Las Cruces pudo obtener el Nacional de Literatura y lógicamente que antes de la dictadura. Linh y Teillier se fueron del mundo sin saber de reconocimiento institucionales.

 

Pero y que es eso de la Alta y baja cultura?

 

Para poder responder dicha interrogante rememoro la última visita del notable escritor argentino César Aira, quien ante un abarrotado salón del Café Literario, primero se refirió a las sesiones esotéricas del poeta portugués Fernando Pessoa y luego sobre distintos temas de la intelectualidad.

 

“Siempre me he adscrito a la Alta Cultura… La diferencia entre Alta Cultura y baja cultura es que esta última sobrevive gracias a la duplicación, gracias a la redundancia, en cambio la Alta Cultura es la innovación”.

 

Se podría decir que la baja cultura hace un llamado con antena repetidora a sus “idiotas clientes” con mensajes hipnóticos que ya han sido probados y  como diría algún personaje de una tira de comics, “archirecontraprovados” en la captación de placer del pueblo o teleaudiencia caracterizada por una fácil entrega de sus predilecciones.

 

Aquí cabrían todos aquellos personajes que aparecen en la cajita feliz de la televisión o todos aquellos “artistas” que se hacen llamar de esta forma por políticos o distinguidas familias de alcurnia que gozan del arte sentados en las galerías aposentadas en enclaves difícil llegada para cualquier personaje que no pertenezca a sus cunas.

Escritores que son best seller vendiendo mil ejemplares, de los cuales quinientos fueron comprados por alguna entidad de gobierno o artistas que si bien venden de verdad, este hecho no es un indicador que su escritura, pintura, escultura o arte cualquiera que practique, los señale como genios

 

En cambio la ALTA CULTURA, busca en el mundo de las ideas lo nuevo, los cuatro puntos cardinales contenidos en solo uno, lo transformador… es por eso lo de un ojo bien educado, lo de poder reconocer un genio de un oportunista.

El oportunista solo busca un momento – porque antes ya lo ha visto- para estar en el lugar preciso y a la hora exacta. En cambio el genio no necesita del tiempo para poder ni siquiera descollar – no es su intención- si no que encontrar un nuevo lenguaje que será un nuevo camino que, lamentablemente tarde o temprano llegará a convertirse en baja cultura, quizá por eso, y mucho antes que nosotros Rimbaud se desilusionó del arte y lo dejó varado como barco fantasma en puerto perdido.

 

Ante tanto mensaje estúpido y de insípido contenido en la televisión, en los diarios, periódicos, revistas, programas de radios, noticiarios y cuanta cápsula se nos venga a la cabeza, ideas banales que provienen de una docta, quizá solo nos quede la posibilidad de al igual que Kafka, metamorfosearse todos los días, reinventarse frente al espejo hasta llegar al grado de no reconocerse y revolcarnos con nuestros propios egos, vanidades, genialidades y espíritus para intentar no ser el que antes era, solo con el convencimiento de una revolución diaria frente a nuestras propias ideas podremos generar aires de cambio y agotaremos la fanática y fascista idea del fin de las utopías y la creación.

 

Siempre y cuando tengamos un invariable radier de alma y una línea ética que no nos lleve al desparramo inútil de las ideas, creyendo ser alternativos, solo por el hecho de proliferar rarezas, cuando solo alcanza para altervendidos.