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Agosto 19, 2026

Bufones, cómicos y titiriteros*

Palta Meléndez sube al podium, simula el tono, el timbre y el ritmo de la voz del presidente Allende, detrás de su inolvidable voz paternal, varonil y serena.  Desde el pasado reciente, viene viajando la imagen del mandatario, seguida por sus gestos, su impronta, su carácter. La Quinta Vergara es sorprendida y ahora escucha en silencio, el cómico termina apropiándose del personaje y dirige su discurso. Allende habla, el imitador trabaja.

Debo admitir que sentí cierta incomodidad con la imitación del presidente Allende, creí como Lemebel que había cierta insolencia, cierta profanación. Pero rápidamente fui siendo encantado, sentí que entraba de golpe en el mundo de los mitos nacionales, se estaba escuchando el lenguaje irracional y comprensible, en que misteriosamente se daba cuenta del imaginario que posee el chileno medio, de la génesis de lo que se denomina opinión pública, en una palabra, se estaba mostrando frente a mis ojos, la vía no racional, hacia la percepción de los mitos que sustentamos.
 
No estoy seguro que el señor Meléndez esté plenamente consciente de que haya logrado lo que yo he creído haber visto. Puesto que yo he visto, en su texto, la doble lectura que nos exige los parlamentos de los cómicos en Hamlet, la función catalizadora en las brujas de Mc Beth. El Allende fantasma, me traslado de un viaje al fantasma de Canterville de Wilde. Que me perdonen los académicos, pero he sentido esa luz, que se siente, cuando se lee esas obras colosales de la literatura.
 
Un buen imitador es de algún modo un secuestrador, que es capaz de hacer decir cualquier cosa a su eventual rehén, de modo que el público que cae encantado con su artificio, cree realmente que está frente al auténtico imitado. Esa cualquier cosa que hacen decir, son lugares comunes, exageraciones de situaciones jocosas, que finalmente terminan en risas.
 
 Pero el Palta, me ha parecido que intenta algo superior, a pesar  de que su discurso es contradictorio en el sentido restringido en cuanto mítico, puesto que incluye desafortunadamente, derivaciones concretas. Confunde, distrae la comprensión, puesto que si nos sumergimos en el mundo irracional del imaginario colectivo y nos derivan a la realidad, con palabras como “concertación” o “UDI” o “ Garretón”, aún cuando sean certeras y adecuadas en el mundo real, enturbian lo que se había conquistado en el mundo mitológico de la ensoñación.
 
Rescato y pondero la frase: “p`utas que están cambiados los compañeros”, en la boca, nada menos que de Allende, eso es muy fuerte, me parece que es el eje de lo que yo he creído ver, en términos rigurosos, es la contradicción principal, es la clave de cómo se puede echar abajo un mito: el mito de que la Concertación incluidos sus 2 presidentes socialistas, de que sea verdaderamente de izquierda, y en consecuencia, legítima depositaria de sus electores izquierdistas.
 
La Concertación señor Lemebel, es lo que me tiene preocupado en estos momentos, ellos capitalizan en virtud del sistema binominal, la votación de la izquierda. Ellos han hecho la revolución capitalista o neoliberalista si se quiere, anulando la voz del pueblo en virtud de cierta paternidad nominal que ejerce en forma espuria sobre él la prepotente Concertación. De modo que aplaudo a rabiar al Palta Meléndez y lo conmino a seguir en esa senda, que por algunos segundos, dejó en silencio a la chusma llamada monstruo, que de alguna manera es una representativa muestra, a pesar de ciertas distorsiones, de lo que es el público de Chile.
 
Atte. SSS Felipe Salvatierra
 
* Comentario a la nota de Pedro Lemebel sobre la actuación del Palta Meléndez en el Festival de Viña.