Señalarlo es importante, porque durante todos los días que duró la gira ,politólogos y diplomáticos insistieron en que el rechazo al presidente estadounidense se debía a que durante su mandato había abandonado a América Latina, cuestión que nunca se planteó a nivel popular. Eso marca un distanciamiento claro con las cúpulas políticas y sobre todo económicas que son las que en realidad se benefician de la relación con Estados Unidos, aunque pidan ayuda a nombre de los pueblos.Eso indica que las mayorías entienden perfectamente que el combate a la pobreza no se gana con dádivas de potencias o de empresas transnacionales y con ello apuntan a la responsabilidad que le cabe a la clase política de los distintos países.
Bush sólo estuvo un par de minutos con algunos indígenas guatemaltecos que cargaban lechugas y levantó un par de cajones, talvez por eso su subsecretario para Asuntos Latinoamericanos Thomas Shannon formuló la siguiente declaración:”El presidente ha tenido la oportunidad de reunirse con los líderes, pero, más importante, reunirse y hablar directamente con los pueblos de la política de Estados Unidos en las Américas: una política con una agenda positiva basada en la cooperación y la colaboración”.Hay que hacer notar que ahora la diplomacia estadounidense se define como “diplomacia positiva”.
LO CONCRETO
Lo único conocido como resultado concreto del recorrido del presidente del norte por su “vecindario”,como nos llama, fue el acuerdo suscrito en Brasil con el presidente Lula para promover la producción global de biocombustibles, cuestión que para algunos es una forma de afectar los intereses de Venezuela porque implica reemplazar el petróleo por etanol. Pero eso no es a corto plazo, el etanol representa alrededor del 2 por ciento del consumo mundial de energéticos. La promoción de los biocombustibles y otras formas de energía renovable se debe a que los grupos de poder que deciden los asuntos mundiales, como el Grupo Bildelberg, el Consejo para las Relaciones Exteriores (CFR)de Estados Unidos, el Instituto Real para Asuntos Internacionales, (RIIA),de Gran Bretaña, todos relacionados entre sí, concluyeron hace ya años que hay que buscar reemplazo al petróleo porque no alcanzará para mucho tiempo.
El acuerdo entre Brasil y Estados Unidos es una instancia relacionada con la disputa por los nuevos energéticos y tiene razón Lula cuando dice que si el protocolo se cumple ”estaremos dando un cambio en la matriz energética mundial en el área de combustible para los próximos 20 o 30 años”.Pero no se trata sólo de cumplir el protocolo, sino de quien controlará ese cambio. Por de pronto Lula tendrá que admitir que no le favorece la jugarreta que le hicieron al circular por todo el mundo una fotografía en la que aparece abrazando al presidente Bush y poniéndole la cabeza en el hombro, mientras el visitante lo toma protectoramente por los hombros. Y menos lo favoreció el haber dicho a la prensa que “Yo pienso que estamos avanzando con mucha solidez para encontrar el Punto G para hacer un acuerdo”,lo que recordó las relaciones carnales que el gobierno de Ménem dijo tener con Estados Unidos.
En Uruguay no se dio lo que esperaba Washington, no hubo firma de un Tratado de Libre Comercio y el presidente Tabaré Vázquez reiteró la pertenencia de su país al MERCOSUR,al igual que lo hizo Lula, más allá del protocolo firmado. En Colombia, el presiente Uribe, aliado incondicional de Bush, fue advertido de que si no se juzga a los miembros de su partido vinculados a crímenes en complicidad con los paramilitares, el congreso podría no dar mas recursos al llamado plan Colombia, que financian los estadounidenses.
La novedad surgió en Guatemala, cuyo vicepresidente había anticipado que ”No esperamos mucho y no esperamos nada concreto porque de estas cumbres rara vez suelen salir acuerdos definidos…son para definir políticas más generales. Aunque no sería raro que (Bush) anuncie aunque sea algo”.Y así fue, cuando le preguntaron qué había de un “mini-plan Colombia” para combatir el narcotráfico, el mandatario estadounidense respondió que como se trataba de un problema regional, que afectaba a Estados Unidos, México y América Central, debía encararse también regionalmente y que se lo plantearía al presidente mexicano. Al escribir estas líneas no se dada a conocer aún el comunicado conjunto de los presidentes Bush y Calderón.
LA OTRA GIRA
Los diarios de Estados Unidos bautizaron la gira de su presidente como “gira antiChávez” y aunque Bush eludió toda referencia a su par venezolano, la percepción generalizada fue que, efectivamente, su viaje tenía por objeto contrarrestar su presencia en la región. Para eso lanzó antes de partir su raquítica propuesta de una especie de nueva Alianza para el Progreso y no se cansó de repetir en los cinco países visitados que en su gobierno la “ayuda” a América Latina había subido de 800 a mil 600 millones de dólares, cifra que no impresionó a nadie habida cuenta de lo que se llevan todos los años las empresas de su país.
