Caso paradigmático de esta renovación ha sido Jaime Estévez. Luego de finalizar su periodo como diputado del PS y haber sido derrotado en sus pretensiones senatoriales por Santiago-Oriente en 1997, fue reclutado para el directorio de Provida. Gracias al gobierno de Lagos, saltó al sector público como Presidente del Banco del Estado. A fines del año 2000, el Comité Ejecutivo de éste, conformado por Mena, Colodro y el mismo Estévez, decidió otorgar un préstamo de 130 millones de dólares al Grupo Luksic. Ello le permitió al Grupo controlar la propiedad del Banco Chile, lo que sirvió para fusionarlo con el Banco Edwards, también de su propiedad. Este inusitado préstamo provocó una gran discusión nacional, con preguntas acuciantes: ¿Tenía racionalidad económica que el Banco del Estado prestara dinero a su propia competencia, favoreciendo además la concentración bancaria? ¿Tenía fundamento ético que el Banco del Estado utilizara los depósitos del sector público para apoyar al grupo económico más importante existente en Chile? ¿ Era lógico que el Banco del Estado utilizara los recursos de los más modestos ahorrantes de Chile para prestar a Luksic? ¿No es que los bancos públicos tienen por misión ayudar a las pequeñas y microempresas?
El gobierno de Lagos defendió la decisión de Estévez. También lo apoyó toda la clase política, con las excepciones manifiestas de Nelson Avila y Pablo Lorenzini. Se dijo en aquel momento que el Banco del Estado debía actuar en el sistema financiero en iguales términos que lo hacía la banca privada. El discurso oficial argumentó que era legal y legítimo financiar al Grupo Luksic. El Banco del Estado se había convertido en BancoEstado. A partir de ese momento adquirió fuerza y sentido la campaña publicitaria que había impulsado el mismo Estévez, con el cambio de nombre y logo del banco público.
Al término del gobierno de Lagos, y después de haber pasado desde el BancoEstado a Ministro de Obras Públicas, Jaime Estévez fue incorporado al directorio de Endesa en representación de las AFP. En ese momento, los opositores a las centrales hidroeléctricas en Aysén manifestaron un vigoroso cuestionamiento a su nombramiento, inquietos porque la presencia de Estévez en el directorio de Endesa podría sesgar las decisiones públicas en favor de los proyectos de esta empresa. Y, ahora, el 27 de marzo recién pasado, el mismo Estévez se unía a Hernán Bucci y Pablo Granifo como uno de los directores del Banco Chile en reemplazo de Fernando Cañas, Máximo Pacheco y Segismundo Schulin-Zeuthen.
La incorporación del ex Presidente del BancoEstado al directorio del Banco Chile no tiene nada de ilegal. Tampoco fue ilegal el préstamo que el Banco del Estado le otorgó hace siete años al grupo Luksic para que controlara el Banco Chile. Pero es incuestionable que en el ámbito ético y el político se precisa una reflexión. Y ésta comienza con una pregunta que debiera responder la clase política, la Concertación, el Parlamento y, en especial, el Partido Socialista: ¿Es ética y políticamente aceptable que Estévez aparezca en el directorio del Banco Chile, cuando en su condición de Presidente del Banco del Estado otorgara un préstamo al mismo Grupo que hoy lo incorpora a sus filas?
