Es sorprendente y a la vez doloroso lo que está aconteciendo en el devenir de los hechos políticos en Chile. Ya nadie entiende nada, y el desprestigio que se ha apoderado en la opinión pública de esta otrora noble actividad daña los cimientos más profundos de nuestra alicaída democracia, que ha debido sobrevivir tenazmente, después de una dictadura atroz que la sepultó por espacio de 17 años.
Los jóvenes de nuestra Patria, miran con pavor como los políticos chilenos destruyen los valores más importantes de la función pública, como lo son, la probidad, la consecuencia, honestidad y el respeto por quienes les brindaron la oportunidad de estar ahí. Ojalá, que pronto, antes de que sea demasiado tarde, los que actúan permanentemente así, recapaciten y hagan de esta actividad, una función destinada a SERVIR y no a SERVIRSE de ella, para que nuevas generaciones honestas y sinceras, tengan algún día interés en participar en ella. ¡Ruego en Dios, los ilumine!
