En nuestra patria la dignidad obrera se calcula -aunque suene un poquito irreverente- con la vista fija en las ventajas, en la preservación del modelo, en la chequera y en el fajo; en tanto que ni los “representantes”, ni la moral dominante hacen nada por levantar la dignidad de los “de más abajo”. ¡Feliz Día del Trabajo!
Para no caer en conductas inadaptadas hay que ajustarse -dicen los expertos- al modelo de vida aceptando sus reglas de exclusión y consumismo a destajo; es decir tomando a la persona humana como un medio, como mercancía, como clientela, como un atajo. ¡Feliz Día del Trabajo!
El derecho obrero en nuestra república no es más que promesa electoral que se entona de tanto en tanto al ritmo monocorde de un farandulero contrabajo; después del voto volvemos a constatar que la prédica ha valido -salvo honrosas excepciones- limpiamente un hongo o un carajo. ¡Feliz Día del Trabajo!
Por lo dicho nos preguntamos con Alberto Hurtado si nos calza bien el traje de “cristianos”; o dicho de otro modo: ¿Cuánto nos hemos alejado de los valores que el Obrero de Nazaret nos trajo? Con Luis Recabarren en la memoria proclamamos: ¡No más injusticias contra los obreros! ¡Hay que arrancar estas formas de violencia de cuajo! ¡Hagamos posible que todos en este país puedan celebrar verdaderamente un Día feliz del Trabajo!
